ME OLVIDARÁS

Akira Kamura
Y es que no hay remedio, cura ni poción que podrá evitar semejante destino: me olvidarás mujer, ten eso seguro. Porque aunque ahora te lamentes, veas eso lejano, tus ojos cobrarán otra luz de quién embriagarse, otros labios de quien atraparse, otro cuerpo de quien abrazarse.

Y no contarás más los días. Y no habrán más noches de nostalgia. Tus ojos se perderán en otros, tal como yo me pierdo en otros.

Y palabras dulces volverán a salir de tus labios siendo ya ese mi lugar equivocado, dónde no me dejan mentir las huellas que de ellos se han secado.

Y tus lágrimas serán surcos dónde dejarán besos de amor aquella mirada elegida, la que vestirá de flores tu rostro, colocará coronas de primavera en tu alma. La que con un trozo de mi hará polvo de colores listos para ser usados en tu lienzo.

Y ya no tendrás que esperar mis respuestas, serán otras las que vas a esperar… ¡Tantas cosas mujer, te aguardan sin mí!

Pero guardo conmigo bajo candado y abrigo, aquellas palabras nunca dichas, aquellas letras jamás vistas por tu mirada, aquellos pensamientos que no podrán pasar el límite entre la ilusión y la realidad. Aquellos recuerdos de soslayos de luz, empañados bajo una triste lluvia. Todos quedan enterrados conmigo. Colgarán de esta boca ya seca de tanto reprimir, de tantos recuerdos, de tantos.

Me olvidarás mujer, porque esa es la verdad.

Libérate de mi y de mis tontas manías, de mis altibajos y de mis necedades. De los ruegos para mantenernos en el río, de las incomprensiones que pudimos compartir. De las canciones que escuchamos y de una pérdida que jamás escucharás. De las cosas que jamás sabrás que hacía y que estaba por hacer. De las lágrimas ya sin vida que habitaron mis mejillas, de las que todavía nacen y secarán en su llanura.

Olvidarás mi explicación y mis perdones repetitivos, reflejados de la autoestima que me abraza, de mis preocupaciones, mis dudas y mis peleas mientras dormían tus ojos bajo un terrible momento. De mis rezos e intentos por acercarme más a ti. De mis temblores y malos sabores que me provocaron aquella pérdida presencia. De la rabia de saberte lejos a causa de ella.

Olvidarás la vagabunda desconfianza e inseguridad que nos adornaba, que día a día nos inundaba, y que se personificó bajo el resguardo de tus pupilas.

Y así también de la despedida que jamás impediste, de tu presencia expectante de mi partida. Aquella pregunta respondida con los hechos: yo te respondí sin querer, tú respondiste con claridad.

Y me olvidarás, definitivamente lo harás.

Porque aunque ahora eres tú quien trata de olvidarme, seré yo, mujer, quién tendrá que olvidarte después.
Texto libre Trabalibros

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