Trabalibros entrevista a Luis Moya Albiol, autor de "La empatía"

lunes, 7 de julio de 2014
"La lectura en profundidad, sin prejuzgar, con el fin de enriquecerse y considerando otros puntos de vista o formas de entender el mundo, es un camino para fomentar la empatía".
El profesor titular del Departamento de Psicobiología de la Universitat de València Luis Moya Albiol es un experto en el campo de la Neurociencia. Coordina un equipo de investigación que se centra en el estudio de los aspectos psicobiológicos del estrés social, en temáticas como la agresión y la violencia, la cooperación y la empatía o los efectos del estrés crónico sobre la salud. Es doctor en Psicología y Premio Extraordinario de Doctorado por la universidad antes mencionada, donde imparte diversas asignaturas en las licenciaturas de Psicología y Crimonología.

La empatía (Luis Moya Albiol)-TrabalibrosCuenta con más de 50 publicaciones en revistas científicas y ha participado en congresos científicos de carácter internacional, comunicando numerosas aportaciones como resultado de su investigación. Es destacable su faceta de divulgador científico, ya que ha publicado artículos en prestigiosas revistas especializadas como "Mente y Cerebro" o "Science" y son habituales sus colaboraciones en periódicos (Las Provincias, ABC, El Mundo...) y en programas de radio y televisión (TVE2, RNE, Onda Cero...).

Luis Moya Albiol es autor de los los libros "Psicobiología de la Violencia" y "Abordaje terapéutico grupal en salud mental". Bruno Montano de Trabalibros ha tenido la oportunidad de hablar con él acerca del último de sus libros titulado "La empatía" (publicado por Plataforma Editorial), un texto que habla sobre un tema prácticamente inexplorado y que "basándose en recientes estudios científicos, demuestra la importancia de la empatía y ayuda a comprenderla, para poder así comprender a los demás, extendiendo sus beneficios a toda la sociedad". Le recibe en su despacho de la Facultat de Psicologia de la Universitat de València.

- Bruno Montano, Trabalibros (B.M.): Algunos consideran que el descubrimiento de las neuronas espejo es el equivalente en neurociencia al descubrimiento del ADN en biología. Parece ser que la empatía y posiblemente la moralidad se cimentan sobre el sustrato neurológico de las neuronas espejo. Eso nos hace pensar, como tú bien apuntas en tu libro, que el desarrollo de la empatía es paralelo al del juicio moral. ¿Estaríamos hablando de una posible neuroética?
 
- Luis Moya Albiol (L.M.): Las neuronas espejo son el fundamento de la empatía, ya que permiten captar las intenciones y emociones de los demás, y juegan un papel importante en el desarrollo del juicio moral. Empatía y moralidad llevan un desarrollo paralelo conforme se va conformando del cerebro, estando ambos muy marcados por la maduración de la corteza prefrontal, la parte del cerebro que nos diferencia como seres humanos y que regula el control de impulsos, el pensamiento abstracto, el comportamiento social y la moralidad. Es por ello que podríamos hablar como bien se indica de una neuroética. Pero hay también que señalar que el desarrollo de la moralidad puede tanto permitir como inhibir que seamos empáticos. Es lo que ocurre con muchos dogmas religiosos, que pueden hacer que seas muy empático con algunas personas pero no con otras. Y es así como se han llegado y se llegan a justificar hasta guerras, se discrimina y maltrata a mujeres y niñas, personas enfermas, de otras religiones o que tienen una preferencia sexual determinada o un estilo de vida que no ajusta al habitual. Nada más lejos de la empatía pero si cercano a una determinada malentendida moralidad impuesta por la asunción de unas creencias. Pero las personas muy empáticas suelen ir más allá de los dogmas.

1.Bruno Montano entrevista a Luis Moya Albiol-Trabalibros
 
- B.M.: En tus estudios sobre empatía descubriste que la empatía y la violencia son dos caras de una misma moneda, ya que comparten circuitos cerebrales similares. Esto podría significar que la estimulación de estos circuitos en una dirección debería reducir su actividad en la otra. ¿Puede entonces la empatía inhibir “biológicamente” las conductas violentas?

