El profeta
Cualquier saber nace de un saberse a sí mismo
Reseña
"Quien escucha la verdad no es inferior al que la dice"("Arena y espuma" - Gibran Khalil Gibran)
Almustafá, el elegido, el bienamado, el "buscador de silencios", está a punto de partir de Orfalis, la ciudad que le acogió durante doce años. Antes de que se marche el pueblo le ruega que les dé su verdad, aquello que le ha sido revelado sobre el nacimiento y la muerte. Y él lo hace, pero no les habla de una doctrina, ni de una filosofía, ni de una particular ciencia, simplemente les habla "de lo que en todo momento vibra" en el alma de cada persona: del amor, de los hijos, del trabajo, de la alegría y la tristeza, de la libertad, del dolor, de la amistad, del tiempo, del placer...
"El profeta", obra emblemática de Gibran, expone de forma muy sencilla en 27 breves capítulos estructurados en forma de preguntas y respuestas, cuáles son las principales ideas del escritor libanés acerca de las relaciones del hombre con otros hombres, consigo mismo y con dios. Gibran no es dogmático, invita a cada hombre a descubrir su propio camino. Para él "cualquier saber nace de un saberse a sí mismo". Todas las palabras del libanés se dirigen, como señala Attali, "a organizar un sentido", un sentido dentro de un mundo en el que dios ingresa en la vida cotidiana como prójimo, como animal, como objeto, como naturaleza. Dios todo en todo, panteismo espiritualista ("¿no son todos los actos y todos los pensamientos religión?") criticado duramente por los católicos maronitas de los que provenía.
Gibran perteneció tanto a Oriente como a Occidente, su mente reunía de forma sincrética lo mejor de ambas tradiciones y en todas sus obras (pero especialmente en esta) cohabita la tradición libanesa, de la que se empapó en sus cuatro años de estudios en el "Colegio de la Sabiduría" de Beirut, con la tradición occidental que fue absorbiendo en sus estancias en Grecia, Italia, España, Francia, pero sobre todo en Boston y Nueva York.
Gibran está vinculado estrechamente a sus orígenes libaneses pero, a su vez, integrado en las corrientes estéticas de la literatura y el pensamiento occidental. Son autores de cabecera para él Walt Whitman con su "Canto a mí mismo" y "Hojas de hierba", William Blake y su profetismo y el Nietzsche, sobre todo de "Así habló Zaratustra".
Con Gibran aprendemos que el secreto de la muerte hay que buscarlo en el corazón de la vida, que nuestra vida cotidiana es nuestro templo y nuestra religión, que el placer es un canto a la libertad pero no la libertad, que sólo se encuentra la calma caminando por la propia senda, que la belleza es la vida cuando ésta alza el velo y muestra su rostro esencial y sagrado. Poesía, misticismo, sabiduría y belleza, que convierten a este pequeño libro en una auténtica revelación para todos los que ansían encontrar un poco de verdad.
Reseña enviada por: Gracia Sacromonte
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