Norrington

Alexander Weinberg
CAPÍTULO I

LA NUEVA CASA

1

La vida está llena de oportunidades o, al menos, eso era lo que creía Eve Wilson que, tras poner fin a su segundo matrimonio con un hombre al que, por cierto, aventajaba en no más de quince años aunque tampoco en menos de diez, conducía a toda velocidad por la Interestatal 95 rumbo a Norrington, un pequeño pueblo situado en un punto inexacto entre Bangor (Maine) y ninguna parte.
A sus 44 primaveras, era todavía una mujer atractiva y así se lo hacían saber los miembros del sexo opuesto que, con demasiada frecuencia, se hacían eco de sus atributos. De tez morena, cabello negro como el azabache, ojos color miel y una estilizada figura, fruto de una asistencia casi enfermiza a clases de body pump, step o spinning, era la Pocahontas del siglo XXI. Además, para remarcar más sus rasgos, recurría con demasiada frecuencia al uso abusivo de maquillajes que no hacían sino acentuar los efectos de la edad y del paso del tiempo sobre el colágeno de su piel. Sin embargo, ella, se sentía más hermosa que nunca, más segura que nunca y más poderosa que nunca.
Había nacido en el seno de una familia acomodada en la que el lujo y el dinero eran las notas predominantes de la realidad cotidiana. Así, desde el mismo momento en el que la luz blanquecina de los fluorescentes de la sala de partos del Metropolitan Hospital Center cegó sus recién estrenadas pupilas, una especie de aura ostentosa pareció cernirse sobre ella. La caprichosa casualidad quiso ponerla en los brazos de aquella mujer que miraba a su rico marido, propietario de una gran empresa de transporte de mercancías a nivel mundial, y se sonreía ante el hecho de que el bebé hubiera nacido sano. ¡Qué diferente hubiera sido su existencia si el destino no hubiera sido tan generoso con tan ínfimo y pequeño ser!
El último año y medio se había caracterizado por ser una locura absoluta. Subidones totales se alternaban con bajones bestiales, lo que la llevaban de un estado de ánimo a otro sin previo aviso. Y eso hizo que se volviera inestable. Por un lado, su carrera profesional despegaba de un modo increíble, mejor de lo que jamás hubiera podido imaginar. Había conseguido —al fin— montar su propia empresa de creación de páginas web y, con ella, se había llevado a gran parte de los clientes que tenía en Click and web. El secreto de su éxito había sido el saber tratar con cada uno de los solicitantes de dominios en Internet de manera personalizada. Una sonrisa, una sincera preocupación por satisfacer los deseos de los consumidores y unos precios al alcance de la gran mayoría habían sido decisivos para que la clientela se tornase a su favor. No obstante, por otro lado, su vida personal se desmoronaba a un ritmo lento pero constante, haciendo que el sufrimiento fuese mayor y más duradero.
Texto libre Trabalibros

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