En el corazón del Palacio Nacional de Mafra, a pocos kilómetros de Lisboa, el silencio tiene un peso distinto. No es solo la ausencia de ruido, es la densidad de siglos de conocimiento acumulado bajo techos de bóveda blanca. Esta biblioteca, considerada una de las cimas del barroco y la Ilustración, fue el proyecto personal más ambicioso del rey Juan V (João V), el "Rey Magnánimo", quien quiso dotar a Portugal de un centro de saber que rivalizara con las grandes cortes europeas

Librerías y Bibliotecas
Una construcción de dimensiones faraónicas
La construcción del palacio y su biblioteca fue una empresa titánica que comenzó en 1717. Lo que inicialmente iba a ser un modesto convento para 13 frailes franciscanos terminó convirtiéndose, por decreto real, en un complejo monumental de 40.000 metros cuadrados.
Para levantar esta mole de piedra, trabajaron simultáneamente más de 50.000 obreros bajo la dirección del arquitecto Johann Friedrich Ludwig. La logística fue tan extrema que se construyó una ciudad provisional para los trabajadores y un hospital para atender a los heridos. Esta epopeya de piedra y esfuerzo humano quedó inmortalizada para siempre en la literatura universal gracias a la novela "Memorial del convento", del Nobel portugués José Saramago.
Una arquitectura para la eternidad
Al entrar, la escala del lugar sobrecoge. Sus 88 metros de longitud la convierten en una de las bibliotecas monásticas más largas del mundo. Diseñada por el arquitecto Manuel da Maia, su estructura en forma de cruz permite que la luz natural, filtrada por altos ventanales, bañe el suelo de mármol rosa, gris y blanco, creando una atmósfera casi mística.
Las estanterías son una obra de arte por derecho propio. Talladas en maderas nobles por maestros artesanos portugueses, presentan un estilo rococó refinado que huye de los dorados excesivos para centrarse en la elegancia de la talla. Aquí, el lujo no es ostentación, sino respeto por el contenido.
El tesoro bibliográfico
La colección de Mafra es un organismo vivo de 36.000 volúmenes. No se trata solo de cantidad, sino de una selección exquisita que abarca desde el siglo XIV hasta el XIX. Entre sus estantes podemos encontrar:
- Incunables y obras prohibidas: Gracias a una bula papal de 1745, la biblioteca tenía permiso para poseer libros prohibidos por la Inquisición, lo que la convirtió en un refugio de pensamiento crítico.
- Joyas de la imprenta: Destaca la Biblia Políglota de Amberes (1572) y una primera edición de las Crónicas de los Reyes de Portugal.
- Ciencia y Arte: Atlas flamencos, tratados de música y las primeras enciclopedias que intentaron cartografiar todo el saber humano.
Los guardianes alados
Quizás el detalle más literario de Mafra sea su método de conservación. Al caer el sol, cuando los turistas se marchan, la biblioteca queda a cargo de una colonia de murciélagos. Estos pequeños guardianes nocturnos protegen el papel de la "amenaza silenciosa": los insectos bibliófagos (como la carcoma o la polilla). Es una simbiosis perfecta entre naturaleza y cultura que ha permitido que los libros lleguen a nuestros días en un estado de conservación envidiable.
Visitar la Biblioteca de Mafra no es solo hacer turismo; es un acto de resistencia cultural. Es recordar que, como bien sabía Juan V, la verdadera grandeza de una nación no se mide por sus conquistas, sino por el tamaño de su memoria.






