Aprender es indagar en lo desconocido.

Rafael Vallejo Vela
Hoy echando la vista atrás y en un alarde de melancolía, puedo comprender algunas cosas que antes en su momento inquietaban los pilares de un pensamiento indeciso o inseguro, un pensamiento nervioso quizás por no saber con certeza las causas o consecuencias de ciertos actos o decisiones que se toman en la vida, una vida por otro lado llena de sorpresas donde cada día es distinta a la anterior.
Hoy con la seguridad que otorga la experiencia puedo sentir o notar que aprendí de la soledad a medir mis miedos, a escapar en ocasiones del bullicio de la mediocridad y sentarme en el sillón de la razón para reflexionar e intentar comprender el sentido de la vida. También aprendí a escavar en las profundidades del silencio para gritar con vehemencia que muchas veces es mejor callar y meditar que encender la llama de la discordia, una llama que quema lo bueno y lo malo y produce mucho dolor.
Aprendí también que la envidia no es buena compañera de viaje, que te enreda y te atrapa en cada momento para saciar sus vergüenzas, para sentirse orgullosa de sus defectos y condenar con dureza sus virtudes.
Pero también aprendí a mirar el horizonte con esperanza, a ver que en cada [email protected] de nosotros existe algo verdaderamente maravilloso que hay que enseñar y disfrutar, que todo tiene el valor que le queramos dar, que la vida es más divertida si hay amistad y comprensión, porque si miramos a los ojos del corazón encontraremos amor, un amor que acaricia y te besa con pasión, que deleita y te abraza con cariño, buscando tu sonrisa y acercándote a la felicidad.

Aprender es indagar en lo desconocido para enseñar lo aprendido, para recuperar la magia de la vida y sentir la curiosidad en la mirada, ese templo donde la sonrisa se contagia y se transforma en alegría.
Texto libre Trabalibros

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