Alegato final

Plácido Romero
Yo, Henri-Désiré Landru, quiero decir unas últimas palabras al tribunal. Entiendo que una apelación, que mi abogado aconseja, no serviría de nada. Además, estoy cansado. Sí, lo admito, he matado no sólo a esas mujeres sino también a muchas otras de cuya muerte no he sido acusado por la incompetencia de la policía. Debo alegar en mi defensa que morían felices. Esas mujeres llevaban vidas aburridas, rutinarias. Durante unos días, sin embargo, eran dichosas: vislumbraban un futuro cómodo, despreocupado, feliz. Les he ahorrado la vulgaridad diaria, la inclemente vejez. Me he comportado, casi, como un bienhechor.
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