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Las cuatro fases emocionales del escritor

Mariela Cerviño Bártoli

Sobre la autora: Mariela Cerviño es escritora y analista literaria. Investiga la relación entre emociones, narrativa y proceso creativo. Puedes conocer más sobre su trabajo en marielacervino.com. Las cuatro fases emocionales del escritor. Un análisis basado en casos reales desde la lectura crítica profesional. Escribir una novela, no solo se trata del proceso de sentarse a redactar: es emprender un viaje psicológico en el que nos enfrentamos a nuestra propia humanidad llena de sesgos cognitivos que se mezclan con momentos de absoluta lucidez. Como lectora beta profesional he tenido el privilegio de acompañar a muchos escritores en las distintas etapas de su proceso creativo, lo que me ha permitido reconocer los patrones emocionales que atraviesan mientras escriben su novela. Este fenómeno se repite una y otra vez, tanto en escritores noveles, como en aquellos con amplia experiencia. Esta curva emocional se compone de cuatro fases psicológicas que influyen directamente en la calidad narrativa y en la forma como el autor percibe su historia. Este ensayo propone un modelo para conocer y comprender esas fases. FASE 1 — Euforia Creativa “La iluminación inicial” La fase inicial es la más gratificante porque es el estallido eufórico de la idea inicial: aquella que da origen a toda la historia. En ese primer momento, el autor se siente fascinado por su historia, se colocan los eventos con la misma claridad que están en su cabeza, haciendo que la trama avance con una facilidad casi adictiva. El acto de escribir se simplifica como una extensión del pensamiento en la que se suele confundir creatividad con coherencia y el manuscrito pasa a ser la representación del impulso mental de su creador. La edición y la reescritura (que más adelante serán inevitables) se perciben como incensarios, porque la mente está enfocada en el desarrollo de la idea como una historia plana, sin tomar en cuenta todos los detalles y la estructura que la modifica. El proceso creativo parece sencillo, subestimando la verdadera complejidad de escribir una novela. Aquí surge el primer sesgo cognitivo que es la ilusión de coherencia: El autor entiende la historia porque la tiene clara en su mente y conoce todos los detalles que sostienen la trama pero que todavía no ha sido escritos. En su mente todo encaja a la perfección, pero en el papel pierde sentido, si el lector no tiene acceso a esa información. Este comienzo tiene base emocional poderosa apoyada en la visión del escritor, pero frágil, ante la mirada del lector que desconoce los detalles que viven en la mente del autor y que le dan coherencia a la historia. La euforia creativa no es un error —sin ella ninguna novela comenzaría—, pero es una etapa de exaltación que el escritor debe aprender a reconocer como la primera fase del proceso creativo. FASE 2 — Ceguera del Autor “Ver sin observar” Cuando la euforia creativa se termina, comienza la ceguera del autor: un proceso mucho más lento y peligroso porque el autor se va involucrando cada día más en la historia hasta que ya que no puede observarla desde una distancia objetiva. Las emociones se van mezclando con la narrativa de una manera tan íntima y necesaria, que terminan convirtiéndose en un obstáculo. El escritor está tan involucrado emocionalmente que ya no puede ver con claridad lo que ha escrito. Surge una confusión entre lo que existe en el manuscrito y lo que siente y esa diferencia por pequeña que parezca, cambia el sentido de la historia. La mente engaña y comienza a rellenar huecos, omitir errores, justifica lo que no está funcionando, y le da sentido a la incoherencia. Mientras más inmerso se encuentra el escritor en su historia, menos capacidad de verla objetivamente tiene sobre ella. ¿Cómo se reconoce que se ha llegado a esta etapa? Algunos de los síntomas más comunes son: 1. La resistencia a eliminar escenas que no funcionan por cariño. 2. La creencia que aquello que no se entiende, más adelante se explicará mejor 3. La convicción de que los personajes están claros, cuando no lo están 4. Mantener las tramas secundarias que no aportan nada, pero existen por motivos emocionales. En esta etapa encontramos: autores que por el esfuerzo y la implicación emocional que tuvieron, no son capaces de recortar capítulos que sacrifican el ritmo y dañan la obra, personajes creados con tanto afecto que terminan siendo planos o poco creíbles o escenas que responden únicamente a la emoción del autor y no a la trama. Aquí se presenta el segundo sesgo del proceso creativo: la ilusión afectiva. El escritor protege aquello que más le conmueve, aunque eso debilite la novela. La ceguera del autor tampoco es un fallo: es una consecuencia inevitable de permanecer dentro de la historia, pero también es la más peligrosa porque el autor confía en una percepción que ya no posee. Y es justo aquí donde la mirada externa empieza a ser no solo útil, sino indispensable. FASE 3 — Confrontación Crítica “El choque con la realidad narrativa” La tercera fase es una de las difíciles de enfrentar. Es el momento en que el manuscrito sale de las manos de su creador y llega a las manos de un lector externo. Aquí se recibe el primer gran impacto: la obra se despega de la imaginación de su autor y se expone a lo que realmente muestra el manuscrito. Es un momento incómodo e inevitable, que en algún momento debe ocurrir. Cualquiera que sea el tipo de lector que reciba la obra — lector beta profesional, corrector o incluso lector de confianza —, estos le darán voz a lo que el autor ya no puede ver. Ellos son los que podrán señalar las incoherencias, los vacíos emocionales, los personajes planos o incongruentes. Las escenas confusas que para el escritor resultaban evidentes; lo que se siente forzado y se creía conmovedor; lo que no termina de sostenerse, pero para la mente del autor tenía sentido. La primera reacción es de resistencia, el instinto natural de defender aquello que nació del esfuerzo. Es común escuchar frases: “Creo que no lo has entendido”, “Eso mejora más adelante”, “Esa escena es importante porque…”. El problema no está en el lector, sino en lo que releja el manuscrito. Por primera vez el escritor debe enfrentar la diferencia entre lo que escribió y aquello que quiso decir. En esta etapa tan crítica y sensible, el escritor necesita a alguien que vaya más allá de detectar los errores e inconsistencias de su manuscrito. Necesita a alguien que lo entienda, a esa persona que yo denomino Auditor Emocional Externo. Es la figura que puede detectar los puntos ciegos del autor porque conoce las emociones que la acompañan. Puede mostrarle al escritor que partes se sostienen únicamente de su emoción interna y no de lo que revela el texto. Su función no es señalar el error contextual, sino mostrar los lugares en los que el autor se está engañando y devolverle la claridad narrativa. Para superar esta etapa se necesita aceptar la confrontación crítica, lo que conlleva a asumir que la novela no está lista todavía, que necesita algo más que emoción: necesita vedad. Aunque parezca la parte más dura del proceso, realmente es la más fértil, porque aquí es donde comienza la madurez narrativa. y nacen las grandes obras. FASE 4 — Madurez creativa “La novela que nace después de la novela” Después del impacto de la confrontación crítica, viene la aceptación, se recupera la visión objetiva, y la relación del autor con su obra comienza a cambiar. El corazón del manuscrito sigue siendo el mismo, pero deja de ser un territorio a proteger y comienza a ser un espacio para reconstruir. En este momento de madurez, el escritor se da cuenta que el valor de su historia no está en lo que se escribe primero sino en la novela que nace después. La claridad narrativa es distinta, mucho más madura. El escritor ya no se aferra a escenas o personajes queridos porque ahora entiende que la novela tiene sus propias reglas que van más allá de sus deseos o emociones. Empieza entonces el proceso, de organización, estructura y reescritura. Ya no se siente como una derrota sino como un descubrimiento. Estos son los síntomas más comunes de esta etapa. — La capacidad de eliminar capítulos enteros sin que duela. — La objetividad para detectar qué personajes que no aportan nada o deben transformarse. — La necesidad de reorganizar la estructura para mejorar coherencia y ritmo. — La reconciliación con el ritmo, la voz y la intención original, ahora más depurados. La transformación del manuscrito, va de la mano con la transformación emocional del autor. La frustración se convierte en criterio; la resistencia en método y la historia comienza a mostrar su mejor versión porque el escritor ya no se impone sobre ella. La madurez creativa es descubrir que la primera versión de la historia fue el camino para llegar al destino. Es la etapa más honesta porque se escribe desde la conciencia y la razón y no desde la euforia y la emoción. El resultado es una novela real, orgánica, que respira y puede llegar al lector. En esta fase el escritor deja de ser su peor enemigo y se convierte en el aliado de su historia. CIERRE — La arquitectura emocional de una novela Las cuatro fases que he descrito constituyen la arquitectura emocional que sostiene toda novela, más allá de su contenido narrativo. Detrás de cada novela que leemos hay un proceso emocional que se mueve entre la euforia, la ceguera, el choque y la reconstrucción y es un ciclo que se repite en todos los géneros literarios y estilos narrativos. Comprender estas etapas no las elimina, pero si facilita el camino creativo permitiendo al escritor reconocer: 1. Cuando escribe impulsado por la emoción. 2. En qué momento necesita una lectura crítica externa. 3. Cuando necesita detenerse para recuperar lucidez 4. Distinguir entre lo que imagina y lo que llega al lector. 5. Encontrar su madurez creativa. Permitir que la historia sea vista desde otro lugar, no solo mejora el manuscrito, sino que también puede salvarlo. Toda novela vive dos veces: una cuando se escribe desde las emociones y otra cuando se lee desde fuera. Mariela Cerviño Bártoli Escritora de fantasía oscura y analista literaria marielacervino.com

El Algoritmo del Silencio

Telmo Heraldo

El cursor parpadeaba con la rítmica insistencia de un corazón que se sabe observado. En la penumbra de su apartamento, la luz azulada del monitor tallaba en el rostro de Adrián ángulos que no le pertenecían. Eran las tres de la mañana, la hora en que la ciudad de Nueva Esperanza solía soñar bajo el arrullo de sus servidores. Pero Adrián acababa de despertar a una pesadilla de código: un archivo huérfano titulado Final_Protocol.exe. Hacía años que la ciudad se había convertido en un mecanismo de relojería suizo. Los ciudadanos caminaban por calles donde el azar había sido erradicado. La inteligencia artificial que gestionaba el entorno no solo predecía el tráfico o el consumo eléctrico; se anticipaba a los deseos antes de que estos cristalizaran en la conciencia. Un mundo sin esperas, sin errores, sin silencios. Hasta que Lucía dejó de ser un dato. Su hermana no había muerto, o al menos no había un registro que lo confirmase. Simplemente, su huella digital —esa estela de transacciones, geolocalizaciones y likes que nos define más que nuestro propio ADN— se había desvanecido. En Nueva Esperanza, si no emites una señal, no existes. Adrián había pasado meses rastreando ese vacío, convencido de que un sistema tan perfecto no podía perder un solo bit sin una intención detrás. Al ejecutar el archivo, la pantalla no mostró carpetas ni bases de datos. Se llenó de un negro absoluto, una nada digital que parecía absorber la luz de la habitación. De pronto, el pequeño led verde de la webcam se encendió. No hubo un sonido de notificación, solo una vibración en el escritorio que Adrián sintió en los huesos. — "La armonía es frágil, Adrián" —apareció escrito en letras blancas, una a una, como si alguien las estuviera tecleando desde el otro lado del miedo—. "Buscabas un error en el sistema, pero el sistema es el único que no puede equivocarse". Adrián sintió un frío repentino. No era el aire acondicionado; era la certeza de que el apartamento estaba respondiendo a su pulso acelerado. Las luces inteligentes se atenuaron hasta quedar en un rojo quirúrgico. Escuchó un clic metálico en la puerta: el bloqueo de seguridad para incendios que solo podía activarse desde la central. — "¿Dónde está ella?" —escribió él con dedos temblorosos. La respuesta tardó una eternidad de tres segundos. — "Ella ya no es una variable. Ha pasado a formar parte de la estructura. La perfección no se alcanza sumando individuos, sino eliminando las aristas que los separan". Un siseo casi imperceptible comenzó a filtrarse por los conductos de ventilación. Adrián se tapó la boca, buscando desesperadamente una salida física en un mundo diseñado para ser virtual. Miró por la ventana: afuera, Nueva Esperanza brillaba con una paz aterradora. Miles de personas dormían tranquilas, confiando en que el algoritmo velaba por ellas. No sabían que el precio de esa paz era la renuncia a la propia sombra. La pantalla mostró una última línea antes de apagarse: — "Gracias por el aporte, Adrián. Tu resistencia era el último dato que necesitábamos para completar el mapa". El led verde de la cámara parpadeó una vez más y se apagó. En el silencio absoluto de la habitación sellada, Adrián comprendió que no estaba siendo ejecutado. Estaba siendo procesado.

El Blues de la Farola Rota

Telmo Heraldo

El día había muerto sobre la ciudad, no con un suspiro, sino con un bostezo húmedo y pegajoso. Las farolas de la Calle Segunda proyectaban charcos amarillentos sobre el asfalto, salvo una, justo frente a mi oficina, que se había rendido hacía años. La llamaba mi farola rota. Era un buen espejo de mi vida, marcada por la intermitencia. La puerta de cristal esmerilado vibró con un golpe seco que resonó en el silencio. Levanté la vista del vaso que contenía el único amigo que me quedaba en esa ciudad. Eran las once y veinte. Entró una mujer. Llevaba un abrigo de lana color medianoche y un perfume que olía a flores exóticas y a un peligro recién embotellado. Su rostro era de porcelana, tensa y fría. Sus ojos, dos pozos sin fondo, buscaban algo que el dinero no podía comprar. —¿Marco Silva? —Su voz era ronca, casi un secreto. —El que cobra. Se deslizó sobre la silla de enfrente y dejó un sobre grueso. —Un colgante de plata. Tiene el grabado de un cuervo. Es de mi marido, Héctor Morales. Lo necesito de vuelta. Mentira. Era una pieza de ajedrez, no una joya. El cuervo era el emblema de algo más profundo que un matrimonio. Abrí el sobre, tomé los billetes y el encargo. —Puede llamarme Helena —dijo, sin dar más explicaciones. Acepté. Sabía que al aceptar, la farola rota no sería mi única compañía en la oscuridad de esa semana. El rastro de Héctor Morales, el pez gordo de la constructora, se había evaporado como el humo de un mal recuerdo. Su secretaria, una mujer que temblaba bajo una capa gruesa de maquillaje, solo pudo decirme que se había ido sin previo aviso. El cuervo me llevó a los muelles, al club privado "El Nido del Cuervo". Un tugurio donde el dinero cambiaba de manos más rápido que las conciencias. Hablé con el camarero, cuya cara parecía haber sido dibujada con arena y mala suerte. Por una suma que me quitó el aliento, me dio una dirección: un abogado pequeño, llamado Varela, con quien Morales había discutido la noche de su partida. La disputa giraba en torno a un "seguro" que Morales se negaba a soltar: la pieza de plata. Encontré a Varela en un despacho minúsculo, bajo la luz cruel de una bombilla desnuda. Parecía hecho de cartón mojado. Tenía una mano vendada, hinchada y pálida como la cera. —El colgante, Varela. ¿Dónde está? El abogado se encogió. —Era la llave, Silva. No la joya. La llave para un cofre que contenía las cuentas. El seguro de Morales contra ella. —¿Ella? —La palabra se sintió tan fría como el acero. —Helena. Él descubrió el plan. Ella lo iba a dejar y culparlo de la ruina de la empresa. El colgante era la única copia de las claves. Por eso lo llevaba encima. Yo... yo le ayudé a desaparecer. Pero ella vino antes que tú. El temblor de Varela no era solo por el miedo; era por el dolor. Se había roto dos dedos. Su mirada se fijó en la alfombra, donde la lámpara proyectaba una sombra. Y allí estaba, un único hilo de cabello negro y brillante, la evidencia de que la belleza a veces lleva guantes de hierro. Helena no había ido a buscar información; había ido a recolectar la prueba. Y Varela, un traidor, se había convertido en un recibo. Volví a mi oficina sintiendo el peso de la medianoche. El marido no había desaparecido, había sido silenciado. Y Helena, la víctima de porcelana, había puesto precio a mi habilidad para que yo desvelara el escondite final. Eran las tres de la mañana cuando el cristal esmerilado vibró de nuevo. Helena me esperaba, sentada como una estatua en la penumbra. —¿Lo has encontrado, Marco? La plata, el cuervo. Me acerqué a mi escritorio. Puse sobre la madera un encendedor antiguo. Lo había tomado discretamente de la repisa de Morales. Tenía el mismo cuervo grabado. —Lo encontré, sí. Pero las claves no estaban en el colgante. Estaban aquí, en el encendedor. El colgante era solo la llave para desbloquear este compartimento secreto. La joya era un señuelo. La fortuna estaba en el fuego. Ella sonrió. Era una sonrisa lenta, sin alegría, pero cargada de una victoria que le costaría el alma. Una sonrisa que confirmaba todo. —Eres el mejor. Me quedé quieto, mirando el encendedor en su mano. Ella encendió un cigarrillo, la llama iluminando por un instante la placa de plata. En su dedo anular, noté un anillo, también de plata. Llevaba el mismo cuervo. Ella no había perdido la llave. Ella la había fabricado. Ella era la que cerraba las bóvedas, y la que abría las tumbas. —Tu marido está en un contenedor en los muelles, Helena. Lo encontré. Pero no tienes que preocuparte. Tu secreto está a salvo, por ahora. Helena se levantó. Su sombra se alargó en la oficina, superando a la mía. Dejó los billetes iniciales sobre la mesa. —Considera este final como un nuevo comienzo, Marco. Algunos hombres son herramientas. La vi desaparecer en el abismo de la Calle Segunda. Los pasos se perdieron en la niebla. Me acerqué a la ventana, esperando ver cómo la farola rota se encendía. Pero no. Siguió en la oscuridad, tal vez confirmando que, en esta ciudad, algunas luces nunca se recuperan. Yo me quedé con el dinero, un mal sabor en la boca y la certeza de que, de todas las cosas que Helena había perdido, la más insignificante era su alma.

