Descubriendo misterios

Lalo Barker
Era una tarde de verano, en la esquina de una calle muy transitada un niño miraba fijamente al cielo, con su carita levantada completamente hacia el cielo. Los que pasaban a su lado volteaban a ver qué era lo que el niño veía con tanta fijación, parejas de novios se paraban, algunas personas mayores detenían su andar, un par de atletas que detuvieron su trotar vespertino, ejecutivos trajeados no pudieron evitar la curiosidad, estudiantes que pasaban también se pusieron a escudriñar el cielo.

- ¿Qué es?
- Deben ser la forma de las nubes, mira las figuras curiosas que están formando
- No, debe ser la reflexión de la luz, ve que bellos colores se ven entre las nubes
- ¿No es esa ave que vuela majestuosa?
- Debe ser ese avión que dejo su estela de humo

Cada uno de los que se habían detenido para buscar lo que el niño veía con tanta fijación hacia sus propias teorías de lo que en el cielo veían, ya se había formado un pequeño grupo alrededor del niño, todos volteando al cielo, algunos usando sus manos como visores para poder ver mejor, todos intentando adivinar que era la maravilla que tenía cautiva la atención de ese niño. El pequeño por su parte, solo escuchaba lo que comentaban los demás viéndolos de reojo, pero nunca bajando su cara dirigía al cielo.

En eso estaban, cuando llego la madre del niño, a quien tomó con cariño del cabello y le dijo en ese tono de voz, que solo una madre es capaz de reproducir… - Ya puedes bajar la cara bebe, ya tu nariz ha dejado de sangrar.

El niño, con una gran sonrisa, bajo su rostro, mientras una muchedumbre de curiosos tomaban de nuevo su camino, comentando cosas sin sentido, como aparentando que ese momento de estar espulgando el cielo… Nunca hubiera sucedido.
Texto libre Trabalibros

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