Madre casi a los 40

Mariu
Pensé en un momento de mi vida, que podría manejar toda la situación al ser madre, al tener a mi hijo en mis brazos, que tendría cada respuesta a cada situación que se presentara, es más, por algún tiempo, añoré el deseo de serlo e hice todo lo humanamente posible para quedar embarazada y por fin culminar esa etapa en mi vida que tanto deseaba. Pero esto no sucedió sino algunos años después, en el momento menos esperado, nunca planeado, cuando ya había perdido las esperanzas; y sencillamente un día mi prueba dio positivo, la que tomé después de haber sentido cierto malestar pensando incluso que no se trataría de un embarazo sino de algo viral.

Meses después, nació la luz de mis ojos, aquel ser que de manera sencilla simplemente me dijo a través de su mirada, su llanto, sus gestos, sus risas… ¡Que estaba equivocada! ¡Que no tenía la más mínima idea del sacrificio gratificante que es convertirse en madre! Jajajaja, hoy por hoy aprendí a sonreír después de tantas madrugadas sin dormir, aprendí que no me moriría sino dormía…que sobreviviría a otra mala noche, a otro "medio" almuerzo o "media cena", que no imaginaría nunca cuánto iba a extrañar mi cama, o tomar una ducha con tranquilidad. Es aquí donde yo me pregunto por qué no nos enseñaron que, a la edad que fuese, ser madre también implica sacrificar muchas cosas, o tal vez un estilo de vida al cual estabas acostumbrada a llevar; que sería tan tan difícil para nosotras, mas aún cuando ya no tienes 20 años, cuando ya tus energías no son las mismas de antes porque las desgastaste de otra manera. Les puedo decir que a mí me costó mucho aprenderlo, asimilarlo, convencerme de que mi tiempo ya es de otra persona, que mis ratos libres... son para la misma persona, que no tendría ya vida social, hasta que llegue su momento o la oportunidad. No obstante, todo sacrificio tiene su recompensa, el amor, el cariño, los detalles que los hijos nos brindan no tienen comparación con nada, es único, es mágico, cambia una vida completa, llena tu corazón, tus días, tu tiempo. Hoy por hoy, ya no extraño nada de eso, y ahora si tengo tiempo para una cena entre amigos, para tomar una ducha relajante, pero prefiero pasar el tiempo con mi hijo, es la luz de mi corazón. Que irónico, ¿verdad?

Dedicado a todas las madres.
Texto libre Trabalibros

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