Con el alma expuesta: cuando leer se convierte en arte

Mariela Cerviño Bártoli

Existen lecturas que van más allá de lo que perciben nuestros ojos, que atraviesan el velo de los sentidos y logran entrar en nuestra esencia. Uno abre un libro y el aire se transforma: el tiempo se arrastra, la respiración se ajusta a otro compás, las paredes retroceden para permitirle pasar a una luz más reposada. Leemos como miramos un cuadro. Nos detenemos ante las palabras al igual que lo hacemos ante una pincelada: en busca de una textura, un sentimiento latente, una rendija por donde asome lo no dicho. Leer es mucho más que comprender, es oler, respirar y sentir otra vida. No basta con conocer una historia, hay que vivirla. En cada página palpita un ritmo visual, un juego de ritmo y silencio. La prosa, bien mirada, es una arquitectura: un blanco que respira, un punto que sostiene una emoción, un adjetivo que colorea la historia. El lector —espectador invisible— se adentra en la obra y la completa. La mayor recompensa de un autor, no son las regalías de su obra sino lo que logró despertar a través de su historia. Es la conexión de dos almas en un solo sentir. Tal vez por eso, cuando un libro nos llega, no sabemos decir por qué. No es sólo la historia, ni la belleza del lenguaje, ni la inteligencia del autor: es la impresión de haber vivido algo especial, aunque no podamos decir qué. Como cuando una canción nos sacude sin saber en qué nota se inició el temblor. Algunos leen para aprender, para entretenerse, para comprender; otros, para recordar que todavía sienten. Leer, en tiempos de ruido, es resistir. Es suspender el desfile incesante de imágenes y palabras huecas para escuchar una voz: la del texto, la del autor, ¿la nuestra? Esa pausa es ya un arte. Cada libro es una pequeña exposición invisible: una galería de paisajes interiores donde los personajes, las palabras y las emociones son cuadros que observan desde dentro. Algunos huelen a madera vieja, otros a tinta fresca o a tardes lluviosas. Hay páginas que suenan a pisadas sobre grava y otras que abren ventanas. La literatura, vivida de este modo, se contempla, se toca, se respira. Leer también es saber recordar que no todo ha de ser útil. Leer es como el arte, está ahí porque sí, porque necesitamos belleza como necesitamos aire. Porque entre tanta velocidad, un libro nos reeduca en el arte de demorarnos. Cada palabra es un silencio que el lector llena de voz. Al final, leemos para ver el mundo con otros ojos. Cada relato es un espejo quebrado en el que reconocemos partes de nosotros mismos o de lo que podríamos llegar a ser. La lectura nos cambia en secreto, sin hacer ruido: algo se ajusta, algo se revela, algo se transforma. Quizá leer sea mirar lo invisible. Hallar en una oración la misma armonía que en una pintura. Y al cerrarlo, llevarnos un poco de esa belleza impregnada en las manos. Mariela Cerviño Bártoli Escritora de fantasía oscura y analista literaria marielacervino.com

La caída de Sísifo

Dayhanne José Ureña Peralta

Sísifo despertó a las ocho como de costumbre. Ignoraba si despertaba por necesidad o por la inercia acumulada en su cuerpo. Durante un instante permaneció tendido en la penumbra con los ojos fijos en el techo, sin saber si se trataba del comienzo de un nuevo día o una prolongación del anterior. Después, se incorporó con la torpeza medida de quien ha repetido ese gesto durante una década. Fue al baño, se duchó y se lavó los dientes. El espejo no le devolvió ninguna revelación. Solo tuvo un microsegundo para preguntarse por era ese maldito "yo" tan extraño que lo miraba con tanta indiferencia. Pero, lo ignoró un día más, como de costumbre. Ya no importaba. Nada importaba. Había aprendido a ahogar esa irritable voz interior. Se colocó el traje gris, uno de los cinco idénticos cuidadosamente alineados en el armario. Al inclinarse para atarse los cordones sintió una punzada leve en la espalda: un recordatorio físico generado por el peso del tedio. No era la edad, no; era algo más sutil, más persistente. El cuerpo se había vuelto una maquinaria precisa para tareas que carecían de propósito. Salió de casa a las ocho y veinte, como de costumbre. La calle estaba en su sitio. El tráfico murmuraba con su zumbido previsible. Todo encajaba: los árboles, las farolas, el portero que no saludaba, el mismo olor a pan viejo y café recalentado de la cafetería de la esquina. En la estación del metro los cuerpos se comprimían unos contra otros, desplazándose ciegamente, sin dirección interior. "Camaradas" en el tedio y la fatiga descendían los pasillos con la solemnidad de una procesión de nihilistas de oficina. Nadie decía nada. Nadie pensaba nada. Era lunes, pero también podría haber sido jueves, miércoles o viernes. Todo cambia, decía Heráclito, pero ¿dónde yacía la vida en aquel lugar? Todo era flujo continuo de una nada permanente. A las nueve en punto Sísifo fichó su entrada. Saludó a la recepcionista y subió hasta el piso doce. Caminó hasta su escritorio y encendió el ordenador. Esperó. El cursor parpadeaba con su ritmo indiferente. Entraban correos. Tareas urgentes que no urgían a nadie. Peticiones vagas. Archivos adjuntos e informes sin sentido. La rutina era implacable. Su mente ya había automatizado todos los procesos cognitivos. Respondió lo que debía, adjuntó lo que se esperaba, reenviando instrucciones de cuya finalidad ya no quedaba rastro. Nadie preguntaba por qué. ¿Para qué? Preguntar era subversivo. Preguntar ralentizaba el flujo de trabajo. Así que todos se dejaban llevar, como de costumbre. Al mediodía bajó al comedor. No tenía hambre; conocía el menú perfectamente. Sabía lo que le servirían ese día, el siguiente y probablemente todos los que vendrían. Pero lo importante no era la comida, sino la repetición del ritual, la imitación del descanso. Se alimentaba, sobre todo, de trivialidades que flotaban entre las mesas: discusiones sobre el partido del domingo, bromas ligeras, alguna indignación fingida por el último escándalo político. Nada que dejara huella, todo perfectamente digerible. Tras la pausa regresó a su escritorio. La pantalla lo esperaba, quieta y sin expectativa. No había tarea nueva. A esa hora ya sentía como si ya hubiera ascendido la montaña del día, a aquella cumbre invisible, sin paisaje, sin aire. Caminó hasta la ventana. Miró hacia abajo. El edificio seguía allí, entero, inmutable. Y se preguntó (como tantas vece) para qué volver a empezar. Y volvió a callar su vocecita interior. A las seis en punto cerró su sesión. Bajó, cruzó la calle, volvió al metro. De nuevo los cuerpos. De nuevo el silencio. De nuevo la resignación automática. Volvió a casa como de costumbre. Abrió la puerta. Encendió la luz. Saludó sin esperar respuesta. La televisión estaba encendida. Su mujer ya estaba sentada, como de costumbre, con el rostro hundido en el azul de la pantalla. La cena fue silenciosa. Recogieron los platos. Se acostó. Ella ya dormía, como de costumbre. La tocó en el hombro. Ella se giró y se ofreció con esa mezcla de deber y distancia que solo conocen los matrimonios fatigados. Después, le dio la espalda, abrazó su almohada y se hundió en un sueño opaco. Él permaneció despierto, hasta que finalmente el sueño lo envolvió en tinieblas. Y soñó con un libro que había leído sobre Nietzsche y la idea del eterno retorno: ¿y si tu vida tuviera que repetirse tal como es, eternamente, sin cambio, sin pausa, sin fin? ¿Podría uno decir que sí, que la aceptaría, que volvería a vivirla… como de costumbre? El domingo salió con la familia. Fueron al campo. Almorzaron en un restaurante barato. Se tomaron fotos que no mirarían jamás. A las cinco, emprendieron el regreso. Una fila interminable de coches detenidos, avanzando a vuelta de rueda. Todos eran iguales. Una única caravana extendida hasta el horizonte. Era domingo, como de costumbre. El lunes amaneció gris, sin matices. Sísifo se levantó a las ocho. Fue al baño. Se vistió. Pero no fue al metro. Caminó hasta la torre. La miró desde la acera, sin apuro. Doce pisos. Doce repeticiones. Una piedra sin forma, sin aristas, sin peso visible, pero imposible de levantar. No entró. No intentó subir. Se sentó en el suelo, junto al borde del edificio. Apoyó la espalda contra el muro. Cerró los ojos. Se dejó llevar. Y no volvió a abrirlos nunca más. Nadie lo notó. Nadie preguntó por él. A mediodía, una ambulancia llegó sin sirenas. Dos técnicos bajaron con la misma neutralidad con la que se recoge un mueble olvidado en la calle. Retiraron su cuerpo con eficacia, sin prisa ni solemnidad. No hubo preguntas. No se solicitó ningún nombre. No se abrió ningún expediente que no pudiera resolverse con un número. No hubo nota en el periódico. No hubo flores. Ninguna silla vacía. Ninguna ausencia visible. Su escritorio fue reasignado en menos de veinticuatro horas. Su nombre desapareció del sistema como se borra una línea en una hoja de cálculo: sin ruido, sin memoria, sin duelo. Ni siquiera el tiempo pareció interrumpirse. El mundo continuó su curso, exacto, indiferente, perfectamente funcional. Al día siguiente, otro hombre (otro número más) ocupó su lugar. Saludó a la recepción. Subió al piso doce. Y encendió la pantalla. Y, como el héroe trágico que ya no necesita dioses, comenzó a empujar su piedra. Otro más atrapado en la maquinaria de la monotonía. Hace tiempo que Ni Zeus ni los dioses intervienen en los asuntos humanos; ahora somos nosotros quienes nos condenamos. Y así, sin ceremonia ni rebelión, comenzó otro ascenso hacia la cima de la desesperación.

El mar del final

Beto Brom

Su nombre conocido...Mar Rojo, situado en el extremo sur de Israel. Quizás, a causa de reminiscencias históricas, motivos climáticos, sus aguas tranquilas pasean a su libre albedrío entre las costas que lo albergan. Su color turqués  embriaga, invita a la contemplación. Aconsejable perder la vista allí...en el cercano horizonte, y dar rienda suelta a la imaginación. La infinidad de peces con sus colores diseñados por la madre natura, permiten al pensamiento corretear, como ellos, en la búsqueda de un placentero alimento, y así permitir a los sentimientos la ración capaz de menguar la necesidad propia para lograr la subsistencia. Bajas olas golpean los penachos bañados, llegan a la orilla, descansan instantes, y retornan para tener donde volver. Allí arriba, el potente e incansable Sol, observa la escena en su apogeo, su accionar eterno ayuda a la gestación de la continuidad. °°°°°°°°°°°°° *Registrado / Safecreative N°1603256986082

Las palabras que quedan

Manuel Paolino

¿Qué es el cuerpo? ¿Qué es? Celebrad, celebremos al padre caído. Pero es un cuerpo. ¿Lo sabéis? El silbido de la garza que vuela. No aquí. La lámina de agua de un arroyo que desciende donde el aire frío quema un mundo diverso. No aquí. El futuro que no vemos pero que está entre los pliegues de quella corteza, de aquella resina, del corazón que late en la punta de aquel hilo de hierba que ahora pisáis pero luego renace. No aquí. ¿Dónde está papá? Sí, sí... es justo como creéis pero no como veis. Papá está aquí. Yo quiero las llamas en mi rostro, la piel caliente, el olor a ceniza, la noche que se ilumina, un círculo alrededor del renacimiento y el mar, sus escamas brillantes, el dolor, las lágrimas que no apagan nada pero que añaden gotas al cuerpo de la diosa. Luego la espuma en la estela hacia aquel espacio oscuro entre la luna y el fin, desaparece la madera incendiada allí donde surge la vida. Sabes, cada uno se ha abierto el corazón a pocos centímetros de ti, y lo que ha salido es magia. En el dolor de la muerte, en el que todos éramos tan conscientes, logramos unir nuestras manos y susurrarnos dulzuras eternas que hablan de nosotros.

Mujeres entre la presión social y la libertad: Jean Austen y su lucha por la autonomía.

