El humor es una herramienta fundamental que debe interaccionar con todas las actitudes vitales

Trabalibros Entrevista
El asturiano Pepe Colubi, escritor por vocación y humorista por accidente, ha escrito cientos de artículos, entrevistas, reportajes y críticas en publicaciones y diarios de toda condición. Participa en la revista Cinemanía y en el programa Ilustres Ignorantes y ha tocado todos los palos: radio, televisión, prensa, ensayos, novelas, guiones y redes sociales.
Con sus dos novelas anteriores, "California 83" y "Chorromoco 91", sus lectores se identificaron con las jacarandosas peripecias de Pipi, un chico de provincias decidido a disfrutar y exprimir todo lo que el mundo pueda ofrecerle.
Bruno Montano le entrevista sobre "Dispersión", un desternillante retrato generacional en el que Colubi magnifica el esperpento desde la observación puntillosa y la ironía autolesiva, protagonizado por un Pipi más maduro en sus vivencias desde 1993 a 2005 y en el que relata un verdadero viaje en el tiempo: música, cine, televisión, vicios, alcohol y freaks tienen su hueco en sus páginas (editorial Espasa).

- Bruno Montano, Trabalibros (B.M.): Después de estudiar un COU de pacotilla en EEUU (“California 83”) y Filología en España (“Chorromoco 91”) tu alter ego “Pipi” se enfrenta en los 90 con su futuro laboral y sentimental (“Dispersión”) y lo hace en una época en la que, según el narrador, predomina el “grunge” como un estado de ánimo previo al cambio de siglo. ¿Podrías explicar esto?
- Pepe Colubi (P.C.): El grunge se gestó en Seattle, explotó con el Nevermind de Nirvana, languideció rápidamente y murió del todo con el suicidio de Kurt Cobain, marcando la transición de los coloridos 80 hacia el falso futurismo de los 2000. Como metáfora me parece impagable: cuando el grunge llegó a las revistas de moda, su fuerza como buque insignia de la generación X se diluyó sin remisión.
- B.M.: De alguna manera podríamos considerar a tus tres novelas como un intento de retrato generacional (“la quinta Cocoon”), una generación educada en “la dispersión, el capricho y la sensación de inmortalidad”, una generación que, a diferencia de la de sus padres, no tenía un punto de no retorno en la edad adulta. ¿Estás de acuerdo?
- P.C.: Hay una generación retratada, aunque la ambición es más universal en cuanto al viaje que toda generación hace en su camino a la madurez. El protagonista de "California 83" es un adolescente perdido en un decorado idealizado, el universitario de "Chorromoco 91" devora sus años académicos y el personaje de "Dispersión" comprueba que el costumbrismo épico también vale como cimiento de vida.

- B.M.: Pipi confiesa que, tras haber superado su última meta (la licenciatura), el abismo se abre ante sus pies. Y frente a él opone su actitud “flotante” de supervivencia, su capacidad notable para capear los temporales “en la chalupa del optimismo” y la “esperanza injustificada” y su inmunidad al fracaso provocada por sus “exiguas perspectivas previas” y su falta de ambición. ¿Son éstas unas buenas herramientas para afrontar el porvenir con éxito o más bien para fracasar con cierta dignidad y sin sentimiento de culpa?
- P.C.: Las pocas expectativas son un éxito en sí mismo porque si no las tienes no puedes defraudarte. El sistema necesita gente ambiciosa para perpetuar jerarquías, pero las piezas sueltas son más felices. Pipi se integra lo justo para llegar a fin de mes, y su optimismo vital, sin base ni certezas, hace el resto para convertirlo en un ser algo ingenuo, pero razonable y feliz.
- B.M.: El protagonista de “Dispersión” sostiene que los éxitos “son deslices excepcionales del sistema”, ya que la posibilidad de acierto es única y la de fallo múltiple. ¿La consecución del éxito es el resultado de un “aleatorio traspiés” y la fama, como diría el clásico, una suma de malentendidos?
- P.C.: Es mucho más fácil fallar que acertar porque las malas opciones son más numerosas, simple estadística. Todo tiene que ver con la aceptación en positivo del síndrome del impostor: no es una tara, es una cualidad que te mantiene pegado al suelo.
- B.M.: En tu último libro, a pesar de seguir un hilo cronológico (de 1993 a 2005), vas insertando de forma “dispersa” anécdotas, vivencias, recuerdos, los lances de una épica menuda y cotidiana de un antihéroe. ¿Qué criterio ha presidido esta economía del recuerdo, esta selección de “grandes momentos” vividos por el protagonista?
- P.C.: Creo que esos “grandes momentos” definen los ímpetus del protagonista. Somos nuestras reacciones en situaciones de inmensa alegría, aplastante tristeza o perpleja perturbación. Pipi tiene la suerte, dada su dispersa condición, de vivirlo todo con intensidad y entusiasmo, por eso obtiene grandes vivencias de instantes minúsculos. Su cabeza va más rápido que su corazón.

