El esmoquin de Alex: Capítulo 2

Mar Albín
De puntillas, con los zapatos en una mano y la camisa en la otra, cierra con cuidado de no hacer ruido. Ya en el portal se calza sus stilettos y guarda en el bolso, arrugada, la camisa que la noche anterior la hizo brillar.
Aunque seguro que muchos coincidirían en que esta mañana con el cabello despeinado, con un mechón escondiendo parte de su rostro, y su torso desnudo cubierto sólo con la chaqueta de su esmoquin luce aún más sensual. El afortunado que compartió noche con ella no ha tenido oportunidad de verla antes de marchar, ni siquiera de decirla adiós.

La mañana es fresca, se encoge al salir del portal abrazando la cartera contra su pecho. Camina unos metros calle abajo seguida por la tenue sombra de su cuerpo que dibuja la luz de las farolas, aún encendidas, en el suelo. Es temprano y apenas circulan coches. Se dirige hacia un cruce y corre al ver un taxi detenido en un semáforo.

Al cruzar la puerta del loft se descalza lanzando los zapatos al aire con un enérgico movimiento de piernas, se deja caer de espaldas sobre un sofá de piel blanca que hay en mitad de la estancia y se arropa con una cálida manta con estampado de cebra que apoya sobre el respaldo. Pau sale de la cocina sujetando una taza de café, atento a la pantalla se su IPad. Se detiene para tomar un sorbo pero sin dejar de leer un instante, reanuda su marcha lenta como un "zombi tecnológico" para sentarse junto a su hermana. Coloca los pies vestidos con calcetines blancos de tenis sobre la pequeña mesa redonda de cristal y se cierra la bata verde que deja al aire sus pantorrillas. Alex se acurruca junto a él acomodando la cabeza sobre sus piernas y cotilleando los artículos que le tienen absorto.

-Parece que una vez más triunfaste hermanito – le dice sofocando un enorme bostezo.
-Bla, bla y bla siempre las mismas críticas, las mismas alabanzas… Trato de innovar, siempre les ofrezco algo distinto y ¿para qué? No saben apreciarlo, preferiría que lo odiasen a que no lo comprendan.

Alex exagera una mueca poniendo los ojos en blanco para burlarse de su hermano. Lleva tantos años disfrutando y saboreando el éxito que ha olvidado ser agradecido y, aunque a ella no le guste, sabe que esa soberbia esconde también algo de autocrítica.

-¡Pero bueno! Y ¿quién es este inculto? – Pau amplía con nerviosismo el texto– ¡No me entienden!

Se levanta enfadado, apartando a su hermana, y se va balbuceando algo que ella no entiende a su habitación.

No le dice nada. Es mejor que duerma y descanse. Siempre ocurre lo mismo. Le cuesta asimilar el paso de un ciclo de creación, de la tensión, de los nervios a la espera en la que nada de lo que ahora suceda depende de él.

Alex se acomoda de nuevo y recoge con curiosidad el IPad, quiere conocer que crítica ha sido la detonante.

"Puntada sin hilo: Diario de un amante de la Moda sin estilo
....tanto había oído hablar de él, tanta fue la expectación creada , no sólo sobre sus diseños sino también sobre su escenografía y puesta en marcha que la caída no pudo ser más dolorosa. Como un sediento que busca un oasis me encontré con más arena del desierto, diferente a los demás pero tan igual a sí mismo. No le conocí antes, es cierto, pero todo me recordaba a las descripciones que fascinados fashion lovers me habían hecho...."

Sorprendida e indignada, surge ese sentimiento de protección hacia Pau que siempre ha estado presente en su vida, aunque una parte de ella, a la que no quiere escuchar sabe que hay algo de verdad en esas palabras. Continúa leyendo la entrada de blog y para su asombro descubre que el último párrafo versa sobre ella.

"...cuando estaba a punto de marchar, desilusionado por un espectáculo que no estaba a la altura de la ovación que recibía, la vi a ella. Estuvo todo el tiempo allí, sin embargo sólo fueron unos segundos en los que pude verla realmente. Me tomaréis por loco pues es la pieza estrella, la maniquí del diseñador pero en todo el tiempo que lució el diseño no la vi. Únicamente cuando la abandonaron los focos y todo los presentes, salvo yo, se fijaron en la entrada de Pau, pude ver su alma y su belleza en la desnudez de una sincera sonrisa"

Bajo el texto una foto de ella. Un primer plano, con una amplia sonrisa, la nariz arrugada y los ojos entrecerrados. Le cuesta reconocerse. El fondo está desenfocado pero se puede apreciar que las personas que la rodean miran hacia el mismo lugar que ella. Todos miran hacia el fondo. Salvo el fotógrafo –¿Cómo no le vio?– Navega por el blog, queriendo saber más de él.

"Y como Sabina y los gatos
me voy por los tejados"

Sonríe, y se extraña de hacerlo. No sabe el porqué, pero vuelve a sonreír.
Texto libre Trabalibros

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