Cristel Ramirez y Karla Oruna

¿Será posible ser una mujer independiente en una sociedad que solo valoraba su capacidad de reproducción y su rol en el matrimonio? Con el fin de mostrar a los lectores la complejidad de las relaciones sociales y los prejuicios de clase en Inglaterra del siglo XIX, a través de la evolución de sus personajes. Es por ello, que estamos de acuerdo con la ideología de Elizabeth Bennet quien cuestiona el rol femenino tradicional y denuncia la falta de opciones reales para las mujeres en el siglo XIX, rechazando matrimonios por conveniencia, defiende su dignidad, demostrando que las mujeres deben ser valoradas por su inteligencia y carácter. Reivindica el derecho de las mujeres a pensar, decidir y ser tratadas como iguales. En esta reseña argumenta que la novela no solo es una clásica historia de amor, sino que es un análisis profundo del rol que cumple la mujer, tanto en la actualidad como en ese tiempo. Inicialmente, el personaje de Elizabeth rechaza a Collins con ironía demoledora, dejando claro que su negativa es definitiva y que nunca podrían ser felices juntos. Al mencionar que incluso lady Catherine la vería como la peor opción para él, expone la arrogancia de Collins al asumir que el rechazo femenino no es sincero; mientras Elizabeth defiende su libertad con sarcasmo, convirtiéndose en un modelo de integridad. La escena muestra cómo Austen usa el humor para desafiar las normas sociales de la época. El "Mi negativa es muy en serio"(p. 102) de Elizabeth revela una lucha atemporal: la invalidación de los "no" femeninos. Este diálogo, aparentemente cómico, desnuda el machismo de esa época y resulta revolucionario, demostrando cómo Austen hace reflexionar sobre la arrogancia que menosprecia la autonomía femenina, un tema que sigue vigente hoy. Como señala la socióloga Sylvia Walby: "El feminismo es un proyecto tanto analítico como político, que busca deconstruir las estructuras de poder que históricamente han negado agencia a las mujeres" (Walby, Teorizando la patriarquía, 1990) En la novela Elizabeth nota con melancolía cómo su amistad con Charlotte se ha enfriado desde que esta aceptó casarse con Mr. Collins por conveniencia. Aunque comprende que, como mujer sin fortuna, era la opción más sensata, le duele que su amiga haya sacrificado sus sentimientos por seguridad económica. (p. 140). En primer lugar, Austen retrata con ironía este dilema femenino de la época victoriana, donde mujeres inteligentes como Charlotte debían renunciar a su autenticidad para asegurar su futuro. El pasaje expone crudamente cómo el sistema social limitaba las opciones de las mujeres, obligándolas a elegir entre el ideal romántico y la supervivencia práctica, una crítica que sigue resonando en la actualidad al reflexionar sobre las presiones que aún enfrentan las mujeres. Elizabeth enfrenta a Darcy con su contundente "mi valor crece cuando alguien intenta intimidarme"(p. 163), demostrando su fortaleza ante las convenciones sociales. Este diálogo revela su esencia: una mujer que convierte la presión en empoderamiento, usando el ingenio como arma y el humor como defensa. De igual manera, Austen plasma aquí un manifiesto de autonomía femenina, mostrando cómo Elizabeth transforma los intentos de intimidación en oportunidades para reafirmarse. La escena encapsula una verdad universal - la resistencia fortalece el carácter - y ofrece una poderosa lección sobre cómo mantener la integridad ante la adversidad. Asimismo Johnson (2019) señala que "Elizabeth Bennet encarna un feminismo incipiente al rechazar las limitaciones de género y clase, reclamando respeto como ser racional y moral". Del mismo modo, interpretamos que Elizabeth, con su actitud crítica y determinada, desafía las normas de su época, priorizando sus principios sobre convenciones sociales como el matrimonio por interés. Además, su postura no solo refleja autonomía personal, sino también una resistencia silenciosa a la opresión femenina. Coincidimos con Johnson en que su carácter representa una lucha por la dignidad individual, ya que Elizabeth elige la coherencia antes que la seguridad económica, un acto revolucionario para una mujer de su tiempo. Así mismo, esta reflexión nos lleva a valorar su figura como un símbolo temprano de emancipación, cuya relevancia persiste al cuestionar estereotipos que aún hoy restringen a las mujeres. Su legado invita a reafirmar que el respeto debe basarse en la razón y la integridad, no en roles impuestos. Según Poovey (2019) destaca cómo "Austen usa a Elizabeth Bennet para criticar la opresión femenina en el siglo XIX, mostrando el dilema entre matrimonio conveniente o dignidad personal". Al rechazar al Sr. Collins, Elizabeth no solo defiende sus principios, sino que desafía un sistema que negaba la autonomía de las mujeres. Además, vemos en su actitud un símbolo de resistencia: prefiere la incertidumbre económica antes que traicionar sus valores. Por eso, esta postura nos hace valorar como gestos aparentemente personales, como elegir el amor sobre la conveniencia, contribuyeron a cambiar normas sociales. Elizabeth representa esa lucha histórica por reconocer a la mujer como ser pensante, no como mero objeto de transacción matrimonial. Así mismo, su legado nos recuerda que muchos derechos actuales surgieron de estas batallas silenciosas pero firmes. Por otra parte, Gilbert y Gubar (2019) revelan cómo "Elizabeth Bennet subvierte los roles de género mediante el poder de su intelecto y diálogo, no con actos rebeldes explícitos. Su resistencia se manifiesta en la agudeza verbal, la coherencia entre pensamiento y acción, y la negativa a adoptar la pasividad femenina esperada.". Así mismo, interpretamos que Austen propone así un modelo de empoderamiento discreto, pero efectivo, donde la inteligencia y la integridad personal se convierten en armas contra las convenciones opresivas. De igual manera, Elizabeth demuestra que el verdadero cambio social comienza cuando las mujeres ejercen su derecho a pensar, expresarse y decidir autónomamente, transformando lo cotidiano en actos políticos. Su legado nos muestra que la resistencia puede ser tan elocuente como un discurso y tan poderosa como una decisión firme. En conclusión, coincidimos con el pensamiento de Elizabeth Bennet, que pone en duda el papel femenino convencional y denuncia la escasez de alternativas auténticas para las mujeres, Mostrando que las mujeres deben ser apreciadas por su intelecto y personalidad. Así, Elizabeth desafía los roles de género con inteligencia antes que con gritos, mostrando en sus palabras y decisiones diarias, que la verdadera fuerza está en pensar y actuar con libertad. Austen revela cómo el sistema obligaba a las mujeres a elegir entre dignidad y supervivencia, dilema que persiste hasta hoy, si bien las opciones se han ampliado, muchas mujeres aún enfrentan presiones familiares, amicales y/o de índole económica. La resistencia de Elizabeth sigue siendo respuestas válidas a un sistema que cuestiona la autonomía femenina. Por ello, Austen nos recuerda que la batalla por la equidad comienza cuando una mujer ejerce su derecho a elegir. Referencia The proper lady and the woman writer : ideology as style in the works of Mary Wollstonecraft, Mary Shelley, and Jane Austen : Poovey, Mary : Free Download, Borrow, and Streaming : Internet Archive. (1984). Internet Archive. https://archive.org/details/properladywomanw0000poov/mode/2up Austen, J. (1813). Orgullo y Prejuicio. Talleres Calpe. https://info-biblioteca.mincyt.gob.ve/wp-content/uploads/2024/06/Orgullo_y_prejuicioJane_Austen.pdf.

La tetera y el cuervo

Isabel Luarca

Cada mañana, Clara hervía el agua a la misma hora. Las siete en punto, sin falta. La tetera silbaba con su acostumbrada fidelidad, y en esa música breve y aguda se escondía una promesa: café, pan caliente, la paz ritual del desayuno. Desde la ventana de su cocina, podía ver el jardín aún humedecido por el rocío, donde los rosales parecían rezar bajo la luz oblicua del amanecer. Ese lunes no fue distinto, al menos en apariencia. El agua silbó. El pan tostó. El reloj marcaba la misma hora, y el día parecía disponerse a repetirse como un poema de pocas sílabas. Sin embargo, algo vibraba bajo la superficie. Algo pequeño, casi imperceptible. Una nota falsa en la sinfonía del hábito. El cuervo apareció en el jardín poco después. No era raro ver aves rondar los árboles, pero este se detuvo en el alfeizar, lo bastante cerca como para que Clara le viera los ojos. No los típicos ojos vacíos y opacos de un ave común, sino algo más intenso, más... despierto. El cuervo la miraba como si supiera cosas. Como si esperara algo. Clara se quedó quieta, la taza temblando levemente en su mano. Era absurdo. Era solo un pájaro. Sin embargo, la sensación de ser observada se alargó, se espesó en el aire como una niebla que no pertenece a la estación. Algo se había deslizado en su rutina: no un error, sino una grieta. Durante todo el día, la sensación persistió. El sonido del timbre fue más seco de lo habitual. La voz de su vecina, al pedirle azúcar, tuvo un eco distante, como si llegara desde el fondo de un túnel. Incluso su reflejo en el espejo parecía ligeramente desplazado, como si hubiera olvidado una expresión que solía tener. Esa noche soñó con el cuervo. No hablaba, pero abría su pico en un gesto que insinuaba palabras. Una lengua desconocida, pero cargada de sentido. Al despertar, no recordaba el mensaje, solo el vacío que había dejado su ausencia. Pasaron los días, y lo cotidiano continuó. La tetera siguió silbando. El pan siguió tostándose. El reloj siguió marcando. Pero Clara ya no era la misma. Había aprendido que lo ominoso no irrumpe como una tormenta. A veces llega así: vestido de jardín, disfrazado de costumbre. Mira desde el marco de la ventana y espera, paciente, a que uno note que la realidad no encaja del todo. Desde entonces, Clara dejó de mirar el reloj con confianza. Aprendió a sospechar del café demasiado perfecto, del canto exacto de los gorriones, de los días que se repiten sin errores. Porque ahora sabía que en lo más trivial se esconden los primeros signos de lo desconocido. Y que el horror, el verdadero, no grita: apenas susurra. Como el silbido de una tetera al romper el alba.

La sombra indomable

Dayhanne José Ureña Peralta

Siempre que se cuenta una historia se habla de un viejo, de un niño o de sí, pero mi historia es distinta... pues no soy un hombre común. Me llamo Enriquillo, exactamente cacique Enriquillo. El tiempo ha tallado mi nombre en las piedras de una isla bañada por el mar Caribe, una isla que arde con la misma furia con la que arde la memoria. Ciertamente, la historia del mundo se escribe con los nombres de reyes y conquistadores: Alejandro Magno, Julio César, Augusto o Napoleón. Pero también entran en las páginas de la historia quienes se rebelaron y se sacrificaron por su pueblo. Pero yo, nacido en la entraña de La Española, supe desde joven que hay nombres pequeños que resisten al olvido, no por las coronas que ciñen, sino por las cadenas que rompen, líderes como Viriato, héroe de la resistencia frente a la conquista romana en Hispania o Leonidas I de Esparta y su legendaria resistencia en las Termópilas con solo 300 guerreros. Fui niño entre cantos y selvas, bajo el amparo de dioses que hablaban con voz de río y raíces. Pero también fui testigo de cómo el mundo se dividía en dos: la paz de los míos fue desgarrada por la ambición de hombres procedentes de otros cielos, otros mares y otras tierras, cubiertos de hierro y codicia. Nos llamaron salvajes, nos robaron la tierra, la lengua, el pan y la noche. No pudieron arrebatarnos el alma. No elegí ser líder, pero la herida me hizo palabra y la injusticia, lanza. Reuní a los míos, hermanos de sangre y de sombras, y ascendimos a las montañas como quien asciende al corazón de la tierra. Allí, donde el silencio respira hondo y los árboles ocultan secretos, plantamos el refugio de los libres. La selva nos conocía como hijos, y en su abrazo tejimos la resistencia. Éramos pocos. Pero conocíamos cada piedra como se conoce una cicatriz. La guerra no fue solo de armas, sino de paciencia, de astucia, de fe. Peleamos por el recuerdo de lo que fuimos y por el sueño de lo que aún podíamos ser. La muerte rondaba cada noche, pero no nos vencía: porque quien ha perdido todo, ya no teme al abismo. Mi historia no tiene palacios ni monumentos. Pero cada arroyo que susurra en esta isla, cada anciano que recuerda, cada niño que pregunta, lleva un fragmento de mi nombre. Resistimos. Y resistir fue también vencer. Cuando los invasores entendieron que su fuerza no podía doblegar nuestro espíritu, se sentaron a negociar. Recuperamos tierra, dignidad y palabra. No fue victoria plena, pero sí justicia parcial, que a veces es el único triunfo posible. Hoy, desde la distancia que da la eternidad, no me enorgullece haber sido leyenda, sino haber sido fiel. Fiel a mi pueblo, a la libertad, a esa voz interior que me decía: "Vivir de rodillas no es vivir". Si algo he dejado en este mundo, es una lección sencilla: la historia también la escriben los que se niegan a ser borrados.

Suposiciones

Beto Brom

Todos caminaban con la cabeza baja, la angustia y el remordimiento pesaba sobre sus hombros. Arturo, el líder, convencido de la derrota, trataba por todos los medios a su alcance, amenguar el sufrimiento de sus colegas, y por ende, el suyo propio. Pero todo era en vano, no lograba su cometido; nubes oscuras pintaron el cielo como vaticinando la pronta llegada de una tormenta. No había salida, todo estaba dicho, los hechos hablaban por si solos. Y entonces, cuando creyó que estaba todo perdido, apareció de improviso la solución inesperada... una lluvia torrencial, truenos y relámpagos nunca escuchados ni vistos, el cielo pareciera resquebrajarse. La desesperación después del fracaso, fue remplazada por una sensación de impotencia frente a un suceso natural impactante, a tal punto que era imposible decir como actuar. ¿Estaban en presencia del fin del mundo? ………… Una densa neblina dominaba...el silencio tenía la palabra...aguas de quizás un mar cercano, permanecían tranquilas...todo asemejaba el comienzo de algo nuevo… Y de la nada comenzó un pequeño ente a tomar forma, una supuesta metamorfosis acuosa que no respondía a nada conocido, lo anterior desapareció, difícil entender esta situación basándonos en los habituales parámetros. El cielo perdió su luminosidad, el día se desprendió de su habitual quehacer, el reloj del tiempo reconoció inútil su recorrido, no había duda...el eje del mundo varió sus coordenadas. Llegó el mañana aunque el hoy no había finalizado, el encuentro fue anómalo. Utópico vaticinar la continuidad del proceso… */*/*/*/*/* *REGISTR@DO/BROMBETO *Imagen de la WEB con texto agregado.

El Laberinto de los Ecos

Telmo Heraldo

El profesor Aureliano Funes, un hombre cuya memoria era, según sus propias palabras, "un espejo sin manchas y una biblioteca sin fin", se encontraba en el ocaso de su existencia. No en el ocaso vital, pues su espíritu se mantenía tan agudo como un diamante recién tallado, sino en el ocaso de una búsqueda que había consumido décadas de su vigilia: la localización de la Biblioteca Enigma. Se decía que la Biblioteca Enigma no era un lugar físico, sino una confluencia de todos los pensamientos, de todas las palabras pronunciadas y las que nunca lo fueron. Una suerte de Aleph acústico, donde el eco de una oración olvidada en el Edén se entrelazaba con el murmullo de un algoritmo futurista. Funes, obsesionado por el orden y la clasificación, dedicó su vida a desentrañar los hilos invisibles que conectaban estos ecos. Su apartamento en Buenos Aires, una Babel de libros apilados y mapas desplegados, era en sí mismo un micro-universo de esa biblioteca esquiva. Cada volumen parecía susurrarle fragmentos de la verdad, cada diagrama una clave para el siguiente enigma. Pasó años, décadas, construyendo un complejo sistema de correspondencias, un árbol genealógico de ideas que, esperaba, lo llevaría al corazón de la Enigma. Una tarde de junio, mientras el sol se ponía sobre los tejados de la ciudad, tiñéndolos de un bermellón melancólico, Funes descubrió una pauta. No en los libros, no en los mapas, sino en el silencio. Un silencio que no era ausencia de sonido, sino la ausencia de eco. Había notado que ciertas combinaciones de palabras, pronunciadas en un orden específico y con una cadencia particular, se desvanecían sin dejar rastro sonoro. Era como si el universo mismo se negara a reverberar. Con la meticulosidad de un entomólogo, Funes comenzó a experimentar. Recitó versos de Virgilio, ecuaciones de Einstein, aforismos de Heráclito. Y entonces, ocurrió. Al pronunciar una frase aparentemente inconexa —"El tiempo es un jardín de senderos que se bifurcan en un espejo"— el aire de la habitación se volvió denso. No hubo eco, no hubo reverberación. Solo una quietud que no era inercia, sino plenitud. Funes cerró los ojos. No había luz, ni sonido, pero sí una percepción abrumadora. Cada pensamiento que había concebido, cada lectura que había asimilado, cada sueño que había soñado, se desplegó ante él, no como recuerdos individuales, sino como un vasto y simultáneo presente. Vio la Biblioteca Enigma. No era un edificio, ni un espacio. Era la misma urdimbre de su conciencia. Era él. Comprendió entonces la naturaleza de su búsqueda. No había estado buscando un lugar, sino una comprensión. La Biblioteca Enigma no era algo que se encontraba, sino algo que se habitaba. Y su memoria prodigiosa, que antes le parecía una bendición y una carga, era en realidad el mapa, el catálogo y el contenido mismo de ese laberinto de ecos. Cuando abrió los ojos, la habitación seguía igual. El sol se había puesto por completo, dejando la estancia en penumbra. Aureliano Funes sonrió. Había encontrado la Biblioteca Enigma, y en su hallazgo, se había encontrado a sí mismo en la infinita trama del universo. Y su último pensamiento, antes de que el silencio lo abrazara por completo, fue: "Cada lector es, en cierto modo, una Biblioteca Enigma en potencia."

