Los zapatos de Cenicienta

Plácido Romero
Cansada de llevar siempre los mismos zapatos, que además comenzaban a apretarle, Cenicienta se los quitó y se puso unas cómodas pantuflas. En esto pasó el rey, su marido, que la confundió con una criada y le regañó por permanecer ociosa. Llorando, Cenicienta subió a su dormitorio para ponerse otra vez los zapatitos de cristal. Entonces llegó el rey muy enfadado y le dijo:
–Querida, hay que hacer algo con el servicio. Me acabo de encontrar a una vieja criada en la sala de los tapices. ¡Estaba perdiendo el tiempo! Deberías encargarte de despedirla.
–Así lo haré, mi señor –respondió Cenicienta.
Cuando su marido la dejó sola, Cenicienta se quitó los zapatos y se puso unas alpargatas. Salió del palacio y nunca más la vieron.
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