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Trabalibros entrevista a Juan Gómez Bárcena, autor de "Abril o nunca”

Nadie vive en el tiempo del calendario; todos vivimos en calendarios personales
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Trabalibros Entrevista

El escritor santanderino Juan Gómez Bárcena (1984) se ha consolidado como uno de los narradores más ambiciosos y personales de la literatura española actual. Con una formación que abarca la Historia, la Filosofía y la Teoría de la Literatura, su obra —que incluye títulos como Los que duermen, El cielo de Lima, Kanada, Ni siquiera los muertos, Lo demás es aire y el reciente ensayo Mapa de soledades— destaca por su rigor intelectual y su capacidad para explorar la naturaleza del tiempo y la memoria.

En esta ocasión, Bruno Montano conversa con él sobre su última novela titulada "Abril o nunca", una obra donde el duelo, la culpa y la búsqueda de redención se entrelazan en un complejo artefacto literario que desafía las fronteras de los géneros. A través de la historia de Daniel, un padre atrapado en la pérdida de su hija, Gómez Bárcena nos invita a reflexionar sobre la diferencia entre el tiempo físico y el psicológico, y sobre el poder de la literatura para construir verdades que la ciencia no alcanza a explicar.

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- Bruno Montano, Trabalibros (B.M.): Daniel es el protagonista de esta novela y está en pleno proceso de duelo por un hecho dramático y luctuoso que afecta a su hija adolescente. Se siente culpable y pretende viajar en el tiempo hasta ese momento concreto para cambiar el signo de los acontecimientos. Para ello, sigue las enseñanzas de John 1419, un gurú de foros de internet que propone un método mental para viajar al pasado. En este proceso aparece la posibilidad del amor y la felicidad con Natalia, lo que crea un conflicto ético en el protagonista. Para contar esta historia has diseñado un artefacto literario dividido en tres capas: una novela dramático-trágica, una novela de amor y una novela fantástica o de ciencia ficción. Mi opinión es que has montado todo esto para poder hablar del tiempo, que es tu obsesión literaria fundamental.

- Juan Gómez Bárcena (J.G.B.): El tiempo ha sido siempre mi obsesión y, en este caso, quería hacer una exploración del tiempo interno, de cómo lo vivimos. Me interesaba particularmente el tiempo del duelo y del trauma. Empecé a pensar en esto cuando escribía Kanada, donde me llamó la atención cómo los supervivientes de los campos de exterminio tenían dificultades para seguir viviendo o cómo cualquier suceso anodino los retrotraía automáticamente al tiempo de la tortura. Quería jugar con esa facultad de la mente de trasladarnos a un momento concreto, pero en un personaje con un trauma personal. Daniel, su hija y todo su entorno son el mecanismo para reflexionar sobre la culpa y el duelo.

- B.M.: También has aprovechado para reflexionar sobre la paternidad y la masculinidad contemporánea.

- J.G.B.: La paternidad fue una decisión deliberada porque, cuando muere un hijo, no solo muere el presente, sino la promesa de futuro y una parte de ti mismo. Respecto a la masculinidad, fue un tema que emergió al pensar en los foros de internet. Me di cuenta de que la mayoría de los creyentes en conspiraciones son varones. Los hombres solemos tolerar peor la exposición de nuestra intimidad y nos sentimos menos capacitados para el llanto o para identificar un lenguaje emocional. Quería poner a este hombre en una crisis que exige una conversación emocional en un entorno donde no tiene oídos que lo escuchen.

- B.M.: Mencionas una cuestión lexicográfica que también aparece en La hora violeta de Sergio del Molino y es la de que existen palabras para "viudo" o "huérfano", pero no para el estado de alguien que ha perdido un hijo.

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- J.G.B.: Es muy curioso; yo creo que no tiene nombre porque la muerte de un hijo es casi un tabú, una inversión del orden de la naturaleza. Hace poco leí que en hebreo sí existe una palabra que se usa también para referirse a la cepa de un árbol cuando ya no puede dar fruto; es una imagen bonita y marchita a la vez.

- B.M.: Pasemos a la segunda capa: la novela amorosa. La llegada de Natalia a la vida de Daniel plantea el conflicto ético de si es legítimo el amor, el deseo, el placer, la alegría, la felicidad tras una pérdida de esa naturaleza.

