El instituto (Stephen King)-Trabalibros
El Instituto
Ficha técnica:
Autor: Stephen King
Editorial: Plaza & Janés
ISBN: 9788401022357
Número de páginas: 624
Género: Novela de terror
Valoración:
Llevaba mucho tiempo sin leer a King cuando le eché el guante a "El Instituto". Nunca he sido un seguidor incondicional del autor. Si decidí dar oportunidad a "It" o a "El resplandor" fue por el considerable impacto que me produjeron las películas. Supuse que el libro sería aún mejor que estas, y así fue. A pesar de todo, tenía ganas de algo que me erizase el vello, que me hiciese dar algún respingo en la silla. No resultó ser así. "El Instituto" no es un libro de horror, sino de misterio, centrado en el plano sobrenatural. Sin embargo, más que decepcionarme por no encontrar un relato de terror, no pude sino maravillarme ante la maestría de King.

"El Instituto" narra la historia de Luke Ellis, un niño prodigio con un CI muy superior a la media. Un buen día, un equipo de asalto irrumpe en su vivienda y lo secuestra, no sin antes asesinar a sus padres. De aquí es trasladado al Instituto, una organización clandestina que se dedica a exprimir al máximo las capacidades psíquicas de determinados niños, como la telepatía o la telequinesia. Su propósito se logra sometiendo a los residentes a pruebas e inyecciones para, supuestamente, potenciar sus facultades mentales. Las pésimas condiciones de vida, similares a las de una cárcel, llevan a Luke a tratar de escapar de un lugar del que nadie ha escapado jamás.

Son muchos los aspectos que King aborda de forma sobresaliente. Quizá el más destacado sea la ambientación: los fluorescentes, los pósteres de las paredes, las salas donde tienen lugar las pruebas, etc. Con apenas un puñado de detalles, el natural de Maine logra dibujar un escenario que, aun sin resultar exhaustivo en cuanto a información, desprende un aura de tenebrosidad y perversión que se ve con mayor nitidez conforme se pasan las páginas.

También ayuda a mantener la tensión uno de los recursos favoritos de King: la existencia de un lugar del que circulan oscuros rumores, del que apenas se conocen datos y en el que las sombras se adueñan de la luz. En pocas palabras, así se trata de ilustrar el pánico que el ser humano le tiene a lo desconocido. En este caso, le toca el turno a la Mitad Trasera del Instituto.

Los personajes constituyen el otro punto fuerte de la novela. King retrata con gran acierto la personalidad y los gustos de los niños. Todos parecen encajar en un perfil estereotípico concreto: el matón, el gracioso, la directora insensible, etc. Solo tres de ellos se alejan de esta línea: Luke, Kalisha y Avery. Los tres que, precisamente, acabarán jugando un papel más importante en el desarrollo de la trama.

La falta de acción o dinamismo en algunas partes se compensa con las reflexiones del protagonista sobre su situación. De ellas se puede entrever su aguda perspicacia para resolver problemas lógicos y matemáticos, pero también su inmadurez emocional. Al fin y al cabo, pese a su elevado CI, en lo que se refiere a experiencia vital, Luke es solo un niño.

No obstante, la guinda del pastel se encuentra en el final. No en el epílogo, sino en la gran cantidad de preguntas que suscita la lectura. Resulta casi inevitable no cerrar el libro y clavar la mirada en el horizonte por unos instantes: Quizá existan lugares tan crueles y maquiavélicos como el Instituto. Quizá esas instalaciones, tan similares a los campos de concentración nazis, operen en algún punto indeterminado y alejado del resto del mundo.

Una vez analizado el lado más despiadado, también nos podríamos parar a pensar en que tal vez sea posible que fenómenos como la telepatía o la telequinesia tengan su sitio en el mundo real. Después de todo, las explicaciones que aporta King para intentar justificarlas están ampliamente amparadas por la ciencia. Una demostración de que nuestra credibilidad sobre algo cambia cuando pasa por el filtro científico y de que el autor vuelve a conseguir lo que se ha propuesto en cada uno de sus trabajos: convertir lo inverosímil en completamente real.

Por último, el lector también dará cuenta de otras conclusiones a las que estará acostumbrado si es seguidor habitual de la obra de King: deberíamos hacer más caso a los niños. Porque, a su manera, también son adultos. Adultos en potencia, pero adultos, nos guste o no. Su mente despreocupada y sus inocentes pensamientos pueden ser el rayo de sol que se abra paso entre los eléctricos nubarrones que surcan nuestras vidas día tras día. Quizá deberíamos aprender de ellos. Y quizá deberían aprender de ellos los que gestionan el poder.

En definitiva, el maestro indiscutible del terror demuestra, una vez más, por qué lo es. Un argumento original, una atmósfera sombría y envolvente, y un final muy abierto a la especulación son los motivos por los que "El Instituto" puede celebrar, a fecha de hoy, su octava edición. Una obra que no decepcionará a los fans más acérrimos, pero tampoco a los más esporádicos. Porque tiene la impronta del Stephen King de siempre, con el talento de siempre y la pasión de siempre. Otro tanto en un marcador que ya ha perdido la cuenta de los goles de un hombre que ha nacido para una sola cosa: sumar y seguir.
Enviado por: Antonio Otero
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