Una enigmática bodega-librería de ocasión en México: "La niña oscura"

Una enigmática bodega-librería de ocasión: "la niña oscura" o cómo me trajeron aquí... por Edna Aponte (escritora)
La Librería-bodega lleva ese nombre debido a un acontecimiento cuyo enigma está por ser leyenda. Cuentan que una niña abría la puerta del lugar, ahora convertido en la morada de miles de libros y cuadros y maletas y máquinas de escribir, y muebles, y objetos raros, cosas que al ser de otros, heredan su historia que se irá como con quien se los lleve, “las historias asi transitan y viajan, dice Max. Esta niña librera, nace en 2007 con el rostro de “Librerías de ocasión” de la ciudad de México, la encontramos en calle Díaz Mirón, nombre de un poeta mexicano del romanticismo, en uno de los barrios más antiguos de esta Ciudad: Santa María la Rivera.

Al iniciar su vida en esta Ciudad la librería de ocasión de Max Ramos, su propietario la pensó como una gran bodega, que lo es sólo que al estar organizada como librería, perfectamente limpia y ordenada, pues nos permite atravesar las habitaciones de ese laberinto pequeño con atención y gozo por su existencia. Esta hermosa bodega-librería de ocasión, se agrega a las otras hermanas librerías.

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Esta librería en particular tiene su leyenda; cuentan que esa niña vivió feliz en esa casona que ahora alberga la librería-bodega “La niña oscura”, cuentan que cuando entras al patio, te mira desde las escaleras rojas, se acerca como el gato bizco que vive allí, y si le caes bien te presta una reata y te dice “salta conmigo, 1,2,3”. Y si salto contigo me llevarás a tu tiempo y me quedaré niña también, me dije a mi misma cuando escuché todo esto, así que asentí y salté, y salto cada vez que estoy allí, donde algunas tardes citadinas puedo refugiarme a escribir o leer (en este pandémico 2020) así que salto con esa niña que deja de ser oscura cuando mi mente por un instante suele mirar su historia, su maletita de sueño donde dejó su álbum de fotos y postales que yo he leído para escribirlas en mis “ficciones postales en la maleta del olvido”. Dicen que la niña apareció en la puerta, portón, le dio la llave a Max Ramos, y le dijo: "Dice mi tía que aquí está su llave". Cuentan que se fue dando saltitos por el patio y nadie la vio más. Aunque quisieron saber de la niña, nadie daba respuesta cabal, y las versiones iban en aumento. Por lo cual, ante el oscuro paradero de la niña de la llave, esta singular bodega de libros de ocasión lleva el nombre de “La niña, oscura”.

-Max Ramos: Jamás digo que soy librero, eso me hace sentir intruso. Ni pido un mínimo descuento por ser del oficio y lamento que se pierdan librerías por la pandemia, o por el fallecimiento de sus dueños, prefiero una librería en esos locales a una barber shop o un Oxxo. Hay muchas tiendas que se han ido cerrando. La Casa de las Sonrisas; La tienda de los deseos súbitos; cerró La jarciería de lazos antiguos; la bonetería de Doña Aguja; Juguetes Mi Tristeza remató sus últimos trompos.

Así es como Max un hombre serio (actor y poeta -de sí mismo-) sin una sola cana con cabellera azabache y a sus 48, percibe su oficio y se conduce por la ciudad. Propietario de las librerías de ocasión: “El hallazgo” (1999), “La niña oscura” (2007) “El burro culto” y “La mula sabia”, así como la famosa librería de paso “Jorge Cuesta”, cuyo gran espacio alberga también un forito pequeño pero muy efectivo denominado “El Nigromante”.

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Pero regresemos a la niña… esta asombrosa librería – bodega, un botín tesoro con miles, y miles de materiales, es una realidad de libros usados, perfectamente restaurados y ordenados por temas. Pareciera que en un espacio así el desorden es lo suyo, pues aquí esa regla se rompe, porque estas librerías de paso son impecables, son transparentes, sus jóvenes colaboradores tienen la pátina de Max, es un mentor de libreros de ocasión, hace juntas con todos, anualmente su generosidad se expande y les invita a la celebración por el oficio. Yo sin ser más que una escritora he sido convidada de piedra y he aprendido más en sus librerías que en la biblioteca nacional. He recibido la máxima presea que otorga “san Librorio”, el santo de la librería y he pasado días y tardes enteras conversando con Max, de todo, y de libros claro, pero sobre todo de la vida y sus cuentos...con el tiempo he aprendido que mi amigo ha creado una dulce cofradía, una logia de seres que aman los libros y a las personas.

Cualquier libro puede ser hallado aquí en este puñado de espacios de ocasión. Cualquier maletita repleta de historias postales. Dice Max que las historias que acompañan a los objetos migran con el mismo, viajan entre quienes los obtienen. Así fue que me han acompañado esas maletas de la memoria con postales de familias lejanas, mexicanas, o rusas o de cualquier lugar.