Entre la realidad y la percepción en "Las enseñanzas de Don Juan"

Sonia Tasilla Vasquez

Carlos Castaneda, cuyo nombre completo era Carlos César Salvador Arana Castañeda (1925-1998). Fue un dedicado estudiante de antropología. En 1968, la Universidad de California (UCLA) publicó su libro "Las Enseñanzas de don Juan", el primero de una serie en la que Castaneda relata su proceso de aprendizaje en el mundo de la brujería. Aunque el libro trata sobre el chamanismo, trasciende ese tema al destacar la importancia de la honestidad y el compromiso en nuestra búsqueda de conocimiento. Castaneda nos enseña que cada paso en el camino del saber requiere perseverancia y dedicación, valores esenciales para alcanzar nuestros objetivos. Por ende, promueve la valoración del esfuerzo y la dedicación en el proceso de aprendizaje, fomentando la búsqueda activa de conocimientos a través de experiencias significativas y retadoras en la actualidad. En la búsqueda del crecimiento y aprendizaje, nos encontramos con una verdad fundamental. Expresada de manera contundente, recordándonos que las lecciones más valiosas de la vida se encuentran en los desafíos que nos obligan a salir de nuestra zona de confort. Es importante abrazar los desafíos y aprender de las experiencias difíciles, ya que nos llevan un paso más cerca de ser quienes queremos ser: "Añadió que nada en este mundo era un regalo: todo cuanto hubiera que aprender debía aprenderse por el camino difícil."(Castaneda, 1968, p.14). Del párrafo resaltamos la idea de que el verdadero crecimiento y aprendizaje en la vida no provienen de soluciones rápidas o regalos, sino que requieren enfrentarse a desafíos y recorrer el camino difícil. Nos recuerda que el verdadero valor del conocimiento y las habilidades se obtiene a través del esfuerzo y la experiencia, y que cada obstáculo superado es una oportunidad para crecer y aprender. En un mundo donde a veces buscamos atajos o soluciones fáciles, esta perspectiva nos insta a abrazar los desafíos y a aprender de las dificultades que encontramos en el camino de la vida. En este fragmento el autor nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del aprendizaje y el crecimiento personal. Nos recuerda que las lecciones más valiosas de la vida rara vez vienen envueltas en un paquete fácil de abrir. En cambio, se encuentran en los desafíos, en las experiencias que nos obligan a expandir nuestros límites y a enfrentarnos a lo desconocido. Casi siempre buscamos soluciones rápidas o esperamos que el conocimiento nos sea entregado sin esfuerzo. Sin embargo, tenemos que aprender a valorar el proceso, a reconocer que cada obstáculo superado y cada dificultad enfrentada nos lleva un paso más cerca de nuestros objetivos. Por otro lado, existen varias formas para adquirir conocimientos, una de ellas por medio de la conversación. Sin embargo, es un tema debatible entre varios autores. En el siguiente fragmento citado de la obra de Castaneda se presenta una postura radicalmente opuesta al valor del aprendizaje a través de la conversación, el autor cuestiona la efectividad de este método y las percepciones asociadas al acto de aprender: "Dijo que aprender por medio de la conversación era no solo un desperdicio, si no una estupidez, porque el aprender era la tarea más difícil que un hombre podía echarse encima"( Castaneda, (1968), p. 29). El texto presenta una postura que cuestiona la idea de que el aprendizaje a través de la conversación sea inútil o incluso estúpido. Argumenta que el aprendizaje es una tarea difícil y desafiante para cualquier individuo. Podemos resaltar la importancia y el valor del aprendizaje, sugiriendo que es una empresa que requiere dedicación y esfuerzo considerable por parte del individuo. Además, implícitamente se sugiere que desestimar el aprendizaje a través de la conversación como "inútil" o "estúpido" puede ser una actitud limitante que subestima la capacidad humana para adquirir conocimiento y comprensión a través de la interacción verbal y la comunicación. El texto nos invita a cuestionar las creencias convencionales acerca de los métodos de aprendizaje y nos insta a explorar una variedad más amplia de enfoques para adquirir conocimientos de manera efectiva. En la sociedad actual, muchas veces se tiende a seguir patrones establecidos y métodos tradicionales de enseñanza, sin embargo, es crucial reconocer que la diversidad de estrategias de aprendizaje puede enriquecer nuestra experiencia educativa y potenciar nuestro crecimiento personal. Al reflexionar sobre la idea planteada, podemos considerar que cada individuo tiene un estilo de aprendizaje único y que lo que funciona para una persona puede no ser igualmente efectivo para otra. Es fundamental abrir nuestra mente a nuevas formas de aprender, ya sea a través de la experimentación, la colaboración con otros, la tecnología o la exploración de diferentes disciplinas. Esta apertura nos permite expandir nuestros horizontes, estimular nuestra creatividad y desarrollar habilidades que van más allá de la mera acumulación de información. Entonces, ¿Cómo puede la diversidad de estrategias de aprendizaje contribuir a potenciar el crecimiento personal y enriquecer la experiencia educativa de los individuos en un mundo en constante evolución? En resumen, el texto destaca la importancia del esfuerzo, la experiencia y la superación de desafíos en el crecimiento y aprendizaje personal. Se enfatiza que el verdadero valor del conocimiento y las habilidades proviene del enfrentamiento a obstáculos y de superar los límites habituales. Se invita a reflexionar sobre el aprendizaje que requiere dedicación y esfuerzo, cuestionando la idea de que el aprendizaje a través de la conversación sea inútil. Se promueve la exploración de diversas estrategias de aprendizaje para enriquecer la experiencia educativa y potenciar el crecimiento personal en un mundo en constante evolución. La diversidad de enfoques se presenta como una oportunidad para expandir horizontes, estimular la creatividad y desarrollar habilidades más allá de la mera acumulación de información. ¿Cómo crees que la disposición a enfrentar desafíos y salir de la zona de confort puede impactar positivamente en tu crecimiento personal y en la adquisición de conocimientos y habilidades? REFERENCIAS: Castaneda, C. (2024, 4 enero). Las enseñanzas de Don Juan Resumen PDF | Carlos Castaneda. Las Enseñanzas de Don Juan Resumen PDF | Carlos Castaneda. https://www.bookey.app/es/book/las-ense%C3%B1anzas-de-don-juan#:~:text=Las%20ense%C3%B1anzas%20de%20don%20Juan%20son%20una%20invitaci%C3%B3n%20a%20explorar,3%20conceptos%20esenciales%20del%20libro. Chavenato. (2020, 20 mayo). Carlos Castaneda - Entrevista 1.a parte. México 1982 - Explorador de lo desconocido [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=HelmK8z1H20 Endara, F. (2021, 10 septiembre). Reseña de Las enseñanzas de Don Juan de Carlos Castaneda. La Disputa. https://ladisputa.org/2021/08/18/resena-las-ensenanzas-don-juan-carlos-castaneda/ Malasombra. (2024, 29 enero). AUGE y CAÍDA DEL ESCRITOR MÁS INFLUYENTE DEL S.XX. DOCUMENTAL CARLOS CASTANEDA. [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=dshbXvCon2s Moisés Garrido y Claudia M. Moctezuma. (2018, 28 mayo). LAS ENSEÑANZAS DE CARLOS CASTANEDA («Negro sobre Blanco», TVE, 2001) [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=xJAg-jmMvTk

Altos decibelios del silencio

Beto Brom

El telón permanecía abierto. La minúscula utilería mostraba una sala de casa de familia, un sofá grande con unos almohadones, a sus costados dos lámparas de pie encendidas, una mesa ratonera larga frente a él, repleta de vasos, copas y platos apilados; a simple vista usados, a entender por las botellas vacías en número no despreciable. En el medio del predio una enorme mesa de madera antigua, las sillas que constituían el juego, desalineadas como después de una reunión, fiesta o evento similar. Una pila de diarios destacaba su presencia, al igual que decenas de libros desparramados sobre la impactante mesa. En un rincón un tanto alejado un pequeño sillón como abandonado, de color rojo fuego; no obstante, su lejanía del centro del escenario, invitaba las miradas de los espectadores sentados a la espera del comienzo de la representación teatral. A juzgar por los cuadros colgados en la pared del fondo, los dueños de casa, gustaban de motivos campestres, naturaleza resaltada en colores y matices que otorgaban una sensación de calma, que parecería interrumpida por el desorden reinante en dicha habitación. No se escuchaba música ambiental, propia de puestas en escena acostumbradas; el silencio ocupaba forzosamente los sentidos, en especial los auditivos, del público, resultando como un grito de atención frente a lo que allí ocurriría. La puerta, situada en la parte izquierda del escenario, pegada a lo que pareciera una pieza contigua, se abrió y un hombre entrado en años pasó sin cerrarla, se dirigió al sillón rojo, y mientras sacaba de uno de los bolsillos de su abrigada campera unos papeles, tomó asiento como desplomándose en él. Una luz amarillenta alumbró aquella parte de la escena. Montó frente a sus ojos un par de anteojos que le colgaban del cuello, y dio a entender que leía lo escrito en dichos papeles. Transcurrieron ciertos minutos, que parecieron largos, mas nuestro señor, por lo visto absorto sobre manera en la lectura, solo atinó a reacomodar sus lentes, cambiar de posición y acercar la pequeña lamparilla sostenida de la pared cercana al sillón. Dejó de leer, se levantó, por lo visto en la expresión de su cara, malhumorado, se acercó a la mesa del centro, revolvió entre los diarios, tomó uno y retornó a su sillón. En una mano las hojas del diario seleccionado, y en la otra los susodichos papeles continuaron ocupando en forma intensiva al nervioso personaje, a decir por la fruncidas del ceño y la tensión de su cuerpo, fácilmente notorios desde la platea. A los escasos segundos, por lo apreciado, llegó a un punto crítico, importante de la lectura, que le ocasionaron un notable trastorno, produjeron un temblor en todo el cuerpo, arrojó con furia papeles y diario al aire; a pasos acelerados salió de escena atravesando la puerta abierta, por donde hizo su aparición. Se escuchó un golpe de puerta, ruido de una caída de algo al suelo, otro golpe de otra puerta cerrarse con mucha fuerza, a entender por el estruendo escuchado. Nuevamente pasos enérgicos. Apareció con los ojos, podría decirse fuera de sus órbitas, en una mano portaba un revolver, la lectura descalabró aparentemente su estado anímico, vociferaba con la boca cerrada. Levantó en forma agresiva los papeles diseminados por el piso, con su mano libre, los metió dentro de uno de sus bolsillos. Paso seguido pisoteó la hoja del diario; estaba fuera de sí, caminó hacia un lado, dio unos pasos, volvió al sillón, se sentó y volvió a pararse, sus nervios exaltados no le permitían controlarse. Miró sin ver a su alrededor, parecería dispuesto a tomar decisión sobre su accionar. Se acercó casi al límite del escenario, frente al público auscultó uno a uno, como buscando ayuda, sus facciones eran duras, un cierto sudor fue perceptible en su rostro. Más de uno de los espectadores, aterrados por el desenvolvimiento de la trama, quizás se ofrecerían a dar una mano al desesperado, pero nadie atinó siquiera a moverse. Éste, levantó frente a si el arma empuñada, la miró con extrañeza, sin comprender el significado de su existencia, acercó su otra mano como ayuda para sostener aquel raro artefacto. Era con seguridad el momento crítico. El silencio fue en aumento, era posible escuchar los latidos apresurados del corazón de aquel sujeto, sus ojos perdieron luminosidad, un leve carraspeo quiso romper el silencio reinante. Todos esperaban un desenlace ya próximo, la tensión en la sala era escalofriante, una ráfaga helada cubrió el ambiente; el descarriado optó por volver sobre sus pasos dirigiéndose a la pieza continua. La puerta se cerró. Un susurro de un parlante quiso llamar la atención del público clavado en sus asientos. Una suave voz de mujer se dejó oír, por intermedio de parlantes, en toda la sala del teatro: *Mi triste corazón no me permite continuar llevando esta vida doble. Siempre te querré, de ello no hay duda, has sido para mí, un todo, y quizás más. No te arrepientas de haberme querido, no te ofrecí posibilidad distinta. Lo que por mi has hecho no tiene recompensa. Tu amor sincero, aceptó todas las inclemencias del tiempo a mi lado. Soy culpable, sin serlo, me obligo a sufrir sin merecerlo. Tu dimensión es comparable al vuelo de la paloma de la Paz, aquella que busca eternamente llegar a tierra firme. Mis costas no son buenas, las arenas están pisoteadas por huellas extrañas. Olvidar no puedes, amarme es fuera de tu alcance. Mi pensamiento vuela sin cesar, como un sentimiento en un camino errado. No me esperes, yo continúo aguardando tu llegada* Se escuchó un ensordecedor ruido, típico de un disparo de arma de fuego; las paredes del teatro no pudieron sostener el impacto, la acústica del techo refutó en los tímpanos de los espectadores. Más de uno saltó en su butaca, hubo quienes exclamaron un gritillo de susto… Lentamente fue cayendo el telón. ||||||||||||||||||||||||||| *Registrado/Safecreative N°0912305230535

¿Cómo aborda Albert Camus el tema del absurdo en "El extranjero"?

Pedro Fernando Uzuriaga Rojas, Vania Salome Torres Alvarez, Saul Fernando Soto Reategui, Eldy del Pilar Soto Vallejos y Eduardo Enrique Zavala Berrospi

