El libro del amor infinito

Jairo Sebastián Zanetti
Entrar a la librería y sentir el inspirador olor a libros ya era como estar en el edén. Así lo pensó aquel hombre aquella vez, al cruzar la bella puerta del paraíso terrenal. Enseguida el buen librero fue en su caza. El hombre buscaba su libro sobre la mesa de recomendaciones. Miraba a un lado y al otro, pero sus gestos insinuaban a grandes rasgos excesivas dudas. Fue cuando el cazador preguntó:
-Buenos días señor, ¿en qué puedo ayudarlo?
- Verá, estoy con una duda inmensa sobre un tema en particular.
- Dígame, haber si yo pudiera orientarlo mejor.
- Pues, desde hace tiempo busco un libro sobre el amor verdadero. Me he leído todos los clásicos, pero aun siento que algo me falta. Siento que debo saber más.
- Lo hubiera dicho antes hombre. Tengo el libro perfecto. Acompáñeme hacia mi despacho. Los dos caminaron hacia el fondo, a donde se encontraba la caja que emitía las boletas de compra y donde los clientes pagaban. Entonces el librero fue hacia una vitrina y luego de abrirla sacó el tomo de tapa gruesa y le dijo:
- aquí está, esta es la joya que usted anda buscando.
- No puedo creerlo, dígame el título por favor.
- Este es uno de los libros más antiguos, remedio del alma, luz de los caminos y un verdadero refugio para todos los corazones hambrientos, sedientos o perseguidos. Después de leer la Biblia, comprenderá el amor verdadero en el camino de Cristo resucitado.
El hombre lo miró extrañado, con algo de desánimo con su respuesta y contestó:
- Pero yo soy cristiano y ya he leído la Biblia.
A lo que el librero respondió:
- Si usted hubiera leído la Biblia de verdad, no estaría buscando más nada sobre el amor, allí están todas las respuestas más sagradas para el espíritu. Llévesela, no se la vendo, se la obsequio para que de hoy en adelante usted vea y oiga las voces que descienden desde los cielos. El librero tomó un trozo de papel y le anotó la parte que el le recomendaba: "1ra de Corintios 13:4-13."
Ya puede marcharse con Dios y volver con el amor.
El hombre agradeció al librero y se fue hojeando las primeras páginas. Escuchó que el librero le decía por detrás:
- Recuerde que no es una novela, sino una gran verdad.
Texto libre Trabalibros

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