- L.M.: La violencia es incompatible con la empatía, ya que al empatizar tomas consciencia de la otra persona y te pones en su lugar, desde una actitud abierta y flexible, sin miedo al cambio y con disposición a mejorar. Cuanto más empático es alguien utilizará mucho menos la violencia como forma de resolver los conflictos. Por lo tanto una sociedad más empática utilizará en menor medida la violencia a la hora de resolver conflictos. Es por ello que la empatía es la otra cara de la moneda, pues la mejor forma de reducir la violencia es fomentando la empatía. Por ello analicé el “cerebro empático” llegando a la conclusión de que las partes de ese cerebro se solapan en gran medida con las del violento. La activación de esos circuitos cerebrales hacia un sentido, por ejemplo hacia la empatía, podría actuar biológicamente como inhibidor del otro, es decir, de la violencia. Esta afirmación abre muchas puertas a la investigación y a la intervención, pues nos da las claves de cómo llegar a ser sociedades más empáticas y menos violentas.
2.Bruno Montano entrevista a Luis Moya Albiol-Trabalibros
- B.M.: No todas las personas que sufren malos tratos se convierten en maltratadores, pero sí es verdad que entre las personas violentas un alto porcentaje han sido objeto de trato cruel durante su infancia y juventud. ¿Los malos tratos a menores hacen que éstos sean menos cooperativos, altruistas y empáticos?

- L.M.: No podemos hablar de empatía sin nombrar la cooperación y el altruismo. La motivación que hay a la base del altruismo es la empatía hacia el sufrimiento de los demás, por lo que ambos conceptos están fuertemente relacionados. Las personas empáticas tienen una gran disposición para ayudar a los demás, y no sólo eso, es más difícil que se comporten de forma violenta. Los menores que sufren malos tratos están sometidos a un alto grado de estrés que hace que el circuito cerebral implicado en la violencia y la empatía se desarrolle de forma inadecuada, estando mucho más predispuesto a reaccionar con violencia y teniendo en muchas ocasiones poca capacidad de empatizar. Ello se ha visto ya con niños pequeños, si bien la mayoría de ellos intentan consolar a otro menor cuando llora o se lamenta, los menores maltratados pueden reaccionar incluso con violencia hacia ellos. En la línea de lo comentado, las mismas partes del cerebro podrían estar implicadas en empatía y violencia, apareciendo más una u otra en función de nuestra biología y, fundamentalmente, del ambiente en el que crezcamos y las experiencias que nos ocurran.

- B.M.: En tu libro aseguras que la educación en empatía reduciría el nivel de agresividad y la frecuencia de los actos beligerantes. En este sentido, ¿potenciar este proceso psicológico de sintonía con el otro sería el fundamento de una verdadera cultura de la paz?
3.Bruno Montano entrevista a Luis Moya Albiol-Trabalibros
- L.M.: La empatía es una tendencia natural, que puede ser mayor en algunas personas que otras, porque en parte nos viene dada desde el nacimiento. Pero todo aquello que nos ocurra desde ese momento contribuye notablemente a que seamos más o menos empáticos. Así, por ejemplo, la interacción social con el bebé es básica para que desarrolle adecuadamente las partes del cerebro que regulan la empatía. La educación en valores, basada en el respeto y en la tolerancia y la solidaridad fomentan el comportamiento empático. Es por ello que una educación en este sentido, tanto en la escuela como en la familia, contribuiría notablemente al fomento de la empatía y la disminución de la violencia, contribuyendo notablemente al desarrollo de una cultura de la paz.

- B.M.: La empatía tiene una dimensión emocional y otra cognitiva y todo parece indicar que las mujeres son más empáticas, sobre todo a nivel emocional, que los hombres. ¿Esto es así desde un punto de vista científico o por cuestiones de deseabilidad social se nos presenta a las mujeres como más empáticas porque es lo que se espera de ellas?

- L.M.: Estadísticamente hablando las mujeres son más empáticas, debido a la interacción de factores biológicos como las hormonas (su cerebro ha estado menos expuesto a la testosterona durante la gestación) y socio-culturales como la educación. La neuroimagen cerebral evidencia que las partes del cerebro relacionadas con la empatía se activan con mayor fuerza en las mujeres que en los hombres. La mayor activación de la corteza cerebral frontal del hemisferio derecho, dónde se ubican las neuronas espejo, podría explicar el mayor reconocimiento emocional en mujeres, y de ahí, su mayor capacidad para empatizar con los demás. Sin embargo, hay hombres muy empáticos y mujeres que no lo son, y puede haber grandes diferencias de un hombre a otro o de una mujer a otra.