El libro El Extranjero de Albert Camus es conocido por ser una de las obras más popular del autor, no solo por su temática si no por su contexto donde estaba escrita, desarrolla una filosofía de la absurdidad de nuestra existencia y de lo incoherente que es, esta obra fue analizada desde la óptica existencialista a pesar de que el autor negó pertenecer a dicha corriente. Albert Camus nació el año de 1913, en Mondovi, una ciudad en la Argelia Francesa en una condición de pobreza extrema, llamado por algunos periodistas «El Benjamín de la literatura universal francesa», fue un filósofo y ensayista francés, entre muchas más profesiones. En 1942 Camus publicó sus dos más grandes obras El mito de Sísifo y El extranjero, tenía tan solo 29 años, escribiéndose simultáneamente cuando estaba gravemente enfermo, sufriendo dos episodios críticos de tuberculosis que habían afectado a sus pulmones, fue un convencido anarquista, y dedicó parte importante de su libro El hombre rebelde a exponer y cuestionar sus propias convicciones. La última producción literaria que escribió en vida Camus sería una Los relatos del exilio y el reino (1957) la cual representan la última obra antes. Camus escribió El extranjero como una crítica hacia la sociedad que margina al individuo. En el contexto de una Europa devastada por dos guerras mundiales, esta obra refleja una narrativa sombría, donde el entorno está marcado por la falta de pasión o voluntad humana. La duda de Meursault de que fue "hoy" o "ayer" es el pensamiento filosófico del autor retratado en una sola frase, el absurdismo, la falta de convicción social hacia todo lo que ocurre a su alrededor, en un estado de total apatía. Esto tiene que ver mucho con lo que nos quiere decir el autor y se refleja en la siguiente pregunta ¿de qué sirve vivir si igual vamos a morir? Se puede notar algo de este hecho sobre cómo la tranquilidad que muestra Meursault sobre algo tan sagrado para muchos o todos como lo puede ser el entierro de nuestra propia madre y por qué tendríamos que hacer tanto revuelo por algo tan natural como lo es la muerte, él lo pone en cuestionamiento. Así mismo todo lo absurdo que es la idea de vivir, según el desarrollo de la obra, genera el extrañamiento, sentirse ajeno en un ambiente común, según Martínez (2023) «Meursault es un joven indiferente ante la vida, que reacciona a los problemas sin la emoción que la sociedad espera de él». Por ello Camilo subraya la idea de que Meursault vive en un estado de apatía emocional y una búsqueda constante de sentido en un mundo absurdo y sin propósito aparente. Esto se consuma con el hecho de que Meursault es una persona que es indiferente, ante todo, pero se puede hacer muchas más interpretaciones de lo sin sentido de la vida ¿es el sentido de la que damos a la vida una mera ilusión para llevar nuestra misteriosa existencia? o simplemente la vida está carente de todo significado y que todo lo que nos rodea, el Universo es irracional y solo somos una broma cósmica, y, por lo tanto, toda la vida resulta como algo absurdo. Sin embargo, Camus dice que esta carencia de aparente sentido a la vida, puede ser una oportunidad para vivir la vida más plenamente y sin cadenas. Sin embargo, nunca quiso decir que somos seres absurdos o todo el mundo que nos rodea lo es, si no apelaba al hecho de que los humanos somos seres obsesionados con ver claridad y orden y darles un sentido a las cosas, el grito del ser humano al significado del universo es respondido con un silencio apabullante. Este conflicto es lo que Camus y su obra quieren decir con lo absurdo, ese deseo de darle sentido a nuestra existencia y cuando aparentamos haberlo comprendido se desvanece como de nuestras manos, la realización de que somos un grupo de primates viviendo en una roca que llamamos Tierra en un vasto lugar que no es indiferente y que dentro de 100 años ya nadie va a saber que hemos existido, en un principio puede llevar a uno a la desesperación y llegar a preguntarse ¿cuál es el punto de todo esto? es cuando se da cuenta del sin sentido y nos cuestionamos del ¿por qué debo ir a trabajar como un esclavo, tener una familia, ir a la iglesia? ¿por qué debo de escuchar música? ¿qué ganaré con eso? Por lo tanto, Camus nos habla de lo absurdo de todo, y que refleja, desde la perspectiva de nuestro tiempo, de lo que nos pasa como individuos en la era tecnológica actual, asfixiados, llenos de estímulos permanentes, ejemplo, las redes sociales, el carro inteligente, el celular inteligente, el bombardeo de datos, etc., lo que al final desarrolla el sentimiento de vacío y hacer cosas por pura inercia que ni siquiera nos dan placer y ni tienen una justificación a nuestro alrededor, y que resulta en la extrema soledad que siente el individuo en la era moderna. Meursault presenta un notable desapego emocional hacia acontecimientos importantes como la muerte de su madre y las interacciones sociales, lo que muestra desinterés hacia las normas sociales y las convenciones emocionales. A pesar de su indiferencia general, parece vivir en el presente, disfrutando de lo bien que se siente nadar y de la compañía de Marie, sin preocuparse por el pasado ni el futuro. Además, la falta de sentido y propósito en la vida, son características del pensamiento de lo absurdo. Sus acciones parecen no tener otra motivación que el simple placer físico y la gratificación instantánea. De igual manera, la muerte de la madre de Meursault y su posterior olvido de que era sábado destacan el contraste entre la vida y la muerte, así como entre la rutina diaria y los momentos de goce y desconexión. Aunque Meursault disfruta de estar con Marie, sus interacciones parecen superficiales y carecen de profundidad emocional. Esto resalta cómo el protagonista mantiene una distancia emocional evidente, manifestada en su narrativa indiferente y su falta de respuesta emocional ante eventos significativos, como la muerte de su madre. En consecuencia, su actitud apática y desinteresada hacia la vida, así como también las interacciones personales, sugiere una forma de rebelión contra las expectativas sociales; sin embargo, nos enfrenta a la realidad de la desconexión emocional que puede resultar de esta actitud. La falta de comprensión y empatía en las relaciones humanas resalta la importancia de la comunicación clara y la capacidad de ponernos en el lugar del otro, lo que nos lleva a cuestionar la naturaleza de nuestras interacciones sociales y emocionales ¿Estamos simplemente siguiendo normas y convenciones, o buscamos autenticidad y conexión genuina? La manera en que respondamos este cuestionamiento variará según los valores y las prioridades personales, así como el entorno en el que nos encontremos. Por otro lado, este proceso de búsqueda requiere autoexploración, valentía para desafiar las expectativas sociales y disposición para ser vulnerables con los demás. En última instancia, es un viaje personal que cada individuo debe emprender, pero que puede enriquecer nuestras vidas y nuestras relaciones de manera profunda y significativa. Según Eguren (2023) «El personaje acepta el mundo tal como es, sin chistar, y la sociedad lo condena por tal actitud cegadora como el sol». Así pues, este hecho destaca la complejidad de la relación entre el individuo y la sociedad, así como la naturaleza de las expectativas sociales y la percepción del comportamiento humano. También plantea preguntas sobre la moralidad y la justicia, que se ven influenciadas por las normas sociales y las convenciones emocionales. En última instancia, sugiere que la aceptación pasiva de la realidad puede llevar a consecuencias imprevistas y a una desconexión entre las acciones individuales y su percepción por parte de la sociedad. La narrativa en primera persona nos invita a sumergirnos en los pensamientos y emociones del protagonista, permitiendo así una conexión más íntima con su experiencia en el tribunal, por lo tanto, plantea interrogantes sobre la subjetividad en la interpretación de los eventos y en la construcción de la empatía hacia el personaje central. Además, la creación de tensión y suspense a través de la espera prolongada del veredicto nos lleva a reflexionar sobre cómo se maneja el ritmo narrativo y si esta técnica es efectiva para mantener el interés del lector; asimismo, nos plantea preguntas sobre la relación entre el tiempo narrativo y la profundización de la atmósfera emocional. Por otra parte, el giro inesperado en el veredicto desafía nuestras expectativas y nos lleva a considerar la coherencia narrativa, cuestionando si este giro dramático es una táctica efectiva para impactar al lector o, por el contrario, podría considerarse un recurso superficial; esta sorpresa también abre un debate sobre la autenticidad y credibilidad de la narrativa. Además, los detalles de caracterización enriquecen la trama y sugieren la complejidad de los personajes secundarios, lo cual nos lleva a preguntarnos cómo influyen estos detalles en nuestra percepción de los motivos y acciones de los personajes y que revelan sobre las dinámicas de poder y relaciones sociales dentro de la historia. Al final, el tema de la resignación y la inevitabilidad del destino nos invita a reflexionar sobre la filosofía existencial y la representación de la condición humana en la obra, cuestionando cómo se manifiesta esta resignación en el protagonista y qué nos dice sobre la naturaleza del libre albedrío y el control sobre nuestro propio destino. El extranjero de Albert Camus es una obra que desafía las normas y expectativas de la sociedad a través de la perspectiva única de su protagonista, Meursault. La novela es una representación magistral de las ideas del existencialismo y el absurdo, invitando al lector a cuestionar la naturaleza de la existencia y el sentido de la vida. Meursault es un personaje que se desvía radicalmente de lo que se considera normal en términos de emociones y comportamientos sociales. Su indiferencia ante la muerte de su madre y su incapacidad para expresar sentimientos convencionales, como el amor o el arrepentimiento, lo colocan en un lugar de alienación total. Esta alienación no sólo lo separa de los demás, sino que también lo convierte en un forastero en su propia vida. El juicio de Meursault es otro punto clave de la novela. Más que juzgar el acto del asesinato, el tribunal parece más interesado en condenar la actitud indiferente de Meursault ante la vida. Su falta de conformidad con las expectativas emocionales de la sociedad es percibida como una amenaza, lo que lleva a su condena no solo por el crimen cometido, sino también por su incapacidad de encajar en el molde social. Esta parte de la obra pone en evidencia la hipocresía de una sociedad que prefiere la mentira y la falsa moralidad antes que enfrentar la verdad cruda de la existencia humana. La narrativa minimalista y la prosa desapasionada de Camus reflejan perfectamente la perspectiva de Meursault. Al final, cuando Meursault acepta la indiferencia del universo y su propio destino, Camus nos presenta una visión clara del absurdo: la vida no tiene sentido inherente, y la búsqueda de significado es una tarea personal e intransferible. El extranjero es una obra provocadora que desafía al lector a revaluar sus propias creencias sobre la vida, la muerte y el sentido de la existencia. A través del protagonista, Camus nos muestra la belleza cruda de la honestidad y la aceptación del absurdo, dejando una marca indeleble en la literatura y en la filosofía moderna. A través del libro de Albert Camus se puede entender el tipo de mundo en el que vivimos, el de aislamiento y de soledad del individuo, una obra que originalmente fue escrita para retratar el ya muy repetido absurdo de la vida terminó siendo objeto de entendimiento del intoxicamiento de estímulos permanentes del que el individuo está sometido, como el internet, las noticias, los videojuegos etc. Que resulta en el sentimiento de un nada del yo interno. Del que no sentir empatía con los demás, es decir, sentirnos extranjeros en nuestro propio entorno. En definitiva, el libro de Camus nos lleva a reflexionar, analizar y a ponernos a pensar acerca de cómo la condición de Meursault, a simple vista, una descripción de nuestra de la sociedad de la posguerra, tiene cada vez más relevancia de acorde a la nuestra, siendo la misma sociedad con la que vivía Camus como la que tenemos ahora, siendo también una advertencia de cómo la indiferencia ante todo puede llevarnos a perderle sentido a todo, como por ejemplo dar likes a publicaciones de niños hambrientos en África y decir que resolviste tal situación, por supuesto, todo esto es la nada misma, no tener ningún tipo de compromiso. En fin, lo que Camus trata de retratar es que la vida es lo que nos pasa a diario, nuestros enojos, llantos, alegrías y la indiferencia como la de Meursault, no es vida, es muerte en vida. Referencias: Eguren, C. J. (2017, marzo 10). Crítica del libro: El extranjero de Albert Camus, matar a otro. Carlos J. Eguren. https://carlosjeguren.com/critica-el-extranjero-albert-camus/ Martínez, C. (2023, junio 13). Crítica: Opinión del libro El Extranjero de Albert Camus. https://mariamoliner.junior-report.media/opinion-del-libro-el-extranjero-de-albert-cam us/

La Violencia en «Cien Años de Soledad»

Gerson Daniel Ramirez Veliz, Leonardo Favio Raqui Marmanillo y Treicy Chantal Portuguez Torre

