Propósitos de Año Nuevo

Marta
"Todo aquello que nos separa de nuestra condición de estúpidos a tiempo completo: la edad adulta". Luis Martínez

Entre los propósitos de Año Nuevo que retomaba todos los unos de enero para descubrir en marzo que los había abandonado, figuraba perder peso. Notarse más ligera, definitivamente perder peso.

Esos kilos ganados con los años que la asfixiaban en las tareas cotidianas.Los que la hacían sentirse insegura. El año que estaba a punto de empezar, era, sin duda, el año de perder todo ese peso acumulado, ese que no había conseguido perder pese a todos sus esfuerzos, como correr, cambiar de trabajo y comer sano. Se asfixiaba bajo tanto peso.

A la par que preparaba las uvas, las pelaba y quitaba las pepitas, esa tarea tediosa que no la reportaba ningún beneficio, a ella comer las uvas con piel y pepitas no la resultaba engorroso, pero su sobrepeso había querido que hiciese esa tarea de chinos desde hacía demasiado tiempo. Contaba 12 y las colocaba en los cuencos, sumida en esa extraña felicidad de la última vez que haces algo.
Esta vez no fallaría iba a perder el peso que se había propuesto.

Sabía que los médicos recomiendan hacerlo de manera progresiva para no hacerte daño y para no sufrir el llamado efecto rebote. Su caso era especial, no se podía permitir un efecto rebote.

Tantos años aguantando ese sobrepeso, que traía consigo unos ronquidos que no la dejan dormir, unos cambios de carácter oscilantes que la impidieron disfrutar de todos los momentos buenos del año que acababa, el cambio de trabajo había sido muy beneficioso, sin embargo, su sobrepeso había hecho que se sintiese insegura. La había hecho dudar de sus habilidades.

Empezó a correr, después de unos meses, había sido capaz de controlar su respiración estaba dispuesta a preparar la media maratón y otra vez su sobrepeso había hecho que dudase si podía, recordándola que lo dejaba todo a medias.

Si, incluso cuando empezó a comer sano, su sobrepeso la torturaba llenando la nevera de comida basura.

Por eso cuando el reloj de la puerta del Sol dio las doce campanadas, tomaron las uvas, levantaron las copas, brindaron y pensaron en los propósitos de Año Nuevo, como hacían siempre. Este año, a diferencia de los anteriores, ella sabía exactamente cuantos kilos quería perder.

Brindó, recogió su maleta, la que había dejado preparada en el cuarto y salió a la calle inundada de petardos, con ese olor a Año Nuevo inconfundible.

Se sentía más ligera, liviana, por fin, después de tantos intentos había superado su sobrepeso, de golpe pesaba 78 kilos y 200 gramos menos, kilo arriba kilo abajo, no era el momento de preguntar a Antonio.
Texto libre Trabalibros

PUBLICA Envía tus textos libres aquí
subir