- J.G.B.: Me llama la atención cómo en el presente, al no haber lutos codificados socialmente, no sabemos cuándo se nos da permiso para reiniciar la vida. En el personaje, el conflicto es también funcional: la teoría que sigue le dice que para volver atrás debe eliminar todo lo nuevo, y "lo nuevo" es Natalia. Me interesaba ponerlo en la tesitura de elegir entre la redención a través del amor o continuar el camino de retorno para intentar modificar el pasado. Es una novela de amor en un tiempo en el que el amor no parece lo más pertinente.

- B.M.: La tercera capa es lo que los teóricos llaman "ficción especulativa”, ese género que, a través de la fantasía, la ciencia ficción o incluso el terror explora posibilidades no reales para cuestionar la realidad. En este caso se especula sobre la posibilidad del viaje en el tiempo propuesta por John 14-19, nada que ver con la máquina del tiempo ideada por H.G. Wells.

- J.G.B.: Quería tomarme en serio la experiencia del tiempo durante el duelo. Si eres un veterano de guerra y un petardo te devuelve a Vietnam, para tu cerebro no hay diferencia. Planteé una apertura a lo fantástico sin dejar claro si el viaje es real o está en la cabeza del personaje. Al fin y al cabo, todos viajamos en el tiempo al recordar y modificar el pasado. A veces la curación viene por la experiencia del viaje más que por el viaje en sí.

- B.M.: En esta capa creas dos personajes interesantes: John 14-19, el gurú ausente, que hay que decir que dentro de su paranoia tiene un discurso perfectamente armado y convincente y Johannes Schneider, interlocutor habitual de Daniel que aparece en tus agradecimientos como el único personaje real.

- J.G.B.: John 14-19 es un invento; crear su filosofía de que el tiempo es un constructo mental fue lo más divertido de escribir. Me interesaba esa idea tan actual de que somos responsables de la realidad que nos rodea. Me entusiasmó la creación de todo ese sistema de John 14-19, esa renuncia a las máquinas, ese planteamiento de restaurar una versión anterior del sistema operativo humano y aplicarlo a la vida, me parecía muy divertido. Los monólogos de John 14-19 fueron mis partes favoritas; crear esa filosofía era tan estimulante que yo mismo me convencía por momentos de que aquello tenía sentido. Por otro lado, Johannes Schneider es una debilidad personal que nace de una anécdota de mi etapa de estudiante. Como no estudiaba mucho, pero tenía ideas propias, me inventaba en los exámenes que un filósofo alemán llamado Johannes Schneider decía lo mismo que yo. Nadie se dio cuenta nunca y, desde entonces, lo meto en todos mis libros de una forma u otra. En esta novela es donde tiene mas presencia y desarrollo.

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- B.M.: Hablemos del tiempo y sus paradojas Esa distinción que haces en tu libro entre tiempo físico y psicológico me parece muy cervantina, me recuerda al episodio quijotesco de la cueva de Montesinos. En este capítulo Don Quijote permanece solo treinta minutos en la cueva, pero siente que han pasado tres días y así lo narra al salir ante la estupefacción de los que le ayudaron a descender a la sima.

- J.G.B.: Cada vez me interesa menos el tiempo del reloj y más la experiencia subjetiva del tiempo, que es el único tiempo en el que vivimos. Nadie vive en el tiempo del calendario, sino en calendarios personales que varían según lo que estemos haciendo. Como dice John 1419: si sueñas toda una vida en media hora, ¿has vivido media hora o toda una vida? O esa frase de Lacan que siempre me gustó: si un rey soñara doce horas al día que es un mendigo ¿Sería más o menos feliz que un mendigo que soñara doce horas al día que es un rey? El tiempo psicológico de los sueños y las fantasías es un tiempo real.

- B.M.: En los agradecimientos citas a Denise Riley como inspiradora de esta novela, me imagino que te refieres a su libro de duelo por la pérdida de su hijo “El tiempo vivido sin su fluir” en el que habla del tiempo del duelo como un tiempo detenido o congelado en el que hay que perdonarse una y otra vez, repetidamente por la muerte de nuestros hijos. La repetición es fundamental formalmente en tu novela. Hablas del tiempo de los muertos como un tiempo que no gira, que no avanza ni retrocede.

