Que la duda no paralice tu vida
Reseña
Lo peor que puede pasarle a un escéptico es darse de bruces con una verdad, lo cual aunque poco probable arruinaría su sistema, basado en disputar sobre todo sin tomar jamás otro partido que no sea suspender el juicio y esperar a que el asunto sea investigado más ampliamente. Es un sistema que pretende demostrar la debilidad de la razón y su incapacidad para evitar que nos extraviemos.
PierreBayle advierte que el escepticismopirrónico en su lucha contra el dogmatismo puede provocar el efecto paradójico de empujarnos hacia consuelos teológicos, ya que "conocer los defectos de la razón es una predisposición a la fe".
Las ciencias no fenoménicas como la teología pueden aprovechar este vacío de confianza en la razón e imponer sus certezas reveladas. Si la razón es incapaz de mostrar el camino y darnos respuestas acudiremos a la fe. Persuadidos de que las discusiones filosóficas no nos llevan a ningun sitio en vez de pensar rezaremos.
San Dionisio decía que Dios había elegido las tinieblas, que sólo podía conocérsele oscuramente, que nuestra débil inteligencia no podía penetrar las cosas divinas. Seguramente tiene razón San Dionisio y la mente humana es incapaz de penetrar la tiniebla divina y posiblemente nuestra razón tampoco es capaz de obtener certezas absolutas en ningún campo, pero ello no implicaría paralizarnos o dejarnos llevar por el oscurantismo. Las hipótesis probables y las experiencias nos bastan.
Tampoco el escepticismopirrónico nos llevaría a la indiferencia y abstención en asuntos morales. Actuar conforme a las costumbres de un país y practicar los deberes morales es algo que puede hacerse sin esperar seguridad absoluta sobre su legitimidad. Por lo tanto la vida civil no tiene nada que temer del pensamientopirrónico. Afirmar la vacuidad de todas las cosas no exime a los escépticos de acatar sus obligaciones sociales, familiares y legales.
Si después de leer este texto decide hacerse escéptico vigile antes que su verdadera intención no sea la de dar falsa cobertura intelectual a su incapacidad innata o sobrevenida para decidir, elegir o tomar partido. Esa especie de síndrome del asno de Buridan que inmoviliza la vida de algunos.
Reseña enviada por: Andrés Hombrebueno
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