Trabalibros entrevista a José Antonio Zarzalejos, autor de "Felipe VI. Un rey en la adversidad"

miércoles, 21 de abril de 2021
"Las mejores democracias son también, además de republicanas, monárquicas como forma de Estado".
José Antonio Zarzalejos es licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto y periodista. Se inició en El Correo Español-El Pueblo Vasco, del que fue director adjunto y director (1990-1998). De 1998 a 1999 fue director editorial del Grupo Correo y, desde septiembre de ese año, director de ABC hasta septiembre de 2004, cuando pasó a desempeñar la secretaría general de la compañía. Regresó a la dirección de ABC en diciembre de 2005 y hasta febrero de 2008.

En la actualidad es analista de El Confidencial y adjunto al presidente de su sociedad editora, y colaborador de la Cadena SER y de Radio Nacional de España. Ha sido galardonado con el Premio de la Federación de las Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), el Godó de Periodismo, el Luca de Tena, el Mariano de Cavia, el Rodríguez Santamaría y el Francisco Cerecedo, entre otros. En 2004 fue condecorado por el Gobierno francés con la Orden de la Legión de Honor.

Ha publicado cinco libros: "País Vasco, crónicas de un analista político", "Contra la secesión vasca", "La destitución. Historia de un periodismo imposible", "La sonrisa de Julia Roberts. Zapatero y su época" y "Mañana será tarde". Fue el periodista que dio la exclusiva de la abdicación de Juan Carlos I en junio de 2014.

Felipe VI (Zarzalejos)-TrabalibrosBruno Montano ha tenido la oportunidad de entrevistarle con motivo de la publicación de "Felipe VI. Un rey en la adversidad", "la primera gran obra de referencia sobre la figura de Felipe VI que revela todas las claves de su convulso reinado" (editorial Planeta).

- Bruno Montano, Trabalibros (B.M.): En este libro afirmas que la Jefatura del Estado en España es coherente con nuestra historia, homologable a la que tienen otros países europeos democráticos avanzados y está legitimada constitucionalmente. A pesar de esto, puede estar en peligro. Aseguras que su supervivencia sólo la puede garantizar su carácter integrador y apartidista, su funcionalidad dentro de una democracia representativa (la monarquía parlamentaria no es un fin, sino un instrumento al servicio del Estado) y la honestidad y ejemplaridad de la persona del propio Rey. ¿La Corona, pese a su “sesgo excéntrico” en un sistema democrático moderno, tiene potencialidad intrínseca, bondades específicas para sobrevivir?

- José Antonio Zarzalejos (J.A.Z.): Sí, las tiene. Aporta al Estado continuidad, apartidismo y permanencia, al margen de los vaivenes electorales. El hecho de que sea una institución integral -no se incardina en ninguno de los tres poderes del Estado y con los tres se relaciona- y no electiva no quiere decir que no sea democrática. Ese carácter se lo otorga la legitimidad de origen (la Constitución) y la de ejercicio que consiste en su funcionalidad al servicio de los intereses del Estado y de los ciudadanos. La funcionalidad implica ejemplaridad y ésta una serie de valores diversos que hacen al Rey un referente colectivo. De ahí que la sostenibilidad de la monarquía parlamentaria dependa siempre, no sólo de la legitimidad de origen, sino de la constante, diaria, de ejercicio, y que ésta sea reconocida transversalmente. Y por fin, una reflexión siempre necesaria: lo democracia no se corresponde siempre con lo electivo. Hay sociedades con regímenes totalitarios que votan con una frecuencia vertiginosa. Aportaría un  dato adicional: las mejores democracias son también, además de republicanas, monárquicas como forma de Estado: desde Suecia a los Países Bajos, pasando por Noruega, Dinamarca, Luxemburgo o el Reino Unido.

- B.M.: Justo un año después de la abdicación de Juan Carlos I el Jefe de la Secretaría del príncipe heredero, Jaime Alfonsín, encargó un sondeo demoscópico a la empresa presidida por José Juan Toharia para evaluar el futuro de la Corona y las conclusiones fueron que el nuevo Rey tendría que partir de cero y ganarse la corona a pulso cada día y de que contaría para ello con muchas más dificultades que su padre en 1975. Después de 5 años de reinado de Felipe VI, ¿ha aumentado el número de “felipistas” o la alargada sombra de su padre lo está impidiendo?

