Logo de Trabalibros
Logo de FacebookLogo de InstagramLogo de XLogo de YouTube

Una década después de Trainspotting, volvemos a encontrarnos con los personajes que marcaron a una generación

Reseña

"Miro su rostro socarrón, recobro la compostura y pienso en la extraña relación que hemos mantenido, no menos misteriosa por haber estado separados durante años. Supongo que él era un poco como yo: ambos sabíamos que para los inquilinos de viviendas de protección oficial la decadencia es una costumbre de mala nota. Una costumbre ridícula, de hecho. La razón de ser de nuestra clase era sobrevivir, sin más".

(Irvine Welsh)

Una década después de los acontecimientos narrados en Trainspotting, volvemos a encontrarnos con los personajes que marcaron a una generación: Simon David Williamson, Daniel Murphy, Francis Begbie y Mark Renton. Marginales, políticamente incorrectos y de escasos escrúpulos, poco han cambiado en este lapso de tiempo. La narración, sin florituras y de gran viveza lingüística, nos sumerge de lleno en una decadente Edimburgo devastada por los cambios: los viejos tiempos nunca regresarán y la sociedad corrupta que antes recurría a los narcóticos para escapar del tedio, la pobreza y la desesperación ahora se encuentra obsesionada con el sexo, el dinero, el consumismo y la trivialidad absoluta. Leith —barrio en el que creció la clase obrera, aplastada por la política represora de Margaret Thatcher— ha sido transformado, con el paso del tiempo, en una zona pija para los adinerados.

Sick Boy es el narrador principal: un antihéroe adicto a la cocaína, arrabalero, egocéntrico, sórdido, manipulador y con delirios de grandeza. Decidido a ganarse la vida sin demasiado esfuerzo, realiza toda clase de chanchullos: venta de drogas, prostitución, fraudes y, finalmente, se embarca en el rodaje de una película porno que, por un lado, le permita mezclar trabajo y placer y, por otro, alcanzar la gloria económica y el prestigio social que tanto ansía. Como es natural, Williamson desea una obra de calidad que se convierta en un clásico del género, no una aberración gonzo de ínfimo presupuesto. Huelga decir que hará todo lo necesario para sacar adelante su nuevo y ambicioso proyecto: Siete polvos para siete hermanos.

Aparte del protagonista, reaparecen viejos conocidos como Spud —ingenuo choricillo con un corazón de oro, incapaz de abandonar el caballo y rehacer su vida—; Franco —recién salido de la cárcel, tan psicópata como de costumbre, perpetuamente irascible y dispuesto a recurrir a la violencia física ante la menor excusa—, y Rent Boy, limpio de estupefacientes, que se siente culpable por haber traicionado a sus antiguos colegas. Este último parece ser el único que, hasta cierto punto, se ha reconciliado con el tormentoso pasado que todos compartieron. Cabe destacar también la inclusión de Terry Juice Lawson y Rab Birrel, personajes de Cola, ambos con un papel fundamental en el presente libro, creando un todo coherente y sin fisuras dentro del llamado Universo Trainspotting, en el que transcurre la mayor parte de la producción del autor.

La profusión de voces de Trainspotting se ha reducido al mínimo, aportando mayor agilidad y coherencia a la narración. Se agradece que Welsh no haya fotocopiado su obra más célebre y ofrezca una historia completamente distinta a la anterior. Puede que Nikki Fuller-Smith —una bella estudiante de cine que trabaja en una sauna para ganar un dinero extra a la asignación paternal— sea el personaje más logrado (junto a Sick Boy) de la novela. Pese a ello, junto a la pérdida de frescura, el gran error de Porno es reducir el protagonismo de Renton a un mero secundario. Los capítulos dedicados al personaje —en especial la parte ambientada en Ámsterdam— carecen de la garra de antaño y parecen escritos con prisa, sin profundizar en sus motivaciones. Por fortuna, en Los chicos del jaco (precuela de Trainspotting), Rent Boy volvería a primera división para recuperar la importancia que merece.

Reflexiones sobre el paso del tiempo, el precio que se paga por los errores cometidos, las amistades rotas y la madurez de unos personajes que no han logrado tomar las riendas de su presente son los temas más destacados de la obra. Porno es un libro que tiene que competir inevitablemente con su predecesor. A diferencia de Trainspotting, la denuncia social ha sido reemplazada por una visión negra, cruda, visceral y humorística de la industria cinematográfica para adultos; la misma que hoy influye en la cultura contemporánea y que, gracias a Internet, pocos pueden ignorar.

Al igual que la primera parte, la novela fue llevada al cine por Danny Boyle, como una especie de homenaje a la película estrenada en los noventa. Una tardía secuela, inferior a la original —pues apenas toma prestados unos ligeros esbozos del libro—, que hace demasiado hincapié en la nostalgia. Lejos han quedado las memorables imágenes de 1996: la carrera al ritmo de Lust for Life de Iggy Pop, el «peor retrete de Escocia», la sobredosis con Perfect Day de Lou Reed de fondo, el bebé gateando por el techo y Born Slippy de Underworld mientras Renton se despide de los espectadores decidido a empezar de cero. Vivir del pasado nunca fue una buena opción.

Reseña enviada por: Alexis Brito Delgado

Curiosidades

  • Porno es la quinta novela del escritor escocés Irvine Welsh. Fue publicada en 2002 y es la secuela de Trainspotting, primera novela de este autor, que adquirió gran popularidad tras el éxito mundial de la película basada en ésta.

Imágenes

Imagen no disponible
Imagen no disponible
Imagen no disponible
Imagen no disponible
Imagen no disponible
Imagen no disponible
Imagen no disponible