- J.G.B.: En el duelo nos atamos al tiempo del muerto. Como en el inicio de El Aleph de Borges, el protagonista lamenta que cambien un anuncio en la calle porque es un cambio que su amada ya no verá. Para estar al lado de la persona querida, uno siente que también debe estar muerto, sin crear nuevos recuerdos. Usé la tarta Comtesa que el protagonista tiene en el congelador toda la trama como metáfora de ese tiempo donde nada ocurre. Me interesa mucho la repetición, también desde la lectura de Freud y ese niño que arroja el juguete una y otra vez para luego llorar. ¿Qué nos lleva a repetir escenarios dolorosos? Es algo que me obsesiona.

- B.M.: Llamas a ese tiempo estancado o muerto "ciénaga", frente al tiempo lineal del calendario, la historia y el progreso o al tiemppo circular de los mitos, el cosmos o los ciclos naturales Me entusiasma cómo has trasladado esa repetición al lenguaje, formalizando un déjà vu continuo muy complejo desde el punto de vista narrativo

- J.G.B.: Estoy contento porque he podido integrar estas reflexiones en la acción y el diálogo, sin detener la trama. La novela es un bucle donde se repiten escenas. El inicio, por ejemplo, donde el personaje sueña algo que aún no ha vivido, deja al lector en la duda de si ya estamos en una repetición o es casualidad. También usé Benidorm como escenario porque la vida en una ciudad turística tiene mucho de circularidad y ciclos. El tiempo circular es el de la resurrección; por eso Teresa muere en abril, el mes más cruel que puede darnos de nuevo la vida o no.

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- B.M.: Para acabar, una pregunta que tiene que ver con la “verdad literaria”. Existe la verdad histórica, científica o lógica, pero yo estoy convencido de que existe una verdad literaria independiente de las demás y que , existencialmente es tan útil como las otras. ¿Cuál sería el estatuto epistemológico de la verdad literaria?.

- J.G.B.: Es difícil. Para mí, el valor de verdad de la literatura se parece a montar en bicicleta. Nadie puede enseñarte verbalmente; hasta que no te subes, no lo sabes. La literatura nos cuenta emociones que no hemos vivido y nos permite habitarlas; es como enseñarnos a montar en bicicleta con la propia bicicleta. Nos da una experiencia cercana a la realidad que no penetraríamos mediante explicaciones científicas o filosóficas. Amplía nuestra memoria y nuestra vida sin pasar por ciertos tragos amargos. Estamos dentro y fuera de esa experiencia al mismo tiempo.

- B.M.: Quizá es porque tenemos un cerebro narrativo, somos un "homo narrans".

- J.G.B.: Lo somos. Ese mensaje encaja con nuestra hambre de historias. Es la verdad del mito: a través de ellos la gente aprendía a vivir. Si un extraterrestre quisiera entender el amor, aprendería más leyendo una novela que un libro técnico sobre el amor, aunque en la novela no se explique qué es, porque verlo en los personajes le acerca a la experiencia. La pregunta de algunos periodistas sobre "qué quisiste decir" es incorrecta porque el libro no cifra nada: el mensaje es el libro y el libro es la experiencia.

- B.M.: Ha sido un placer hablar contigo Juan. Te conocía de mis 23 años como librero, pero te descubrí como lector con Mapa de soledades. Me gustan mucho los libros híbridos que desafían las fronteras del género.

- J.G.B.: Yo disfruto mucho con los líos; cuanto más lío, mejor. Me gusta que los libros produzcan interpretaciones divididas. El libro lo construye también el lector en su cabeza. Las verdades literarias, al ser existenciales, sobreviven siempre. Oye que buenas preguntas, me ha gustado mucho este enfoque. Me ha parecido que has hecho un análisis muy acertado y ordenado.

- B.M.: Gracias.

Desde Trabalibros agradecemos a Juan Gómez Bárcena el tiempo que nos ha dedicado y su amabilidad al contestar nuestras preguntas. Del mismo modo, agradecemos a la editorial Seix Barral el haber hecho posible este encuentro.

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