Es por ello que yo hablaría más de cerebros más o menos empáticos, entendiendo que hay más cerebros empáticos entre las mujeres. Sería muy positivo que el número de “cerebros empáticos” en puestos políticos, directivos y de liderazgo fuese mayor para el bienestar de las sociedades y también para reducir las decisiones más drásticas en la resolución de conflictos, como puede ser emprender una ofensiva armada.
4.Bruno Montano entrevista a Luis Moya Albiol-Trabalibros
- B.M.: Nos ha parecido muy interesante la posibilidad que apuntas en tu libro de mejorar la capacidad empática a través de la meditación o de las técnicas de mindfulness o conciencia plena. ¿En qué sentido la práctica cotidiana de estos ejercicios potenciaría nuestra habilidad para conectar cognitiva y emocionalmente con nuestro prójimo?

- L.M.: El autoconocimiento es fundamental, ya que es la base para poder entender a los demás, sabiendo dónde están nuestras limitaciones y cuáles son nuestras actitudes hacia lo que nos rodea y nuestra forma de estar en el mundo. Por ello, la práctica del mindfulness o conciencia plena (un tipo de meditación con origen en la tradición budista, pero adaptado a la sociedad occidental) supone ya un buen comienzo en el camino hacia mejorar nuestra empatía. Permite reducir el sufrimiento y la impulsividad, mejorar la concentración y tener mayor conciencia de uno mismo. Su práctica ayuda a aceptar las cosas como ocurren y las personas como son, sin prejuzgar y con una actitud abierta y tolerante. Todo ello hace que podamos ponernos en mayor medida en la piel de los demás. 

- B.M.: Como lector y librero me interesa mucho una afirmación que haces en tu libro: “la lectura aumenta la empatía”. En este sentido voy a citarte un texto de un estupendo libro de Héctor Abad Faciolince, “El olvido que seremos”. Dice así: 

“La compasión es, en buena medida, una cualidad de la imaginación: consiste en la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de imaginarse lo que sentiríamos en caso de estar padeciendo una situación análoga. Siempre me ha parecido que los despiadados carecen de imaginación literaria –esa capacidad que nos dan las grandes novelas de meternos en la piel de otros-, y son incapaces de ver que la vida da muchas vueltas y que el lugar del otro, en un momento dado, lo podríamos estar ocupando nosotros: en dolor, pobreza, opresión, injusticia, tortura”. 
5.Bruno Montano entrevista a Luis Moya Albiol-Trabalibros
¿Cuál crees que es la relación entre literatura y empatía? ¿Leer puede hacernos personas más empáticas?

- L.M.: La lectura estimula la abstracción y sobre todo hace que puedas fantasear y ponerte en el lugar de personajes, tanto a nivel mental como emocional, o imaginarte que te encuentras en una época o un lugar determinados. También te da la oportunidad de tener mayor flexibilidad mental, de comprender el mundo desde diversos puntos de vista y de respetar otras culturas, ideologías o creencias. Por supuesto, leer nos puede hacer personas más empáticas, pero siempre que estemos abiertos a ello. La lectura en profundidad, sin prejuzgar, con el fin de enriquecerse y considerando otros puntos de vista o formas de entender el mundo, es un camino para fomentar la empatía. No olvidemos el poder de la imaginación y la fantasía sobre nuestro cerebro, las novelas de ficción, por ejemplo, pueden ayudar a identificar mejor las emociones de los demás y a crear nuevas conexiones cerebrales del mismo modo que lo hacen las experiencias que nos ocurren en nuestra vida cotidiana.

 
Desde Trabalibros agradecemos a Luis Moya Albiol el tiempo que nos han dedicado y su amabilidad al contestar nuestras preguntas. Agradecemos también al Departamento de Psicobiología de la Facultat de Psicologia de la Universitat de València el haber cedido un espacio ideal para esta conversación.
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