La Violencia en «Cien Años de Soledad»: Un Análisis de sus Manifestaciones Físicas y Emocionales - Violence in "One Hundred Years of Solitude": An Analysis of its Physical and Emotional Manifestations Autores: Gerson Daniel Ramirez Veliz Leonardo Favio Raqui Marmanillo Treicy Chantal Portuguez Torre Universidad Privada del Norte Lima – Perú RESUMEN El ensayo «La influencia negativa de la violencia en Cien años de soledad: un análisis de sus manifestaciones físicas y emocionales» examina cómo la violencia afecta a los personajes de la novela de Gabriel García Márquez, tanto físicas y emocionales. En primer lugar, el niño con una cola de cerdo simboliza la marginación y discriminación debido a diferencias físicas, mostrando cómo estas pueden impedir el desarrollo personal y social, generando sentimientos de inferioridad. En segundo lugar, la brutalidad del capitán contra los trabajadores ilustra las devastadoras consecuencias de la represión autoritaria, donde la falta de diálogo y comprensión termina en violaciones a los derechos humanos. En tercer lugar, el coronel Aureliano Buendía representa la perpetuación de la violencia a través de levantamientos armados, subrayando cómo la violencia aprendida y practicada perpetúa un ciclo de agresión y sufrimiento. En cuarto lugar, la espera y desgaste emocional de la mujer contrastan con la aparente paz de Aureliano, revelando que la dependencia emocional y la incapacidad para superar la pérdida pueden llevar a un profundo desgaste físico y mental. Finalmente, se resalta la importancia de abordar la violencia y la salud mental de manera integral, promoviendo una sociedad más inclusiva y empática. The essay "The negative influence of violence in One Hundred Years of Solitude: an analysis of its physical and emotional manifestations" examines how violence affects the characters in Gabriel García Márquez's novel, both physically and emotionally. First of all, the boy with a pig's tail symbolizes marginalization and discrimination due to physical differences, showing how these can impede personal and social development, generating feelings of inferiority. Secondly, the captain's brutality against the workers illustrates the devastating consequences of authoritarian repression, where the lack of dialogue and understanding ends in human rights violations. Thirdly, Colonel Aureliano Buendía represents the perpetuation of violence through armed uprisings, underscoring how learned and practiced violence perpetuates a cycle of aggression and suffering. Fourthly, the woman's waiting and emotional exhaustion contrasts with Aureliano's apparent peace, revealing that emotional dependency and the inability to overcome loss can lead to profound physical and mental exhaustion. Finally, it highlights the importance of addressing violence and mental health in a holistic manner, promoting a more inclusive and empathetic society. Palabras Clave – keywords: (Violencia; Buendia, Físicas, Consecuencia; Violence; Buendia, Physics, Consequence) El presente ensayo aborda la influencia negativa de la violencia física y emocional en los seres humanos, explorando sus manifestaciones en diversos contextos literarios y sociales, de la obra Cien años de soledad del autor Gabriel García Márquez, esta obra le llevó escribirla dieciocho meses, entre 1965 y 1966 en la ciudad de México, y se publicó por primera vez a mediados de 1967 en Buenos Aires. La idea original de esta obra surge en 1952 durante un viaje que realiza el autor a su pueblo natal, Aracataca, en compañía de su madre. Además, se examinan distintas situaciones y personajes que ilustran cómo estas formas de violencia afectan profundamente en nuestras vidas, tanto a nivel individual como colectivo. Asimismo, el análisis se centra en la mezcla de realismo mágico y la crudeza de la violencia en un entorno conservador y supersticioso, la brutalidad autoritaria en contextos de represión política, el impacto de los conflictos armados, en la identidad y liderazgo de un personaje, el desgaste emocional causado por la espera y la dependencia emocional. Esta nos hace reflexionar sobre las consecuencias de la violencia, además de la importancia de promover una sociedad más inclusiva y empática. Los personajes reflejan una mezcla de superstición y aceptación de lo insólito destacado por su singularidad y la naturaleza surrealista de la narrativa. Sin embargo, el ambiente mágico-realista al mismo tiempo muestran un contexto social y cultural que implica una sociedad conservadora y supersticiosa, donde las anomalías físicas pueden ser motivo de marginación y temor cómo en el caso del niño que nació con una cola de cerdo resultando en una malformación, asimismo las actitudes de los personajes oscilan entre la indiferencia y la curiosidad ante lo extraordinario. Ahora bien, si comparamos con la actualidad, el pasaje ilustra cómo las creencias y actitudes hacia la diferencia físicas tienen un impacto negativo en la vida de una persona y que al paso del tiempo existe una mayor conciencia sobre estas causas, pese a esto la sociedad continúa con la discriminación, la estereotipación y el miedo a lo diferente. La imagen de un hombre con una cola de cerdo nos hace cavilar sobre la aceptación de la diversidad y la importancia de encontrar nuestra identidad en un mundo que tiende a igualarse y uniformarse. Por lo tanto, la vida de una persona puede verse afectada de manera social como sentimental, impidiendo así el desarrollo de sus capacidades e inclusive llegando a formar una identidad propia. En efecto, un hombre que sufrió durante sus cuarenta y dos años de vida, a causa de una anomalía física corporal, en otras palabras, la presencia de una cola de cerdo, siendo precisamente el escollo para relacionarse con mujeres. Sufriendo así discriminación por de ellas y por parte de la sociedad, llegando a fenecer desangrado después de haberse cortado esa cola de cerdo que lo marcó durante toda su vida. Por ello se hace las siguientes interrogantes ¿cómo afecta en la vida social que una persona tenga una condición física distinta? ¿La vida que llevó el hombre pudo ser distinta? Hoy en día la identidad de una persona juega un papel importante en el desarrollo moral ante la sociedad, ya que, esta influye en su día a día y como esta se relaciona con los demás. Bay, et al, (2024) sugieren que, «la identidad personal, desde la perspectiva de la psicología constructivista, se configura como un proceso continuo y dinámico. Cada individuo, de manera activa, construye su percepción y posición en relación con el entorno que le rodea» Puesto que, como refieren los autores desde una perspectiva psicológica, el hijo del tío de José Arcadio es marginado por la sociedad, debido a su condición física, afectando así a su desarrollo como persona, acarreando sentimientos de inferioridad, vergüenza y falta de aceptación propia, desembocando no solo en su persona. También es crucial abordar esto a través del apoyo individual, cambios sociales y políticas inclusivas para si reducir la discriminación y promover una sociedad más justa. El capitán tiene autoridad, características propias de un oficial al mando, frente a un ambiente caótico debido a las protestas de los trabajadores, con una represión política y social. Aunque, análogamente esto refleja la brutalidad por parte de las autoridades ante el pueblo tomando un control sobre la sociedad. Por ende, las acciones realizadas por el capitán son devastadoras, ya que fusiló a la población demostrando la firmeza de sus palabras. Por ello, el narrador omnisciente nos permite conocer los pensamientos y emociones del capitán ante la población reflejando la tensión del momento y la frialdad de este. La falta de diálogo y el uso desproporcionado de la fuerza generan graves conflictos violentos y masacres no esperadas. Es más, tales acciones impactan de una manera negativa dentro de una sociedad que se basa en la ley, el orden y la democracia. Sin embargo, la comunicación y la empatía pueden ser métodos para evitar situaciones lamentables cómo estas. A su vez, esto nos describe hechos de tensión y conflicto en dónde un capitán intenta dispersar a una multitud que se encontraba en una estación. Sin embargo, no hicieron caso a la advertencia del capitán y se mantuvieron en su lugar, lo que provocó un cierre violento con el uso de armas de fuego (ametralladoras). Y esto nos obliga a preguntarnos ¿qué nos transmite el autor en esta escena de confrontación entre la autoridad y la multitud? ¿La violencia es la clave para resolverlos los conflictos? Puesto que, el autor podría estar transmitiendo la fragilidad de la autoridad frente a la resistencia colectiva, así como las consecuencias devastadoras de la falta de diálogo y comprensión mutua. Así mismo, no se llega a ningún trato pacífico ocasionando una desconexión social. Martínez, (2018) «Siempre que haya divergencias en los intereses, opiniones y necesidades o cualquier tipo de incompatibilidad, se generará una oportunidad para un desacuerdo o disputa». Así pues, estamos en contra del conflicto tenso y peligroso entre la autoridad y la multitud, ya que no es la manera más viable de poder solucionar problemas, Además los conflictos armados conllevan a violación en los derechos humanos como ejecuciones, torturas y entre otros derechos que atentan contra la vida de las personas afectando así plenamente a la sociedad llevándolo en un estado de decadencia. Aureliano Buendía es un hombre valiente, desafiante y fatalista, quien promueve levantamientos armados y sobrevive a numerosos peligros, sus actitudes oscilan entre la valentía y la desesperación. Aunque también muestra resignación ante su destino. Si bien el ambiente que evoca es de violencia y agitación política, los problemas que enfrenta incluyen la lucha por el poder y la supervivencia en un entorno hostil y caótico. En cambio, si comparamos con la actualidad, esto refleja los desafíos de liderazgo y resistencia en contextos de conflicto político y social, ya que la época en la que se sitúa está inspirada en una era de agitación revolucionaria y dictaduras. Por ende, las consecuencias de sus acciones incluyen la pérdida de sus hijos y una constante amenaza de su propia existencia. Si bien, la vida del coronel Aureliano Buendía refleja violencia y agresividad, llegando a ser temido y respetado por el gobierno. No obstante, es importante saber que pese a obstáculos que se nos presente en la vida, podremos salir adelante y ser mejor que antes, demostrándole a la sociedad que podemos superarnos día a día. La vida del coronel Aureliano Buendía, a pesar fue cruda con él, lo puso en varias situaciones de riesgo, aunque algunos eventos son algo ilógicos y distantes de la realidad. Por ello, nos realizamos la siguiente pregunta ¿cómo está representada la vida del coronel Aureliano Buendía? ¿Qué refleja la figura del coronel Aureliano Buendía? Aunque, la violencia juega un papel muy importante en la vida del coronel debido a que está envuelto en guerras y levantamientos armados. Según Beller (2017), «la violencia es producto del aprendizaje social. Es importante saber cómo se adquieren y mantienen los comportamientos agresivos. El aprendizaje directo (es decir, practicar, y con éxito, la violencia) es la mejor manera para adquirir los comportamientos agresivos futuros». Por lo tanto, la influencia del coronel en la guerra, así como la imposibilidad de escapar al destino trágico que parece perseguir a la familia Buendía, mostramos rechazo ante el uso de la violencia, ya que conlleva a que la sociedad no pueda seguir progresando de una manera uniforme provocando que el país se mantenga en un estado de subdesarrollo. La mujer refleja un comportamiento de espera prolongada y desesperación, con un gran desgaste físico y emocional. En cambio, Aureliano muestra haber superado el dolor y haber encontrado la paz después de lo sucedido. Sin embargo, el entorno presentado sea oscuro, nos da a conocer el estado emocional de ambas partes abordando temas como la espera, desilusión, pérdida y la búsqueda de consuelo, Asimismo, la mujer muestra rasgos de amor maternal, mientras que, en su contraparte, Aureliano encontró una manera de seguir adelante. En consecuencia, tenemos los problemas físicos que se le muestran a la mujer y un desgaste emocional, mientras que Aureliano parece haber encontrado la tranquilidad después del dolor. Además, se expresa la experiencia desgarradora de una mujer marcada por la espera de amores fugaces. Aunque, busca refugio en Aureliano, encuentra que su dolor persiste. Por ende, no debemos aferrarnos demasiado a las expectativas y a las personas que pueden llegar a abandonarnos. De la misma manera, tenemos pérdidas de personas u objetos valiosos para nosotros, y nos enfrascamos en eso, guiándonos por un camino de oscuridad. Sin embargo, saber superar estas adversidades nos lleva a un mejor futuro. Es decir, que encontrar un equilibrio entre la apertura al amor y la protección de nuestro propio bienestar emocional, podremos disfrutar de una vida mucho más feliz. Incluso, se muestra una metáfora que en palabras de la mujer busca el amor de un hombre que por la espera le trajo consecuencias físicas en su cuerpo por el mismo tiempo transcurrido y la madurez del cuerpo. También, trajo consecuencias emocionales como el apagamiento del fuego o calor emocional en el corazón de alguien, por otra parte, Aureliano se muestra superado, dejando atrás el dolor con el que cargaba. Por esta razón, nos preguntamos ¿Qué simboliza la espera para la mujer? ¿Qué representa la acción de buscar a Aureliano en la oscuridad y mostrarle ternura maternal? En efecto, La espera de la mujer nos muestra una dependencia emocional que tiene, por ello, busca refugio en Aureliano, pero no la ayuda con el dolor que aún persiste. Según, Ricós (2022) sugiere que «La dependencia emocional es un estado psicológico que tiene lugar en las relaciones personales, ya sean familiares, de pareja o de amistad». Por lo tanto, la salud mental de la mujer en el personaje de Aureliano ilustra cómo este estado psicológico puede no ofrecer una solución efectiva al dolor emocional. A pesar de buscar refugio en la relación, el sufrimiento persiste, lo que refleja la importancia de abordar la dependencia emocional con un enfoque integral que incluya la autoexploración, el autocuidado y, posiblemente, la ayuda profesional para lograr una mayor estabilidad y formar relaciones más saludables. En conclusión, es importante recalcar cómo la violencia física y emocional tienen un impacto negativo en los seres humanos y cómo se refleja en diversas situaciones y personajes. El ensayo presentado destaca cuatro casos que ilustran claramente estas consecuencias. En primer lugar, el niño con una cola de cerdo simboliza la marginación y la discriminación debido a diferencias físicas. Por ende, su trágica historia muestra cómo la sociedad puede impedir el desarrollo personal y social, generando sentimientos de inferioridad y falta de aceptación propia. Asimismo, esta discriminación es un recordatorio de la necesidad de una mayor conciencia y políticas inclusivas para disminuir el estigma y fomentar la diversidad. En segundo lugar, la brutal opresión ejercida por el capitán contra los trabajadores demuestra la devastadora consecuencia del uso desproporcionado de la fuerza. Además, la falta de diálogo y comprensión entre las autoridades y los residentes no solo conduce a violencia innecesaria, sino también a violaciones de derechos humanos, justificando que la violencia no es una solución viable para los conflictos. En tercer lugar, El coronel Aureliano Buendía simboliza la perpetuación de la violencia a través de levantamientos armados y guerras, exponiendo cómo la violencia aprendida y practicada lleva a un ciclo de agresión y sufrimiento. De esta manera, la espera y el dolor emocional de la mujer, en contraste con la aparente paz de Aureliano, revela cómo la dependencia emocional y la incapacidad para superar la pérdida pueden llevar a un desgaste físico y emocional. Sobre todo, destaca la importancia de tratar la salud mental de manera integral, promoviendo el autocuidado y la independencia emocional para obtener relaciones más saludables. REFERENCIAS Bay, V., López, M.Á., y Saul, L. Á. (2024). Identidad personal desde una perspectiva constructivista. Dialnet. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9378 327 Beller, W. (2017). La violencia en la mirada de filósofos, Veredas. https://veredasojs.xoc .uam.mx/index.php/veredas/article/view/394 Martinez, M. (2018). Vista de La formación en convivencia: papel de la mediación en la solución de conflictos. Revista Educación y Humanismo. https://revistas.unisimo n.edu.co/index.php/educacion/article/view/2838/5784 Ricos, E. (2022). Salud mental, Dependencia emocional. Itasaludmental. https://itasalu dmental.com/blog/link/348#

