Jamás

Dorgen Haser
Tantas noches y mañanas
sofocantes, tan heladas...
Olvidadas las caricias
por querer sin la pericia
necesaria para amar.

Las canciones, los sonetos,
el rozar del viento quieto
en el momento en que susurros
fueron dulces, claros, puros,
y no un llanto gutural.

No fue honor, no fue paciencia,
fue más bien por dependencia.
No fue luz, no fue penumbra;
fue por ver un aura obscura
que arrastraba tu alma al mar.

Y si tiempo no me queda
para ver sanar tus penas,
que deidad cualquiera escuche
la oración que ahora me urge,
de no dejarte jamás.
Texto libre Trabalibros

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