El conde

Dorgen Haser
Pérfidas palabras,
doble filo a blandir.
Fino el tajo que lanza,
y sangra hasta morir.

Despierta sola en el suelo,
pues no sabe qué ocurrió.
Mira la sala, gira el cuello...
sólo se oye su canción.

Cerradas las ventanas,
salvo el balcón.
La puerta atrancada,
no hay ya solución.

Sangrante aquel corte,
lágrima de dolor.
"¿Dónde se halla mi conde?
¿Acaso me abandonó?"

Sólo el eco responde,
nadie en la habitación.
Gélida brisa recorre
la sala, sin dirección.

Llora la dama ríendo,
arrodillada, sin fuerzas.
Mas ya no está frío el suelo,
pues lo calienta su esencia.

Se acurruca en si misma,
tiembla de miedo.
La sala vacía,
mas la siguen viendo.

Oscuras palabras,
doble filo a blandir.
Tanto muerte regalan,
como te ven morir...

Se irguió la dama,
mirando hacia el balcón.
andaba despacio, asustada...
escuchando su canción.

Dio ella un paso al vacío,
sonriente pese a todo.
Se oía de fondo el gentío,
observando un cuerpo roto.

Mientras la dama caía,
lloraba cada pena.
Todo lo sufrido en vida,
se fue como viniera.

"¿Por qué diría yo "Te quiero"?"
"Le quise sólo para mi..."
Era su último recuerdo,
una estocada sin fin.

Se calmaba la sala,
tras el trágico suceso.
El conde limpiaba su espada,
y el cuerpo yacía en el suelo.

La dama miraba a la nada,
por haber defendido su amor.
La condesa lloraba
por la larga discusión.

La dama mira de nuevo,
ya por última vez...
Vacía la sala a su aprecio,
sus ojos reales no ven.
Texto libre Trabalibros

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