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Irene Muñoz Serrulla

9 de Julio de 2020

Texto Libre

Cansados de responder «bien» cuando alguien pregunta. Cansados de sonreír cuando no hay más lágrimas. Cansados de fingir para no hacer daño a quienes no soportan la verdad, a quienes no quieren la verdad, a quienes están de paso, sin querer dejar huella, sin querer pararse a entender. Cansados de aceptar en lugar de gritar lo que la garganta amargamente calla. Cansados de respirar cuando necesitamos parar, cuando necesitamos descansar, cuando necesitamos llorar, cuando necesitamos… ¿qué? Cansados de ver para no ver. Cansados de oír para no escuchar. Cansados de tocar para no sentir. Cansados de andar para no caminar. Cansados. Simplemente cansados. Vivir sin poder vivir. Morir sin poder morir. Saber sin poder entender. No volver a sentir. No volver a sonreír. No volver a querer. Cansados de no volver… No volver, una y otra vez, no volver. Y de repente alguien sueña… Alguien siente… Alguien levanta la cabeza y mira, y escucha… Alguien que sabe que está solo. Alguien que sabe que todo acabó. Alguien que no quiere más. Solo quiere decir adiós, bajar la cabeza, no mirar, no escuchar… Solo quiere dejar de soñar, dejar de sentir… Alguien que está cansado de su soledad. Alguien que está cansado de no poder estar solo. Alguien que está cansado de seguir respirando, de seguir soñando. Alguien que esconde en sus ojos los recuerdos de lo vivido ayer. Recuerdos maleables. Recuerdos reconstruidos para que no duela, para que no haya lágrimas, para no volver a soñar, para no volver… De nuevo… no volver. Jamás. Hay alguien que nunca quiso venir y vino, que nunca quiso saber y supo, que nunca quiso querer y quiso. Hay alguien. Siempre hay alguien. Nunca y siempre serás tú… Nunca y siempre volver… ©Irene Muñoz Serrulla

Texto libre enviado por: Irene Muñoz Serrulla