BESO DE HIELO

Law!
Mi esposa falleció hace tres meses.

Era la mujer más hermosa del universo, tenía unos ojos verdes profundos, cabellos dorados, labios delgados, largas pestañas y una sonrisa radiante. Su cuerpo era perfecto, pequeños senos, amplias caderas, cola grande y unos pies diminutos. Me encantaba.

Nos habíamos conocido 15 años atrás. Ella tenía 12, yo 16. Parecía un chico, jugaba fútbol con nosotros, hacíamos boxeo. Fueron las mejores vacaciones de nuestras vidas.

Vivíamos en distintas ciudades, por lo que cuando la volví a ver, la descubrí hecha toda una mujer. Ya tenía sus 16 años y la universidad le sentaba de maravilla. Era inteligente, hermosa, extrovertida, y se había vuelto más femenina.

Nos hicimos novios, ella se mudó a mi ciudad y dos años después nos casamos. Culminó su carrera al año siguiente de nuestro matrimonio, trabajamos dos años más y después, pasamos seis años buscando un bebé. Le era difícil embarazase y cuando lo lográbamos, lo perdía.

Cerca a sus 27 años, nos enteramos que estábamos fuera de riesgo, tenía 18 semanas de gestación. Era el embarazo más largo que llevábamos y la emoción no se hizo esperar.

De repente, una mañana dejó de respirar. Me levanté temprano para ir al trabajo, estaba durmiendo aún (o eso pensé), besé su cabeza y me fui al baño. Al salir ella seguía recostada, no lo pensé mucho, me preparé el desayuno y me dispuse a irme; pero no podía hacerlo sin antes darle un beso.

Sus labios estaban pálidos, la supuse enferma así que le hablé suavemente.

—Mi amor, ya me voy... Cariño, despierta, dame mi besito de buenos días -dije acariciándole la frente-. Amor, estas fría, ¿qué tienes?

Le quité las mantas, intenté voltearla pero estaba realmente pesada. Tomé el teléfono de la mesa de noche y llamé a emergencias.

Había fallecido cerca de las 5 de la mañana, y mi bebé falleció hora y media después. El dictamen de medicina legal fue muerte súbita. Súbita... ¿en una mujer de 26 años?... súbita.

Durante estos primeros meses, se me dificulta mucho el hecho de dormir. Me he desecho de todo lo que ellos dejaron, menos de las fotos y uno que otro recuerdo que me dieron. Duermo en otra habitación, casi no como y tengo licencia de un mes más en el trabajo.

Hace algunas noches, algo me aterró.

Estaba durmiendo y eran aproximadamente las 4 o 5 de la madrugada, después de días sin dormir, el sueño me había vencido. Algo helado rozó mis labios. Abrí los ojos de inmediato y la vi. Era ella. Mi reina.

Me miró con su ternura, sonrió y se paró. Observó por la ventana de la habitación de huéspedes, y en un parpadeo, dejó de existir...

Prendí la luz asustado, corrí a nuestra habitación, a la habitación de nuestro bebé. No había rastro. Volví a la cama, dormí con la luz prendida y la puerta cerrada, pensé si aquello había sido un sueño o si fue realmente real.

Pero ahora estoy en la certeza de que fue real. Cuando éramos novios, nos prometimos que si uno moría, el otro vendría a este mundo para llevárselo. Quizá no me llevó ahora pero seguramente lo hará, espero sea pronto. Mientras tanto, me ha dejado la respuesta a la pregunta que me he hecho desde que murió, ¿desde el otro lado me recuerda? Parece que sí, aquella noche, me dejó su beso helado... Un frío recuerdo para el terrible invierno que se acerca.
Texto libre Trabalibros

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