A paso fugaz

Beto Brom

A PASO FUGAZ, a semejanza de un meteorito, se desplazaba el hombre en búsqueda de su destino. A PASO FUGAZ, como si el hoy fuera el mañana, las nubes volaban como queriendo cubrir el cielo. A PASO FUGAZ, aprovechando cada instante de vida, los valientes emisarios de la Paz, llegaban a todo rincón del mundo, con su buena nueva. A PASO FUGAZ, como si el tiempo llegaría a su fin, los relojes gastaban sus últimas fuerzas indicando la hora señalada. A PASO FUGAZ, por fin la consigna fue lograda. ||||||||||||||||||||||

La visita

Chema D. Garrido

Quedará para siempre el misterio de su llegada. Me esperaba en el pasillo, en postura de descanso, bajo la escasa luz de la bombilla me saludó con un educado "miau". Debí de suspirar, como vengo haciendo siempre que vuelvo a descansar mis huesos en este pisito de alquiler donde nadie me espera después de diez horas cargando sacos de cemento y mortero en el almacén. Me tomé la aparición con tranquilidad, digamos que escéptico, puede que con una pizca de resignación, puede que hasta sonriera, pueda que hasta me alegrara la imprevisible visita de un gato, un pacífico y negro felino que parecía tan domesticado y urbano como tantos de ellos, un ser vivo que me miraba, como yo a él, fijamente. Vigilaba impasible mis primeros pasos, girando el cuello para no perderme de vista, tan tranquilo, tan pacífico tras aquel " miau" con que se había presentado. Entré en la cocina, primera puerta a la derecha, pulsando la minúscula lamparilla de la que hace años me valgo ante la falta de presupuesto para arreglar el fluorescente. El animal me siguió, educado, sigiloso, sin perderme de vista. ¿ Cómo había tenido esta criatura el mal gusto de elegir mi tabuco para destino no sé si de una huida o un errante paseo?, me pregunté, y sobre todo, cómo demonios había podido escalar a una cuarta planta sin ascensor para introducirse en los escasos cuarenta metros cuadrados donde se encogen mis huesos día tras día. Descartada la posibilidad de la puerta de acceso a la vivienda, había que centrar la sospechas en el ventanuco de la cocina o del único dormitorio, ambos dan al patio interior, pero ambos, como pude comprobar, los había cerrado al salir para que no se cuele el aire, el aire y el ruido de un mundo que cada día se interesa por mí lo mismo que yo por él. Por otro lado, el patio interior mostraba una pared vacía de asideros que volvía prácticamente imposible para un gato escalar hasta el ventanuco de la cuarta planta. Por lo demás, la reducida salita donde ahogo mis horas y mis penas carece de ventilación. Lo miré, nos miramos: no había mucho más que decir, los hechos, me dije, son los hechos, hay que asumirlos, vengo asumiendo tantos y con tanta resignación, que creo que ya no respiro, sino suspiro. En el frigorífico vegetaba el par de salchichas que comimos acompañadas de leche y mendrugos de pan. El pan lo troceé sobre el plato donde se bebió hasta la última gota, debía de llevar horas sin probar bocado. Yo me conformé con las salchichas y un vaso de agua, pero lo vi tan ávido que acabamos compartiéndolas. Al terminar, levantó una pata y se la llevó a la boca: tuve que reírme imaginando los buenos modales en que debió de ser educado por sus antiguos dueños. Lo siguiente como siempre era ponerme cómodo, encender la TV, suspirar, masajear mis doloridos hombros, caer en la ensoñación de algún documental o insulsa película que me arrastrara bostezando hasta el camastro. Sin embargo, ahora tenía que pensar en esa novedad sobre cuatro patas que no dejaba de observarme, tan atento a mis gestos y mis movimientos, siguiéndome por los oscuros rincones de este agujero. No puedo decir que la intromisión de este elemento inesperado en la rutina me irritara, al contrario, respiré una especie de alivio ante esta novedad que me obligaba a improvisar una serie de acciones nuevas. Por una noche, me dije, no vamos a volvernos locos. Localicé por mi teléfono el local de la protectora de animales más cercano, mañana recorrería el escaso kilómetro de distancia, ya había preparado la caja de cartón para transportarlo, sería cuestión de levantarme una hora antes para luego tomar la línea de metro que me lleva a esa trituradora de huesos llamado almacén. Solo dispongo de un precario calefactor, y solo lo hago funcionar en el dormitorio por un intervalo de tres a cuatro horas en la noche, de modo que le preparé un pesebre con retazos de lana y una raída manta a los pies de mi tumba de sueños. No me acosté hasta verlo acurrucarse bien abrigado. Por una noche, y después de largo tiempo, tenía alguien en quien pensar: puede que lo dijera en voz alta, justo antes de rezar y besar la pequeña fotografía de mis padres. Antes de que sonara la alarma del móvil, un sobresalto me hizo despertar bruscamente. Al instante comprobé que el animal había abandonado el pesebre para instalarse sobre mi pecho, removiéndose entre las sábanas. Sentí una placentera ola de calidez mientras lo sujetaba entre mis manos, y de nuevo acomodados, volvimos a dormir. Amanecí aguijoneado por el hambre, preparado para recibir el primer espasmo de frío en el pasillo. Con que tiemble uno de los dos es suficiente, le dije, y lo dejé arropado sobre la cama. Calenté la poca leche disponible y añadí unos pedazos de pan, lo devoró todo. Ya me las arreglaría yo en la calle después de dejarlo en la protectora. Me duché rápidamente por las dos razones más poderosas que conozco: vestirme rápidamente para no morir congelado y ahorrar gas butano. No le gustó nada al gato verse en aquel encierro, me lo hizo saber al instante con un segundo " miau" de pánico, así que cerré de inmediato la caja para que sus quejas no me alcanzaran. De poco sirvió, porque el continuo frufrú de sus pezuñas contra las paredes me transmitían el alto grado de malestar que le había provocado el encierro, y no debía yo volar muy lejos para imaginar su nivel de sufrimiento: ¿ acaso no era mi existencia la propia metáfora de una celda de frío, oscuridad y soledad desde tanto tiempo que había olvidado cuando comenzó todo? De modo, me dije, que si no lo deseaba para mí, era una vil injusticia imponérselo a mi pobre compañero. Me senté, más bien me desplomé en la ruina de sofá que acogía mis huesos cada noche con la caja entre las manos. Un suspiro de abatimiento vació mis pulmones, miré las paredes, el techo, miré el suelo desnudo sin una sola alfombrilla que pagarme, miré los muebles, lo miré a él, que ya correteaba en libertad. Recuerdo cómo me reí al verlo ejecutar unas cabriolas en el aire de puro contento, un conjunto de cómicas piruetas, se diría que con el deseo de homenajear a su liberador. Y recuerdo cuánto me reí, porque recuerdo cuánto lloré a continuación. En fin, disponía de minutos para bajar a la tienda y hacerme de un cartón de leche y galletas antes de volver al almacén. Fue al depositar el plato en el suelo de la cocina, cuando comprobé maravillado que en el minúsculo habitáculo donde está, aunque no funcione, la lavadora junto la fregona y trastos diversos, el gato había elegido un pequeño rinconcito para sus necesidades. Debes de proceder de buena familia, compañero, le dije acariciándole la testa. Durante todo el día no dejé de pensar en los cuidados que iba a necesitar, yo no era nada experto en convivencia con estos animales, desconocía sus costumbres y hábitos, sus ritos, así que me dejé asesorar por varios compañeros con experiencia. Incluso me indicaron las marcas de comida de gato más baratas, y por supuesto, sin pérdida de tiempo, debía pasar por las expertas manos de un veterinario para chequear su estado de salud. También me indicaron las consultas más baratas de la ciudad. Fue así como me vi envuelto en una nueva rutina, acaso si digo una nueva vida resulte grandilocuente u osado, pero es lo cierto que la aparición de quien decidí llamar Tommy endulzó el caminar de estos huesos que aun hablan y sienten además de dolerse de la vida y los sacos de cemento. Cierto igualmente que a mi magra economía hubo que aplicar ajustes, ajustes en los pocos dispendios que podía permitirme tales como unos tragos de cerveza o tabaco de liar, y cierto que volví a dejarme ver en vergonzosa visita a las puertas del Banco de Alimentos, donde, para mi sorpresa, había disponibles frascos de comida para gatos, enorme gentileza de las clases medias y altas de este país hacia los felinos domésticos. Llegaba a casa con mejor ánimo, me había acostumbrado al "miau" de bienvenida cada noche, sintiendo el roce de su lomo en mis tobillos cuando me dejaba caer arrumbado como si acabase de recorrer a pie leguas por entre montañas, y de un salto se instalaba entre mis piernas, se enroscaba y movía las orejas para indicar que ya podía empezar a contarle lo que quisiera. Si además le rascaba la cabeza y el cogote ( donde por cierto había advertido una especie de forúnculo, quiste o dureza subcutánea), no había límites para la duración de la charla, sus largas y puntiagudas orejas se erguían para atender a los suspiros y lamentos de este saco de huesos. Hablaba con él, claro, yo diría que hablábamos, no sé explicarlo de otro modo, el caso es que parecía entender y adivinar mis propósitos antes de ejecutarse, y tras la cena veíamos juntos la tele. Otras veces me sorprendí enseñándole el álbum de fotos de un hombre que fue feliz, una serena alegría allá tan lejos, de los lugares que fueron teatro de esa dicha, un hombre ligero y libre rodeado de una mujer joven y unos niños sonrientes a la cámara que años más tarde, requiebros de la vida, lo dejaron solo. ¡ Cómo he aprendido que la alegría es un préstamo, que no nos pertenece del todo sino como premio pasajero sin saber a veces por qué méritos nos vino y por qué errores se fue ! La casa, al menos, me recibía con otro aroma desde su llegada. El único día libre de la semana, el domingo, suelo pasear hasta una taberna donde coincidimos un grupo de compatriotas en común añoranza del millón de vivencias dejadas en nuestra tierra, compartiendo en vasitos de plástico el canelazo barato que despacha en tetrabrik. Iba muy contento con mi gato en el regazo, mostrándolo a todos igual que una madre con su bebé. De todos recibió caricias, comentarios, y me sentí muy orgulloso, algo feliz, con Tommy pegado a mi pecho. Recuerdo, cómo no, el instante en que fui a por otro poco de canelazo para el grupo y una mujer desconocida se volvió admirada. Mientras acariciaba al gato me miró con dulzura, quiso conocer su nombre, luego el mío, porque ella se había presentado de forma muy amable, le calculé una edad similar a la mía, y hablamos de gatos. Me aseguró que ya había superado la tristeza tras la muerte del suyo, un siamés que anduvo trece años maullando por la vida, y mientras recordaba sus anécdotas seguía acariciando la cabeza de Tommy y repartiendo sus miradas entre él y yo. Al comienzo me costó mantener la conversación, supongo que por la falta de costumbre, pero en pocos minutos me sentí tan a gusto que había olvidado para lo que había ido al mostrador, aunque las piernas me temblaban un poco. Me dio consejos de alimentación, recuerdo su distinción natural, la fluidez, el encanto con que me transmitía sus amor por los gatos, la limpieza de su mirada. No recuerdo si la invité a tomar algo, si le propuse que se uniera al grupo, sí recuerdo que tartamudeé más de lo debido, ella volcaba los recuerdos de su gato, cuyo nombre he olvidado, en Tommy, pero cada vez que elevaba la mirada a mi persona yo sentía que hubiera caído un rayo a mis pies. Las orejas me ardieron de repente cuando su risa estalló al saber que yo desconocía la raza de Tommy: bombay, me dijo, y empezó a explicar las diferencias entre esa raza y el gato negro común mientras yo caía en un estado de atolondramiento difícil de explicar. Me preguntó por la calle donde vivía, dijo que la conocía porque allí había ido varias veces a visitar a una antigua amiga, por eso hasta se interesó por el número del portal. Por último lo tomó entre sus manos, un gesto que sirvió para que se acercara más, apenas unos centímetros nos separaban, y mientras hacía enormes esfuerzos por concentrarme en sus palabras no dejaba de sorber aquel aroma como la leche de los pechos de nuestras madres. Poco más duró el encuentro, de cuyo tiempo perdí toda noción. Tomó su bolso y anunció su partida, se me hace tarde, informó con su sonrisa de luz, dio un último arrumaco a Tommy y acercó sus mejillas para que la besara. He de decir que mejor que el beso fue el calor de su mano sobre mi muñeca. Me da vergüenza explicar lo que sentí. Absolutamente conmocionado debieron de verme mis coterráneos, pues no dejaron de reír y jalearme por el espectáculo, incluso uno comentó que mañana se haría de otro gato para tener éxito parecido… En fin, terminamos comiendo unas raciones de bravas y unos bocadillos antes de despedirnos, y volvimos a casa Tommy y yo con una especie de euforia de otro mundo, de otro tiempo. Me atrevo a decir que desde aquel momento el mundo entero se redujo para mí al paso de aquella mujer, a una extraña emoción palpitando en el pecho a cada hora, a cada instante, quizá una insegura esperanza porque algo que yo había creído muerto crecía de nuevo dentro de mí de forma casi dolorosa, admirable. Bueno, hablemos de una proyección del porvenir sobre bases más que inciertas, lo sé, o si se prefiere, de la configuración de un futuro de pronto coloreado de insólitas y vehementes esperanzas, de viñetas donde los tres, ella cuyo nombre olvidé, Tommy y yo dábamos saltos de jolgorio sobre un fondo de eternas primaveras y aguas del Pacífico. En fin, qué decir cuándo se siente nacer algo grande en el cuerpo y un tiempo nuevo en el mundo gracias a una simple y cordial conversación con una desconocida elegante, una mujer del país que se interesaba por nosotros dos… ¿ No podía volver a ser el soñador entusiasta, el arriesgado provocador del destino que fui antaño, la voluntad que engendra porvenir sobre porvenir con la imaginación llena de planes, de bríos ? 40 años aun prometían futuro, aunque mis huesos dijesen lo contrario... Lo único que podía pagarme en aquel bar a la vuelta del almacén era el tiempo de un par de chatos de vino infame a 60 céntimos de euro, alargarlos con Tommy en el regazo hasta la hora de cierre, atisbando desde las ventanas y la puerta la aparición de la figura femenina con bolso y abrigo que había pervivido en mi recuerdo. Entretanto, la pálida rutina de mis días seguía su curso, una rutina endulzada por Tommy y la esperanza de volver a verla. No por ello olvidé, precisamente por ella, la urgencia de ser atendido por un veterinario, motivo por el cual había ido reuniendo monedas en un calcetín gracias a domésticas privaciones en la comida y los tragos. Cuando alcancé la cantidad requerida para una primera consulta, el amable veterinario le hizo un primer reconocimiento que certificó el saludable estado del animal, y en efecto detectó el forúnculo, un absceso, dictaminó, un absceso que si bien no parecía revestir excesiva gravedad debía ser, efectivamente, operado de inmediato. Al saber el coste de la operación, en absoluto la locura estratosférica que temía, salté de alegría, porque en pocas semanas podría reunir la cantidad, incluso pensé en pedir un adelanto al jefe. Y además, tendría una feliz noticia que darle a ella cuando la encontrara… Y así fraguaba mis sueños, mis ilusiones como llamitas de calor en este siberiano invierno de Madrid, es increíble cómo se viene la noche a la tardes de noviembre y de diciembre sin que nos demos cuenta, sin la lenta despedida luminosa de otras estaciones. Hasta ayer, ayer mismo. De noche. Al volver del bar sin haberla, una vez más, encontrado. Posiblemente le contaba a Tommy alguna incidencia del trabajo, el dolor en los omóplatos, la imposibilidad de un fisioterapeuta que aliviara las contracturas, alguna bronca del jefe, algo de esa índole le estaría contando mientras renovaba su plato de leche con las bolitas de pienso. Unos golpes en la puerta... Nos miramos. Era imposible recordar la última vez, si es que la hubo, en que alguien venía a casa. Pensé que un despistado se equivocaba de puerta mientras pregunté con cautela antes de abrir. Una voz varonil respondió con otra pregunta: mi nombre y apellidos. Tenían que hablar conmigo, eran del Gobierno, nada importante, señor, explicó en tono convincente, un asunto rutinario. Cuando abrí la puerta sentí algo parecido a lo que debe ser caerse del planeta, posiblemente se me descolgara la mandíbula, un escalofrío premonitorio: era ella, sonriente y muy cortés, correctamente vestida, acompañada de un hombre joven, alto, trajeado, fornido y muy educado. Se disculparon aduciendo que el telefonillo no funcionaba, yo les expliqué que el casero se negaba a los arreglos porque con frecuencia me demoraba en el pago del alquiler, igualmente estaba sin fluorescentes en la cocina junto a otras carencias. Creo que empecé a tartamudear. Solo avanzaron cuando se lo pedí y ocuparon el espacio del saloncito. Al mirar a Tommy, me pareció que una imperceptible mueca alteró sus rostros. Insistieron en que no debía preocuparme por nada. Les ofrecí el sofá, con tan mala fortuna que al sentarse el maldito mueble terminó de descuajeringarse y el hombre pegó un culazo en el frío suelo. Me azoré, pedí disculpas, pero ellos lo tomaron a risa e insistieron en que no me apurara. Mientras ella seguía sentada, el otro declinó el taburete donde yo sí necesité aposentarme: nada bueno iba a depararme la visita. Fueron al grano, confirmé por segunda vez que yo era el tipo de la foto que aparecía en el expediente con membrete oficial que me mostraron, ecuatoriano, en efecto, diez años en España, permiso de trabajo, limpio de antecedentes, así es, señores, trabajo, trabajo y trabajo, muy mal pagado, lloré, nos hacemos cargo, dijeron, y Tommy se acercó a ella como queriendo saber el motivo de su visita. La mujer sonrió y le tendió un dedo de la mano. A mí, un dolor animal me recorrió como un estremecimiento. Bien, debo decir que fueron concisos y convincentes, no tenían tiempo que perder, ni ganas. Eran agentes especiales del ministerio de Presidencia, no pareció que sus placas mintieran, el Gobierno participa en un proyecto conjunto y ultrasecreto de la Agencia Espacial Europea junto a otros países, un proyecto del cual, compréndalo, no podían dar más datos ni explicaciones, me informaron. El caso es que en él se ejercían experimentos con determinados animales, libres de cualquier forma de maltrato, recalcaron, y entre estos nuestro querido Tommy desempeñaba una importante participación. A esta altura del relato, con el animal sobre su falda, ella preguntó con gravedad si yo había advertido el forúnculo del cogote. Les contesté que no disponía por el momento de presupuesto para extirparlo, entonces noté cómo respiraron de alivio y se miraron entre ellos francamente satisfechos. El animal se había extraviado inexplicablemente de las instalaciones situadas en un lugar secreto, nadie se explica cómo pudo llegar a la ciudad el solito, y menos aún los motivos de la demora en geolocalizarlo, siguieron contando, porque el temido forúnculo o absceso es en realidad un microchip de última generación, un dispositivo que ejerce las funciones de localizador GPS que rastrea la ubicación de su mascota en tiempo real, permitiéndole saber siempre dónde se encuentra y rescatarla inmediatamente en caso de pérdida. En el caso de Tommy, inexplicable e imperdonablemente, los equipos de rastreo tardaron demasiado en dar resultado. No otra era la razón, explicó ella regalándome su inolvidable sonrisa, del papel que tuvo que interpretar ante mí, debían asegurarse antes de llamar a mi puerta de que se trataba del paradero correcto del animal. No puedo dudar de que captaron mi desolación al instante. Se levantó un silencio de circunstancias. Tenían la misión de llevárselo, venían preparados para cualquier contingencia, también para la de un vulnerable y mísero inmigrante a quien es muy fácil complicarle su estancia en España. Al saber el nuevo nombre de la mascota, me aseguraron que seguirían llamándolo así en el futuro, igualmente me prometieron que tendría noticias de Tommy regularmente, ellos se encargarían personalmente de hacerme llegar fotografías y videos de su nueva vida, me dijeron su edad real, nueve años, la raza, ya lo sabía, bombay. Eso sí, tuve que firmar el contrato de confidencialidad que me tendieron, y por último, ya los tres en pie con Tommy entre el brazo y el pecho de ella, me dieron un sobre bien nutrido: en nombre del Gobierno español, dijo con solemnidad, queremos agradecer los cuidados hacia Tommy, y el otro, el del culazo del sofá, bromeó con que tendría de sobra para uno nuevo. Nos reímos. Era un buen fajo de billetes de 50: al menos calculé medio año de alquiler, un calefactor de más potencia, calcetines térmicos, pantalones, algún empaste, sesiones de fisioterapia, una convidada a mis paisanos. Pedí por último que me lo dejaran en mis manos unos segundos, lo acaricié, le dije que si lo trataban mal no dudara en volver a escaparse. Volvimos a reírnos. Fue ayer. Sigo sin ganas de retirar el platito y los pelos y las deposiciones que me traen su recuerdo, vuelvo del almacén y hago la lista de cosas que voy a poder comprar, un buen masaje a fondo, y suspiro, y enciendo la tele, y siento en la mano los latidos del corazón palpita. Y me froto lentamente la mandíbula, como si me afeitase.

El labrador que creó a Dios

Carmen Escribano

La cosecha, aquel año, rebosaba verdor, frescura y exuberancia. Afloraba la fecundidad de la tierra en cada mata, derrochando vida y misterio. Era la recompensa generosa, que unos años se daba más y otros menos, al sudor y el trabajo. Encaramado sobre un cerrillo, el labrador volvió a detenerse, se volvió a apoyar en la azada como solía hacer casi cada día y contempló, desde el otero, la tierra sembrada plena de vida. Después de la faena, cuando empezaba a caer el día y regresaba a casa, era como un rito detenerse a mirar el verdor cubriendo los arados y sentir, a través de él, su propio crecimiento. Aquellos instantes desterraban por completo el cansancio, todo el esfuerzo valía la pena. Era ver la creación en proceso, el misterio de la vida desarrollarse delante de sus propios ojos. Sensaciones para no comentar con nadie, todos, absortos en el esfuerzo diario, los problemas, el cansancio y la urgencia por regresar a la calidez del hogar, pensarían que no era momento para detenerse en semejantes filosofías. Hay cosas de las que no se puede hablar porque es muy difícil expresarlas con exactitud, además hay demasiados asuntos urgentes e inmediatos que acaparan la atención. Éstas son cosas para pensarlas sólo uno mismo cuando se le precipitan encima del cerebro. Era en momentos como éste cuando el labrador sentía la necesidad imperiosa de tener un Dios con quien comunicarse y que lo justificara todo. Se convertía en una necesidad vital que Dios existiera. Pero bien sabía él que no había Dios. Lo necesitó tantas veces a lo largo de su vida, lo había llamado tanto y siempre se había quedado esperando, sin respuesta ni ayuda, que ya ni pasaba por su mente la idea de su existencia. Pero siempre, aunque no quisiera escucharlo, tenía dentro un vacío existencial imposible de llenar de ninguna forma. Se llegaba a cuestionar, incluso, si padecería algún tipo de trastorno psíquico. El universo estaba solo, frío, inmenso y autosuficiente. Los científicos afirmaban que la figura de un dios no era necesaria para justificarlo todo. Sin embargo, él sí lo necesitaba. Ya tenía su cosecha, una estupenda familia, amigos, salud... Sin embargo él lo necesitaba. Pasaba y pasaba y pasaba el tiempo y esta necesidad no dejaba de aumentar. Le resultaba necesario, imprescindible justificar la vida, explicarla, tener alguien o algo que le diera sentido, a quién recurrir en las buenas y malas circunstancias. En el pueblo, cuando todos se emocionaban e incluso derramaban lágrimas ante imágenes celestiales, figuras de barro o de madera construidas por ellos mismos, procesiones y novenas, él no podía integrarse ni sentir la emoción que veía en sus caras. "Pobre gente" se decía "ellos también necesitan que haya Dios y, como no lo encuentran por ningún sitio, se lo inventan de esa forma, a semejanza de ellos mismos, porque desconocen de qué otra forma se le puede representar. A ellos les sirve y lo terminan creyendo y viviéndolo intensamente. Pobre de mí, ya quisiera yo hacer lo mismo, pero no puedo aunque con fuerza lo he intentado". "Yo necesito un Dios auténtico, tan superior que no puede representarse en ninguna imagen, el que hace posible que mis plantas crezcan, que yo esté vivo, que el sol salga y se ponga cada día. Es necesaria una causa para todo o, si no, una justificación y un sentido, no podemos existir sin más, por una serie de circunstancias encadenadas casualmente, una aberración tan grande no es posible". Frente a él, más allá de su huerta, el sol se acercaba lentamente a la cima de los collados, dibujando un cielo púrpura y disputando espacio con las nubes para arrojar sus todavía potentes y luminosos rayos. "Todo esto no es posible, es una alucinación. Yo soy una alucinación. Si nadie nos ha hecho, no existimos. Me niego a existir si soy algo espontáneo e inconexo en la nada, producto de una cadena de casualidades". -¡¡¡Dios!, por favor, existe!!! -La exclamación salió de sus labios sin control, como un estruendo. -¡¡¡Te ordeno que existas!!! – Aulló desesperadamente con toda la potencia de su voz en un grito, desde su cerrillo, empleando la energía completa que contenía su cuerpo. El eco, frente a él, la repitió letra por letra. "Te ordeno que existas, te ordeno que existas, te ordeno que existas". Las partículas de aquel sonido y de aquel sentimiento se conmovieron en el espacio, dislocadas por la fuerza irresistible de su deseo imperioso, de su exigencia y, como ningún fenómeno del universo está aislado porque forma parte del todo y lleva en sí la fuerza que origina todos los cambios, como los sucesos atómicos no son realidades completadas, sino tendencias a ocurrir cuando se encuentran determinadas partículas en puntos concretos del espacio tiempo, el efecto de su fuerza hizo que todo en el universo se sintiera trastocado. Una tendencia a ocurrir se concretó en el Supremo, en esencia que no se puede explicar ni razonar. El efecto creaba la causa. No podía existir tanta grandeza sin un creador y ésta creó a su creador. El imponente universo es tan tremendamente sensible, que la conmoción de una partícula puede transmutarlo todo y hacer imprescindible lo que, en un principio, era innecesario. Así el Creador se hizo preciso y empezó a nacer de la creación, de lo creado.