- J.A.Z.: Ya he escrito en “Felipe VI. Un rey en la adversidad” que el padre del rey es su principal adversario, su principal problema, su gran “china en el zapato”. Pero, paradójicamente, a medida que se indaga en las conductas del rey emérito y a medida que se conocen las reacciones y decisiones de Felipe VI sobre ellas, el rey se está consolidando como un magistrado del Estado íntegro, serio, responsable y con un estilo que le legitima por si mismo. Ocurre que la monarquía parlamentaria, además de estar afectada por las conductas de su anterior titular, Juan Carlos I, ha sido puesta en la picota por una sector antisistema de la izquierda (Unidas Podemos) y por los partidos independentistas catalanes. Pero ni unos ni otros han logrado ni lejanamente conformar una utopía republicana como ocurrió en los años 20-30 del siglo pasado. Tampoco hay un consenso monárquico, pero sí una aceptación racional de la Corona como un elemento más del pacto constitucional de 1978, aunque sea un elemento definitorio. 

- B.M.: Juan Carlos I gozó de dos bazas estratégicas con las que no cuenta su hijo: un pacto mediático protector (se ha pasado de la “cortesanía mediática” hacia Juan Carlos I a la abierta “hostilidad” contra Felipe VI) y un apoyo sin fisuras del PSOE (tanto González como Zapatero creían fervientemente en las bondades del pacto constitucional del 78). ¿Esto deja al nuevo Rey ante una desoladora indefensión mediática y política?

- J.A.Z.: No necesariamente. El consenso permisivo que amparó a su padre resultó de un movimiento de agradecimiento colectivo que se trasladó a otros ámbitos (mediáticos, empresariales, culturales) en razón de la misión histórica que cumplió Juan Carlos I en la Transición. No sólo el PSOE sino hasta el PCE asumió la figura del rey emérito como excepcional. Esa consideración transversal es la que ha provocado la enorme decepción posterior por su comportamiento. Ha habido un movimiento de péndulo y ahora Felipe VI está sometido a un “consenso inquisitorial”, un escrutinio a veces abusivo, pero el rey sabe que es así, que le ha tocado este tiempo histórico y, en lo que creo conocerle, él se crece en las dificultades. Por lo demás, la monarquía parlamentaria no tiene visos de ser una forma de Estado reversible porque para sustituirla requeriría de un proceso constituyente para el que no existe suficiente correlación de fuerzas. Además, Felipe VI está remontando aunque aún le queda recorrido.

- B.M.: Transcribes literalmente en tu libro un discurso de Alfredo Pérez Rubalcaba, verdadero referente de lo que llamas “izquierda pragmática”, en el que éste defendía el voto socialista positivo a la abdicación de Juan Carlos I en el año 2014 y apuntaba, con gran visión, que la llegada de Felipe VI no era simplemente un relevo generacional, sino la apertura de un “tiempo nuevo”. ¿En qué consiste este “tiempo nuevo” al que se refería Rubalcaba?

- J.A.Z.: Hay que ir a una especie de refundación de la monarquía parlamentaria. Desde 2014 Felipe VI la está intentando: convenio con la Abogacía del Estado y la Casa del Rey para el asesoramiento legal; convenio con la Intervención General del Estado para la auditoria externa de las cuentas de la Casa del Rey; Normas para regalos, donaciones, herencias y préstamos a miembros de la Familia Real, Código de conducta para los empleados de la Casa del Rey…medidas todas ellas de control y de transparencia. ¿Es suficiente? Quizás todavía no porque hay que introducir algún  elemento normativo adicional y, sobre todo, hay que atender la demanda social de que se acote la inviolabilidad de la persona del rey, que es constitucionalmente irresponsable. Este es el tema crucial, de largo alcance constitucional y que cuando las circunstancias lo permitan hay que debatir y resolver. Todas estas medidas y la conversación pendiente entre Felipe VI y la sociedad española -explicativa, pedagógica, cómplice- son las variables que conforman ese “tiempo nuevo” al que se refería el fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba. Una conversación que será posterior a la resolución de las incógnitas que ahora permanecen sobre la investigación a su padre.

Trabalibros entrevista a José Antonio Zarzalejos
- B.M.: Miguel Ángel Aguilar y Óscar Hernández definían a la española como una “monarquía prosaica”, una monarquía con un perfil público muy discreto y reducido, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo. ¿Este “tiempo nuevo” del que hablaba Rubalcaba necesita de una pedagogía especial por parte de la Casa Real? ¿Tiene el aparato al servicio de la Jefatura del Estado la dimensión que precisa para proteger la institución?

