Saltando de Estaciones

Álvaro Navazo
Quedaba un mes para el invierno cuando te fuiste, la ola de frío de tu huida cambió las estaciones. Pasé de un sólo cuerpo, unos solos labios, a verme empujado a rellenar deprisa el hueco de tu ausencia.
Como la soledad me despertaba a codazos cada mañana, me lanzaba cada semana a cuerpos que la mitigaran. Aprendí de Marwan que odiar no arregla un corazón que ya está roto, pero a veces se busca en el rencor y en otra piel ese pegamento que sólo se construye con tiempo.
Sabía que al corazón había que dejarlo en barbecho, para poder estar mejor preparado cuando apareciera una cosecha que mereciera de verdad la pena. La cabeza mantuvo la balanza entre el corazón maltrecho y los instintos vivos.
La mayoría de las historias duraban un par de días y después surgía la duda de si continuar o buscar otros escenarios. Hasta que llegaste tú y sólo hubo un libro que completar. De repente, pasé de citas en las que una cena era mucho compromiso a pedirte si podías quedarte hasta el lunes. En ese momento ya no tuve que mirar más el calendario ni el tiempo en las noticias: había llegado la primavera.
Texto libre Trabalibros

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