¿Acaso no sabemos que todo es una ficción? ¿Por qué empeñarse en que no lo parezca?
Reseña
Adriana tiene una aburrida carrera académica como profesora y una vida social monótona e insatisfactoria. Como "espectadora de los demás" busca respuesta a sus inquietudes entre los chismes que lee en las redes sociales. Mientras cuida a su padre enfermo, un ser vitalista y alegre, descubre que ha perdido algo fundamental en la vida: la ligereza. Intenta escribir, sin éxito, sobre su madre ya fallecida, una persona ensimismada e inabordable, cuya muerte la pone en la pista de su propia soledad y finitud. Deberá aprender a morir a través de la evocación de sus muertos más queridos.
A partir de este estado de cosas, Adriana buscará las voces y los lugares que la constituyen como ser humano. En primer lugar da con la casa de su infancia, la casa de su abuela, un espacio denso lleno de significados sutiles donde transcurrió la vastedad de la niñez y sus experiencias intensas y extrañas. Un lugar que atrapa en su arquitectura y geometría una gran cantidad de su mitología familiar y donde resuenan también ciertas notas trágicas escondidas en la oscuridad de sus estancias cerradas.
En segundo lugar Adriana, desde su "parálisis anímica" convocará las voces fantasmales de su madre y de su abuela, como si de Comala se tratara, y en un triple monólogo coral, la protagonista, la única viva entre las tres, evoca a partir de su memoria ese pasado familiar del que todos nos desligamos al madurar pero que sigue formando parte de nosotros como un eco profundo toda la vida.
La interesante estructura de esta novela avanza volviendo para reflexionar sobre la calidad ficcional de nuestros recuerdos. Vemos cómo la narradora va traicionando la memoria y el lenguaje de sus fantasmas (pese a las protestas de éstos) para iluminar la idea de que la re-creación ficcional del pasado no le resta a éste verosimilitud y eficacia. "¿Acaso no sabemos que todo es una ficción? ¿Por qué empeñarse en que no lo parezca?".
La novela nos muestra cómo ir hacia la muerte viniendo de la muerte de nuestros seres queridos y cómo este acto retroprogresivo nos pone en sintonía con aquello que afirmaba Montaigne de que el verdadero aprendizaje filosófico de la vida es la preparación para la muerte.
Reseña enviada por: Bruno Montano
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