A. Fielding es el seudónimo que protegió a la persona que había tras este nombre de la fama que las obras escritas le han reportado. Entre ellas una serie dedicada al
inspector jefe Pointer, protagonista de este libro. Fielding pertenece a la
Golden Age de la novela de
misterio que se extendió principalmente entre los años 1920 y 1930 (se dice que la Segunda Guerra Mundial fuel el principio del fin de esta etapa de la novela policíaca en la que destacan, principalmente, autores británicos como
Agatha Christie,
Nicholas Blake,
Edmund Crispin, etc., aunque también otros como el belga
Georges Simeon o la estadounidense
Elizabeth Daly).
¿Quién estaba detrás de A. E. Fielding?
www.goodreads.com desvela el misterio: la escritora
Dorothy Feilding (
https://www.goodreads.com/author/show/17333410.A_E_Fielding). Primer misterio resuelto.
La trama se desarrolla en un ambiente que si bien por lo descriptivo de los lugares solo podemos imaginar que es típicamente británico, por lo relativo a la serenidad, entereza, rigor, determinación… de los personajes que desfilan por las páginas de este libro… no hay duda, es típicamente británico (según la idea comúnmente aceptada). Un cadáver es encontrado en la mansión
Sainsbury. La dueña de la mansión es una anciana que solo aparecerá en escena para corroborar la flema británica, pero a su alrededor desfilan una serie de personajes femeninos y masculinos que son inteligentemente utilizados para enredar el misterio y provocar la investigación meditada y progresiva del inspector jefe
Pointer.
Una primera equivocación en la identificación de la identidad del cadáver encontrado le sirve de excusa a
A. Fielding (o D. Feilding) para desarrollar una trama que gira en torno a las herencias y los problemas que pueden conllevar, el arte, las transacciones no muy lícitas que a veces rodean al mundo de los coleccionistas, los celos de hombres despechados, las venganzas de mujeres despechadas y, como no, la templanza del investigador que página a página irá mostrando luz a cada pista confusa y a cada trampa del verdadero culpable. ¿Cómo no pensar que era esa persona quien había cometido el crimen? Pero ¿Cómo imaginarse que era esa persona y por esas causas? Bueno, la motivación del crimen es habitual: el dinero.
La traducción de
Rosa Sahuquillo y
Susana González nos ofrece una narrativa con el ritmo que los mismos personajes demandan: pausada, equilibrada… Lamentablemente no he leído en versión original a la autora, pero no dudo que en origen la narrativa es así, pausada y equilibrada. En cualquier caso, la traducción invita a leer y seguir leyendo y a esperar que la editorial nos traiga otra de sus obras en breve.