Sueño de la ciudad

Bínnaz Deníz Yildiz
¡La bola traicionera alrededor del cuello de mi mundo perezoso!
Mi sueño invertido y narcisista.
Me lavé las branquias junto al mar.
Algunas canicas de amor se derramaron en la calle errante.
No podía preguntar su nombre al vendedor de dulces de papel en la esquina.
La mujer que siempre se frotaba los ojos como si estuviera loca.
Porque la calle estaba soñando, tocando el saxofón.
Hombres cuyos zapatos comen asfalto…
Llevaban pajaritas, jugaban al póquer.
Saldrían corriendo, cabeza de niño rubio.
Solían cazar amarillo en un recoveco.
Está lloviendo en la calle ahora.
Las mujeres que cuelgan la ropa tiran jabón al fondo de las flores.
El anciano masticando menta, vendiendo dulces birmanos.
Te he abierto todas las puertas secretas de mí.
¡Tenía tanta hambre que no nos mojamos, no me quedaba ni un solo lugar!
Abrí todas las ventanas y todas las cortinas.
¡Óleo sobre la ciudad como si abriera los ojos de los ciegos!
¡Petróleo como si la historia del mundo hubiera terminado!
Ha roto un hechizo, abrió una fortuna, ¡aceite como si estuviera confundido!
La ciudad tiene sueño, yo estoy en silencio.
Mis ojos son pedernales.
Toma la noche, enciende la lámpara.
Deja que el polvo de estrellas inunde tu pecho.
Existe la posibilidad de que abandonemos la ciudad.
¡Si supieras qué gran revolución!
Texto libre Trabalibros

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