Pero regresemos entonces a saltar con la niña… concebida como una librería bodega, y milagrosamente a unas calles de mi actual domicilio, es un refugio que uso ahora en pandemia como mi lugar secreto. Tocas el timbre y se abre el portón, que luego se cierra y permanezco en la fortaleza dentro de ese mundo que adoro: los libros usados y las maletas con postales. Aunque los cuadros y pinturas o grabados también habitan las librerías, así como objetos muchos y muebles, y sillas, y teteras y espejos, y alas de ángel y binoculares y como polisíndeton infinito…

El barrio en el que se afincó este lugar secreto, tesoro, botín, está en perfecta armonía con la niña, por eso somos felices allí… salta de época en época, Santa María la Rivera es el barrio más antiguo de esa zona, nace a finales del siglo XlX y a principios del XX, es una casona tras otra las que le dan rostro aún hoy. Por lo que la niña y su bodega son de ese tiempo, en sus calles se translucen (vintage) sus casas y aún se conservan algunas fachadas, algunas arquitecturas antiguas como las de la niña oscura, tienen formas ojivales para mirar a través de sus ojos ventanales, las épocas que quieras ver…

Tocas el portón y entras y te despides del siglo del año 2020, para emigrar al otro siglo donde tal vez se oía a la niña reír y jugar en el patio de la casona, entras a este otro tiempo-espacio en el cual los libros fueron el único medio para seguir, para saber. Mientras vacío sobre una de las mesitas aquella maletita postal, un gato bizco se asoma por la escalerilla del tapanco, me maúlla y se escabulle, para dejarme una estela de risas niña que ya no son oscuras, brillan, le dan luz a cada postal que veo allí, a cada libro sobre Nepal que descubro en el librero de viajes, a cada novela de los contemporáneos que se deja encontrar tras meses de persecución, a cada verso de aquel “mono gramático” que puedo leer con sus ojos porque Octavio Paz dejó su firma en ese ejemplar.

El universo infinito de libros que puedes ver aquí, tiende puentes hacia el laberinto con el que Borges soñaba. Toda clase de ejemplares y objetos como tripas dentro de ellos, es un bagaje oculto que tiene señales para el lector que ha dado con su paradero. Tarjetas, postales, billetes, puntos de lectura, mensajes de su primer propietario, dedicatorias, todo lo que nos podría regalar el paso del tiempo en un objeto como el libro de ocasión. Me lleva a la memoria ficcional la palabra “ocasión”, es una llave única, como lo que se encuentra allí sólo por esa vez. Todo es espontáneo, cuasi perfecto, enigmático.

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Con esa palabra “ocasión” hago un recuerdo y lo abro con esa llave: en lo único e irrepetible, en el instante que es efímero y así permanece pues hallé allí entre materiales... un libro mío, de mi autoría, que a su vez yo regalé a Rafael Saldaña, uno de los mejores editores de México, cuyo suicidio nos dejó a sus amigos en la orfandad de su pericia y amistad. Esa mañana, después de dar mi taller literario allí en ese ambiente tan propicio para ello, bajé felizmente la escalera de madera de la librería y una corazonada me invadió; buscar a Rafael. Nada pude hacer al mirar su bello departamento tapiado y ya en ruina, los vecinos me miraron extrañados y fueron quienes me dieron la noticia, mi amigo había fallecido así. Recolecté entonces mi propio libro dedicado a mi amigo y conservado gracias a Max quien había comprado su biblioteca y puesto a la honorable venta, recibí entonces ese mensaje de Rafa, fue el regalo de su adiós. También he recibido otros mensajes que la niña oscura ha tejido para mí, para darme una alegría ante esa pérdida. Una tarde ventosa, fui a mirar libros como solía al terminar mi clase, así que sin más sonido que el de mis pasos allí (he de decir que las librerías de ocasión como estas son un santuario de silencio) así que entre semejante concentración, espontáneamente miré hacia arriba y mi atención quedó cautiva en un cuadro puesto allí a la venta, un cuadro con la figura de una bailarina Hindú, una gopi, al pedir que me bajaran el cuadro, recordé de súbito mi viaje a India y la imagen de  mis amigas devadasis, acto seguido un ejemplar del Ramayana estaba en la estantería a punto de caerse a mis pies.

Esas son las aventuras enigmáticas de lo real maravilloso. Traje a la gopi a mi departamento, mi esposo Xavier me ayudó a colgarlo (pesaba un poco) y meses después, quién lo diría; pues esa Gopi (en cuadro), yo, mi esposo y gato, nos mudamos justamente a unas calles de la librería de donde ella salió, así que entre la niña y la mujer gopi, he podido sentirme acompañada en este barrio antiguo, que a veces creo fueron ellas las que me dieron esas coordenadas invisibles en mis sueños para que en la vigilia hallara mi actual domicilio. En este viaje inmóvil que los libros nos regalan a quienes les tocamos con amor, ellos nos dan su mejor versión, sus mejores instantes, y todo empieza a suceder, a dibujarse, a instalarse como en una postal cuya presencia es el humilde testimonio de nuestro viaje. Así que toda invitación a este barrio y a este tesoro requiere sin falta como en todo viaje (inmóvil) su pasaporte: “niña oscura”; si reúnes los sellos suficientes, también podrás ir de un salto de cuerda al tiempo que más adores desde la ventana del libro que te encuentre a ti, allí.

https://escribirse-talleres.blogspot.com/
(aquí habita el cuadro de la mujer Gopi)

Artículo de Edna Aponte (escritora)
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