La conquista de América
El espejo de la alteridad y los eternos laberintos de la comunicación humana
Reseña
Adentrarse en las páginas de «La conquista de América. El problema del otro» es entablar un diálogo con el legado de uno de los intelectuales más grandes de la Europa contemporánea. Galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2008, este sabio búlgaro-francés —lingüista, filósofo e historiador que huyó de un régimen autoritario para desarrollar su carrera en Francia de la mano de Roland Barthes— construyó su vasta trayectoria desde la sensibilidad de quien se sabe extranjero, habitando un puente constante entre el Este y el Oeste. Esa vivencia personal tiñó de urgencia su obsesión por el encuentro con el extraño, una inquietud que late con fuerza en esta obra imprescindible que, décadas después de su publicación, se sigue editando y leyendo con el mismo asombro y vigencia del primer día.
Para Tzvetan Todorov, el acontecimiento histórico iniciado en 1492 no es un simple capítulo de geopolítica, sino el paradigma absoluto del encuentro con el otro en su estado más radical. A diferencia de los conflictos habituales entre vecinos de regiones cercanas, la llegada a América enfrentó a los viajeros con una alteridad desconcertante para la que no existían esquemas previos. Ante este abismo, propone una investigación ética y una profunda reflexión semiótica sobre cómo los signos, la interpretación y la comunicación determinan de manera inevitable nuestra relación con el semejante. El relato se convierte así en una historia ejemplar tejida para rescatar del olvido las luces y sombras de aquella colisión cultural.
A través de un mosaico de figuras históricas, la obra examina las diferentes maneras de asimilar al otro. El viaje comienza con Cristóbal Colón, quien descubre la deslumbrante naturaleza del nuevo continente pero, según el análisis del autor, experimenta profundas dificultades para llegar a un descubrimiento real de sus habitantes. En sus diarios, los pobladores locales aparecen descritos principalmente como una extensión de esa naturaleza deslumbrante, reflejando la complejidad intelectual y cultural que suponía para la mentalidad de la época asimilar una alteridad tan radical y ajena a sus propios esquemas de pensamiento. En el extremo opuesto de la estrategia se sitúa Hernán Cortés, a quien se analiza como un exponente de la inteligencia política pragmática. Cortés no busca la contemplación, sino el entendimiento utilitario; sirviéndose de la mediación lingüística y cultural de la Malinche, logra descifrar las dinámicas, profecías y fracturas internas de las comunidades sometidas al poder azteca para tejer alianzas y desarticular un imperio desde dentro.
La dimensión humana y el clamor ante el dolor ajeno encuentran su voz en Bartolomé de las Casas, cuyas crónicas —como la Brevísima relación de la destrucción de las Indias— son analizadas por el autor para dejar constancia de los extremos de la violencia física y evitar que tales tragedias queden sepultadas en el silencio de la historia. Se recurre a estos testimonios desgarradores —donde conviven la trágica anécdota de la joven maya de Yucatán que prefiere el suicidio antes que ver vulnerada su dignidad, y la dolorosa distinción conceptual entre la muerte ritual mesoamericana y la muerte masacre colonizadora— no para alimentar un juicio condenatorio y simplista, sino para explorar la complejidad de la conducta humana en situaciones límite.
Sin embargo, el ensayo huye de las lecturas polarizadas de la historia y evita adscribirse a corrientes partidistas o interpretaciones sesgadas de la Leyenda Negra. El autor equilibra el relato al rescatar la labor de aquellos que mostraron un deseo genuino de comprender y asimilar la cultura nativa. Figuras como Álvar Núñez Cabeza de Vaca o el misionero Bernardino de Sahagún se erigen como los pioneros de la etnología al aproximarse al otro desde el respeto a su lengua y su medicina. Al mismo tiempo, el análisis destaca la imponente aportación jurídica de Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca, pioneros en formular el derecho de gentes y en argumentar, por primera vez en la teoría jurídica internacional, que todos los seres humanos poseen derechos intrínsecos por el simple hecho de serlo.
Al final, la obra se revela como un espejo incómodo pero sumamente necesario. Con una prosa fluida y un rigor que conmueve, este ensayo nos recuerda que el esfuerzo por escuchar y entender al extranjero no es un mero ejercicio académico, sino el único camino posible para preservar nuestra propia humanidad.
Reseña enviada por: Equipo Trabalibros
Curiosidades
- Para Tzvetan Todorov, el problema del encuentro con el «otro» no era una mera teoría académica. Habiendo nacido en Bulgaria y vivido su juventud bajo una dictadura comunista, a los veinticuatro años logró trasladarse a París gracias a una invitación del célebre crítico Roland Barthes. Al encontrarse a caballo entre la cultura del Este y la del Oeste, se consideró siempre un extranjero, una vivencia que despertó su profunda sensibilidad hacia el extranjero y el diferente.
- Aunque Todorov publicó esta obra hace décadas y falleció en el año dos mil diecisiete, «La conquista de América» se sigue editando de manera ininterrumpida y su lectura se considera hoy más recomendable y necesaria que nunca.
- En sus páginas, Todorov analiza la figura de Hernán Cortés no solo como militar, sino como un extraordinario ejemplo de lo que Nicolás Maquiavelo definía en su obra como el «príncipe moderno». Su victoria frente a decenas de miles de guerreros aztecas con apenas quinientos hombres se debió a su asombroso talento político, a su capacidad para descifrar la lengua de sus oponentes mediante la Malinche y a su dominio simbólico de la comunicación.
- El ensayo rescata del olvido microhistorias sobrecogedoras. Entre ellas, la de una joven maya de la provincia de Bacalar que, habiendo prometido fidelidad a su esposo ante el temor de que este muriera en la guerra, prefirió quitarse la vida antes que ser forzada por un capitán español, lo que provocó que fuera condenada a morir devorada por los perros.
- Frente a corrientes críticas que afirman que el célebre fraile dominico escribía de oídas desde la comodidad de la corte, el análisis de Todorov defiende que Bartolomé de las Casas sí acompañó expediciones y presenció de primera mano terribles episodios de violencia física y abusos, los cuales plasmó en sus memorias para evitar que el sufrimiento de las víctimas fuera sepultado por el olvido.
- A pesar de los excesos de la guerra, el proceso de colonización propició una de las mayores revoluciones jurídicas del mundo. El teólogo Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca crearon el «derecho de gentes», convirtiéndose en los pioneros del derecho internacional al argumentar que todas las personas del mundo, incluidos los indígenas, poseían intrínsecamente los mismos derechos que un ciudadano de Castilla.
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