- B.M.: A “Dispersión” la podríamos llamar novela personal o autoficción, un género en el que el autor/narrador es y no es el protagonista, que genera una ambigüedad calculada en la que los datos reales se mezclan con ficticios y en la que se habla de lo que fue sin separarlo de lo que pudo haber sido. ¿Por qué elegiste este género y no alguno de los otros géneros del yo: autobiografía, diario, confesión…?
- P.C.: En efecto, la ambigüedad es calculada y favorece la secuencia narrativa. Mis logros y fracasos personales no dan para autobiografía, pero sumergir mis vivencias en ficción genera un regusto ante la alegría desmedida y el cordial patetismo. Creo que me ha ido mejor que a Pipi, pero entiendo que él se lo ha pasado mejor. Es un ser de luz.
- B.M.: Como no podía ser de otra manera, la novela es divertidísima, llena de situaciones hilarantes, esperpénticas e incluso surrealistas (escatología marina). Como dice el narrador, hay que estar atento porque “la comedia puede surgir de los resquicios más inesperados” (incluso del entierro del padre de uno). También afirma que la risa es “el genuino pegamento que une los fragmentos de sensatez, demencia, cordura y desvarío”. El humor, la risa, la ironía, como genuinas manifestaciones de inteligencia, ¿deben vertebrar la vida?
- P.C.: Gracias por disfrutar la novela con esa diversión, ¡esa era la primera intención! Yo entiendo el humor como herramienta fundamental que debe interaccionar con todas las actitudes vitales. No me gusta apartarlo, diseccionarlo o encerrarlo lejos del drama, que es el niño mimado de los sentimientos porque se le permite todo. Por eso la risa, franca y sincera, puede aparecer en cualquier situación: en un baño en el mar, en un concierto, en un viaje en autobús y, cómo no, en un tanatorio. Nos lo merecemos.

- B.M.: En “Dispersión” el pórtico de entrada a cada capítulo es un tema musical que marca el tono emocional del mismo. Asimismo, el texto está repleto de referencias musicales de todo tipo. ¿Sientes, como Pipi, que “la música es el disco externo” de tus emociones?
- P.C.: Absoluta y totalmente. Soy este tipo de personas definidas por canciones, elepés y conciertos. Existe una canción para cada estado de ánimo, incluso un mismo tema puede remitirte a distintas sensaciones. Hay un trecho entre la técnica (letras, acordes, instrumentos, producción) y el territorio emocional que te provocan. Si me quitan lo bailao, me quedó en nada.
- B.M.: Otro elemento recurrente en este libro es el sexo, el verdadero habitante de la Tierra, que convierte a las mujeres y a los hombres en meros transmisores del deseo. ¿Para ti, al igual que para Pipi, “el sexo es un estado mental”, una actitud, una forma de vida?
- P.C.: En ese terreno Pipi no inventa nada, y yo tampoco. La relación esfuerzo/recompensa que se maneja en el sexo no es comparable a ninguna actividad. Hemos sido dotados de cuerpos cavernosos con la única función de sentir placer. El orgasmo es una sinfonía tan necesaria que incluso nos la podemos autoproporcionar.
- B.M.: Yo, como perteneciente a esa generación que tú retratas en tus novelas, también he sentido esa dispersión mental y existencial de la que hablas, pero a mi entender, la dispersión tiene una inmerecida mala fama, ya que también, como todo, tiene su parte positiva. Fíjate lo que dice el filósofo Eugenio Trías sobre ella, te hago un pequeño resumen:
"La dispersión es viajera y vagabunda. Es hija del caos, es acción intransitiva. Es fuerza pura, produce máscaras. Es un dios maligno y juguetón, sátiro, fantoche. Un dios inocente que danza a través de auroras y noches santas. La dispersión es voluble, mágica, incandescente, irreductible. Excede y prolonga indefinidamente los signos del pensamiento, es el estallido del ser, su exuberancia".
- P.C.: Estoy de acuerdo: tiene una mala fama no merecida, por eso yo intento restablecer su honra. En la dispersión se vive mejor, en lo difuminado no se someten prioridades. La dispersión conlleva tener varios frentes abiertos, y eso significa no aburrirse.
Desde Trabalibros agradecemos a Pepe Colubi el tiempo que nos han dedicado y su amabilidad al contestar nuestras preguntas. Agradecemos también a la editorial Espasa el haber hecho posible este encuentro.
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