Discordia

Dorgen Haser
Y te encuentro aquí delante,
observando mi semblante,
sin que yo pueda mirarte
por temor a derrumbarme
en el mar que tú creaste
con tan solo desterrarme
de las tierras que soñase
sin pensar en lo que pase
porque ya muerto me hallaste.

Y me observas entre duda
con mirada que aún perdura
en mi mente, tan corrupta...
Alimentas mi locura
con tu odio, tu ternura,
tu maltrato a mi cordura.
Y hasta el día en que resurja,
que mi alma mire muda
ojos de mirada dura.

Mantendré mi alma callada
mientras gritos me desgarran,
pues mi mente está ofuscada
por tu mera y simple falta.
Aparta ya el filo de espada
que han creado tus palabras
y que cada vez que hablas
esta está más afilada,
déjame gritar en calma.

Tú me llevas a un lugar
donde no me han de encontrar,
donde al fin puedo volar
sin temer lo que encontrar
mientras me dejo llevar.
Furia e ira a desatar,
mi alma aún por entegar.
Nada temo, ya no más,
en mi abismo, el más allá.

Bulle mi garganta en rabia,
es esta mi única savia,
mientras todo el mundo cambia
por mi vista despreciada.
Y seré por siempre un paria
pero no un alma ordinaria.
Será mi oscura plegaria
que no siga solitaria
entre mi abismo de desgracia.

Y me miras aún, reflejo
mientras ríes con despecho.
¡Di, demonio! ¡¿Qué te he hecho?!
¡¿Ni a gritar tengo derecho?!
¡¿Por qué esperas al acecho
a que me mire en el espejo?!
¡No me mires, yo no puedo!
¡Ve a la sombra con mis miedos!
¡Déjame vivir mi infierno...!
Texto libre Trabalibros

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