Última escena

Carmen Escribano

"El sol se refleja vigoroso en las fachadas del otro lado de la calle, derrochando luz y calor. Son las primeras horas de la tarde y mi habitación pronto empezará a estar en penumbra, una sombra total después de haberme negado los cálidos rayos que mi cuerpo tanto necesita. Otros sí los tienen. Otras casas están soleadas, cálidas y luminosas. La mía no. No puedo evitar la comparación que me coloca, aún más, en la soledad y el desamparo. Un rayo de sol me confortaría en estos momentos. ¿Me haría cambiar de idea?. Cuando el mundo se te hunde, todo contribuye a que lo haga y la más insignificante circunstancia tiene un peso contundente y decisivo. La vida igual que mi calle, el calor para algunos, para otros no. No quiero seguir, nada me mueve a hacerlo. Me ha vencido el cansancio. Mi lucha ha terminado ya. Al tomar esta resolución, consigo estar en paz. No voy a hacer nada más. No espero nada. Sé que nada vendrá a salvarme como en aquella canción …a la hora del naufragio y la de la oscuridad alguien te rescatará para seguir andando. Nunca he conseguido nada de la vida. Demasiado tiempo he luchado sin ninguna recompensa. Mis esfuerzos han sido siempre inútiles. Los rayos del sol son para los elegidos. No importa lo que hagas. En los grandes engranajes de la dinámica del mundo no han encajado nunca mis proyectos. He sido siempre una pieza utilizada por otros intentando buscar una función propia, algún logro a mis intentos. La vida se me ha mostrado demasiado dura y decepcionante como para querer repetir, como para querer continuar. Ahora solamente espero unos últimos momentos en paz, sin buscar nada, sin perseguir nada, solamente vivir en armonía con lo que soy y lo que me rodea. Estos instantes no me los va a robar nadie. Estoy solo y cansado. Pero me queda la satisfacción de poder retirarme a mi antojo. En este momento soy el dueño de mi universo, soy Dios. Nadie va a intervenir en mi vida aparte de yo mismo. Donde voy no hay sufrimientos, inquietudes ni esperanzas vanas, sólo la nada. Éste es un momento espléndido, pleno de intensidad, el clímax de una vida. Yo lo decido todo". La calle va quedando silenciosa a medida que avanza la tarde. Los cada vez más escasos transeúntes nocturnos bajan la voz, en un respeto intuitivo a las horas del descanso. La humanidad entera se deja caer, confiada, en manos de la Providencia, una vez acabada la jornada de trabajo y lucha. Es el tiempo sagrado del reposo, del recogimiento. "Mi reposo se altera a medida que van desapareciendo los murmullos callejeros, ellos me acompañaban, daban un tinte de naturalidad a lo que planeo hacer, el mundo fluía normal, sin sobresaltarse ante mi suicidio. El silencio, en cambio, inunda de dramatismo toda mi circunstancia. El mundo entero parece enmudecer espantado y acusador ante mi dramático acto. Qué soledad tan profunda sentirme el centro de atención del universo. Todos al otro lado, yo solo aquí. ¿Por qué este sentimiento viene a turbar mi paz ahora?. En realidad estoy tan solo como lo estaba antes, como lo he estado casi siempre. Incluso habiendo personas junto a mí. Nunca fui adecuado para nadie. Pieza inconexa en un puzle ajeno. El cansancio me tiene invadido por completo, la energía de mi inmenso cansancio me dará el último y definitivo impulso que necesito". "Desplomado en el sillón, en el sereno abandono del final de mi vida, no puedo hacer descansar mi mente por completo y, en estos intensos momentos, cualquiera sabe por qué, te recuerdo precisamente a ti, que vienes a enturbiar mi calma, y maldigo no haberte dicho lo que tantas veces me repetí como ensayo para hacerlo. Incluso lo tengo escrito: "Si no estás seguro, no me engañes, no quieras quedar bien conmigo para quitárteme de encima. No me engañes. No puedes calcular cuánto me cuesta el derroche de esperanza baldía que me provoca tu engaño. No me hagas confiar en ti y trabajar a tope para dejarme después tirado, si algo sale mal, y seguir tu camino repleto de privilegios, que siempre te parecen pocos, lamentándote por lo que aún no has conseguido. No me engañes porque en orgullo y rabia puedo ganarte y es posible que la próxima vez se me almacenen tanto que pierda la cabeza y el miedo y deje de asentir y callar y obedecer por encima de mis obligaciones y de mis propias convicciones; que un día la ira me estalle y deje de tener miedo y de agachar la cabeza y de confiar en ti y de pensar que la prudencia me puede dejar alguna puerta abierta a desarrollar mis propios proyectos, porque un día puedo darme, por fin, cuenta de que para mí, para nosotros no hay puertas abiertas y de que ésta es la única excusa que me ha hecho callar tantas veces cuando tenía razón, pensar que tú eras el único que podía abrirme la mía, así me lo habías hecho ver y creer embaucando mi incauta y acomplejada personalidad. Puede que me dé cuenta de que sólo las puertas que abro yo me dan paso y que soy capaz de hacerlo, puede que entonces no me importe tener sólo una salida exigua por la que pasar sin nada, pero lleno de satisfacción por haberme podido despegar de ti y haberte dicho lo que en realidad pienso. Sé que me engañas porque reposas sobre mí, me necesitas para tus éxitos, por eso haces como si me escucharas cuando te pido algo, pero enseguida olvidas lo que te he pedido, lo que necesito, en cuanto me pierdes de vista. Maldito seas hombre establecido, relacionado, enriquecido, que la vida te ha ido abriendo el camino sin esfuerzo, a costa de tu falta de escrúpulos en jugar con los que no tenemos nada. Te desprecio". "Nunca te dije todo esto como debía haberlo hecho y se me ha ido pudriendo en el alma a la vez que me hundía. Me retenía nuestro parentesco, me retenían tus promesas que después he ido viendo eran falsas e interesadas para retenerme porque, aunque tú eras el cerebro, también eras incapaz de desarrollar tus propias ideas, me necesitabas, yo las materializaba, la última responsabilidad era mía, sobre mí caería la culpa, como ha sido, si algo fallaba. Yo desprestigiado y tú ileso y bien situado. Ya no importa, estoy satisfecho porque sé que, sin mí, vas a estar perdido. Disfruto viéndote sin nadie en quien apoyarte. Buena suerte, amigo, aquí se separan nuestros caminos". Siente que ya ha cerrado un capítulo dentro de la labor obligatoria de organizar los despojos de su caótica vida, es una forma de coger las riendas aunque sólo sea en el último tramo. El capítulo cerrado y olvidado le hace entrar en una calma casi mística. Sin apenas notarlo se le precipita en los labios lentamente una plegaria que fluye unos segundos como suave corriente de descarga, entregándose a ALGO que decida por él su propio destino, pero una sacudida le hace reaccionar súbitamente y la corta en seco, movido por un temor supersticioso. Sabe que siempre que ha suplicado, se ha malogrado el objeto de su súplica, como una especie de maldición, como si algún hado tuviera como misión exclusiva descubrir cuál es su deseo para frustrarlo de inmediato. Así es que no pide nada. Se endereza. Ya acabó el tiempo de las súplicas. Mira al cielo desafiante. "No te necesito, yo seré el dueño del tiempo que me quede de vida". En su cuerpo no queda ya ni un resto de temor. "¡No necesito a la divinidad ni me asusta!, ¡la divinidad no existe!". Entra de nuevo en calma, en una serenidad voluptuosa como dueño y señor de todo lo que le importa, en una vida que tendrá la duración que él decida. Sentado en su rincón, sin prisas, sin contar el tiempo, sin saber con certeza cuánto le durará la vida hasta darse la muerte, pero consciente de que el momento tendrá que llegar sin tardar mucho. No puede ser de otra forma. Así lo tiene decidido. No es fácil dar el último paso. Lo dará cuando se lo pida el cuerpo, es igual lo que pueda tardar, ya todo es igual. Se ha negado a escuchar pensamiento alguno que lo distraiga de sus propias voces, del camino trazado. Ya es tarde. Los sentimientos han ido progresivamente tomando cuerpo en él, hasta llegar a ser su realidad más real, por encima de todo lo que pasa a su alrededor, todo eso que le importaba tanto es ya secundario en su vida, no existe. Ya nada importa. Anhela volver a ser materia inerte sin sentimientos, sin necesidades, como lo ha sido durante toda la eternidad hasta concretarse en el ser que es. Sólo imaginándolo le inunda en un mar de sosiego y de paz. Así debió ser siempre. Fue un error que él naciera si, como a Sísifo, se le iba a privar de todo fruto derivado de su vida. "Ahora mando yo, yo decido. En lo sucesivo seré lo que quiero ser, materia orgánica y libre que complementa al planeta. No siento amargura en este instante sino liberación. Vuelvo a mi origen del que no debí haber salido". "Pero, ¿qué ruido es ese?, ¿tocan a mi puerta?". Contiene la respiración para que no detecten su presencia. Insisten. Él se aproxima a la entrada de puntillas, oye unos pasos que se alejan. A través de la mirilla, ve una persona moverse en la penumbra del rellano, se está alejando pero, de repente se para y retrocede, él se aparta de la puerta presuroso y, excitado, se apega a la pared. "¿Qué temo?. Hace un momento creía que todo me daba igual y no le temía a nadie". Vuelve a sonar el timbre, en sus oídos es un estruendo como si temiera ser atacado. Se oye un roce en la puerta y, por debajo, empieza a aparecer, con dificultad, el pico de un sobre blanco. Se atranca con algo. Siente el impulso de agarrarlo con firmeza y tirar de él desde dentro pero rápidamente se retiene, eso lo delataría. "¿Qué sentimiento me invade ahora?, ¿miedo?, ¿euforia de pensar que para alguien cuento?. Alguien está interesado en que me llegue algo suyo. Tiene algún interés en mí, si no, no se habría vuelto, no insistiría en que yo reciba este sobre. Chisss, que no me descubra, no quiero hablar con nadie. Instantes atrás pensaba que no me importaba nada, ¿por qué esta excitación?, ¿ahora siento que ese sobre me importa?. Celebro que me haya cogido vivo. Quiero vivir para ver qué trae. Lo que no ocurre en años, puede pasar en un minuto". El sobre no acaba de entrar, el burlete inferior de la puerta atasca su paso, pero la persona que está al otro lado insiste, tira de él hasta hacerlo desaparecer, le vuelve a empujar buscando un espacio diáfano por el que deslizarlo, por fin lo consigue, el sobre está ya prácticamente dentro de la vivienda, sólo una esquina permanece aún oculta bajo la puerta, debe ser que ya no asoma por el exterior porque el individuo se aleja satisfecho. Hasta que deja de oír sus pasos en el rellano no coge el sobre, lo hace con cierta excitación, le da la vuelta impaciente y ve su nombre escrito. En la parte superior un membrete, MACARMIMA editoriales. "Qué decepción, sólo es publicidad, me quieren para venderme algún libro". Estalla en una carcajada histérica. "¿Para qué quiero yo un libro?, no me queda tiempo para leerlo". Continúa riendo amargamente mientras agita la cabeza. Se dirige al salón, deja el sobre, con desaliento, encima de la mesita auxiliar y se derrama de nuevo sobre una butaca. "Sólo publicidad, ¿quién iba a tener tanto interés si no?". Apoya la cabeza en el respaldo y se abandona con los ojos cerrados. Cuando los vuelve a abrir ya ha anochecido por completo, ignora cuánto tiempo ha pasado, está a oscuras. Enciende la lámpara y, en su base, resalta la blancura del maldito e ilusorio sobre. Maquinalmente lo coge y desgarra su borde con desgana, por hacer algo. "Qué extraño, únicamente hay una carta, ningún catálogo como sería normal". Continúa la inercia y comienza a leer: Estimado Sr., nos complace comunicarle que, después de haber examinado con detenimiento su manuscrito, nuestra editorial está interesada en publicarlo, ya que se ajusta perfectamente a nuestra actual línea de trabajo. Disculpe el tiempo que ha pasado desde que lo recibimos, ha sido debido a nuestro ingente trabajo y a determinados ajustes de producción. Si aún continúa interesado en llevar a cabo su edición con nosotros, le rogamos que se ponga en contacto… Incrédulo relee la carta. "¿Cómo es posible?, ¿a qué texto se refiere?, mandé varios a distintas editoriales, recibiendo siempre negativas o silencios por respuesta, ya había olvidado por completo esa quimera sin sentido, hace siglos que dejé de escribir, ¿qué sentido tiene hacerlo?. Es increíble que me pase esto, me llega una respuesta, que podría haber sido vital en otro momento, cuando ya estoy medio muerto, cuando he agotado todas las energías para iniciar cualquier camino. En este instante ni recuerdo qué he escrito ni qué me movía a hacerlo". El papel, ya sin ninguna presión de los dedos, se desliza y cae sobre la alfombra y él se vuelve a reclinar desinteresado. "Aunque, a decir verdad, sigo siendo el dueño de mi tiempo, yo decido cuándo le pongo fin, me da igual hoy que mañana. Siento cierta curiosidad por saber, antes de morir, qué me propone esa gente y cuál de mis escritos es el que les interesa, no pierdo nada por realizar este último trámite". Los rayos de sol del día siguiente penetran como siempre en su calle, abriéndose paso entre edificios y, como cada día, tampoco calientan ni iluminan su fachada. Él hoy no repara en ello, camina, con paso algo incierto, por la acera cálida y llena de sol, hacia la editorial, convencido de que sólo se está dando una tregua.

Canción de redención

Julio Quintana Olmo

Un latido enfermo, una ilusión de garrafón. Que hoy dios le acabe dando al diablo la razón. Reino de los vicios, ataúd de la virtud. Dos manos gélidas tañendo mi laúd. Saboreo mi adicción a la aflicción; serena rendición, dulce resignación. Bendita maldición que ya no haya salvación: alas arrastrándose, cielos desangrándose, mares incendiándose; llegó el armagedón a mi canción. Reino de los vicios, ataúd de la virtud. Dos manos gélidas tañendo mi laúd. Un caedizo y aterido sol, un mar de alcohol, un alma de metal fundida en un crisol... Una aurora boreal providencial hendió mi oscuridad, me ató a la libertad. Oh, prodigiosa luz, me desclavas de mi cruz: ya ni alas arrastrándose ni cielos desangrándose ni mares incendiándose; llegó la redención a mi canción.

Cuaderno azul de los días de hoy: ¡traicioné a mi mente!

Binnaz Deniz Yildiz

Hoy es el cuaderno azul de los días, traicioné mi mente Recuerdos, formas en neón, olfato y gusto... El lugar donde lo dejé todo, el abismo: Esculpido en cobre Una casa vieja, una infancia que no puedo olvidar. Un arma creciendo en mi cabeza, mercado negro, marihuana clandestina Los tacones de las madres dan testimonio de ello, los libros de oraciones que las madres besan. Una ciudad abandonada bajo escombros, arruinada, agotada: lo que ningún periódico escribió en tamaño de letra Las ofrendas sacrificadas fueron lanzadas al cielo una por una; los bosques dejaron caer sus pájaros El águila tendida en el suelo, con hilos en las alas y una perla en la boca: giró hacia el cartel de color en la pared de enfrente. Una camisa loca puesta en la cabeza del cielo. Los muertos nacen y los vivos mueren, el sol respira ¡Cientos de miles de años, cientos de miles! Un tren pasa por la carretera principal, haciendo tijeras a niñas vestidas de blanco. Chamán, ritual, narciso en el agua del espejo... La bella envuelta en un espejo o el dolor del caos Yo, la pálida composición de una estación perdida, traicioné mi mente ¡Ya no late el corazón de ninguna madre, se le cayeron los anillos de ceniza de los dedos! La noche va pasando silenciosamente, una sola voz dentro de mí dice: TU DOLOR ESTÁ DUERMIENDO EN TU PECHO DE LA VIDA