- J.A.Z.: En mi opinión la Casa del Rey, que es una entidad administrativa que no está incluida o incardinada en ninguna Administración Pública, está corta de medios materiales y humanos. Sin entrar en detalles, la Corona española es la más “barata” de todas las monarquía con una asignación presupuestaria directa menor que la de Luxemburgo e incomparablemente menor a presidencias de repúblicas. El aparataje de la monarquía debe ser austero pero suficiente, el protocolo debe ser sobrio pero no litúrgico, la presencia del rey debe ser frecuente pero no permanente, sus discursos deben ser transversales pero sustantivos…y para todo ello hace falta revisar la dotación con la que cuenta la Jefatura del Estado y establecer correctas pautas de relación entre la Zarzuela y la Moncloa y no dejarlas al criterio de cada presidente del Gobierno.

- B.M.: La abdicación del Rey en 2014, la supresión de toda actividad institucional del mismo por parte de su hijo en 2019 (lo que tú llamas “segunda abdicación”), la renuncia notarial de Felipe VI a cualquier herencia poco clara de su padre, la “expatriación punitiva” de Juan Carlos I vendida como autoexilio voluntario, las regularizaciones fiscales del emérito… ¿Forma parte todo esto de esa “lógica darwiniana” propia de las monarquías para garantizarse su continuidad?

- J.A.Z.: En cierto modo. Para que las monarquías parlamentarias continúen deben ser implacables con los miembros de la Corona que no se atengan a un estricto rigor conductual. Ese rigor lo hemos observado en las crisis de otras monarquías. Lo estamos viendo en la británica con el nieto de la Reina Isabel II y antes con la abdicación de su tío, Eduardo VIII. Los reyes antes que padres son reyes y los herederos antes que hijos son herederos. Efectivamente, hay un darwinismo monárquico sin el que no se explica la continuidad.

- B.M.: Afirmas que la crisis de la monarquía actual es la punta de iceberg de una crisis sistémica general de identidad por la que transitan las democracias liberales en la actualidad, provocada entre otras cosas por el populismo y la antipolítica. ¿Detectas movimientos profundos y tectónicos de ruptura en lo que respecta al paradigma político, social y cultural del mundo occidental?

- J.A.Z.: Sí: el populismo (de derecha y de izquierda) cuestiona la democracia representativa y liberal y pone en entredicho el sistema institucional, propugna líderes fuertes, aclamaciones democráticas, planteamientos binarios (buenos y malos), nacionalismo, xenofobia, impugnación de los medios de comunicación convencionales, regreso a moralidades regimentales…por supuesto que todo esto se detecta. Hemos visto asaltar el Capitolio; hemos contemplado la segregación de la Unión Europea con el Brexit; estamos viendo repúblicas europeas (Polonia, Hungría, Eslovaquia) iliberales y ahí está la emergencia de dos potencias con modelos políticos autoritarios como China y Rusia y los populismos izquierdistas latinoamericanos. La derecha se ha radicalizado y la izquierda se ha descompuesto. Occidente no ha soportado dos crisis en oleadas sucesivas: la financiera de 2007-8 y la sanitaria de 2020-21, ambas con unas consecuencias políticas e institucionales extraordinarias.

- B.M.: Desde su coronación Felipe VI ha “navegado” por un mar tempestuoso, su incipiente reinado se ha visto mediatizado y zarandeado por la herencia tóxica de su familia y por el “vuelco de los paradigmas en la gobernación de España”. A pesar de eso, tú dices que en su reinado no ha habido omisiones, aunque sí algunos silencios inevitables. ¿Crees que el Rey actual ha estado a la altura de las circunstancias?

- J.A.Z.: Si, creo que está a la altura de las circunstancias pero el balance requiere más tiempo. Habrá que estar sin embargo a acontecimientos futuros y, sustancialmente, a dos: cómo se resuelva finalmente la responsabilidad de su padre (ahora bajo investigación del ministerio fiscal en el Supremo) y cómo se culminen las reformas sobre la Corona que están en ciernes todavía.

- B.M.: En este libro no sólo pintas un retrato de Felipe VI y su contexto familiar e institucional, sino que también haces un esfuerzo de prospectiva respecto a las posibilidades de futuro tanto del actual Rey como de su primogénita. ¿Crees que llegará a reinar la carismática Leonor de Borbón en el siglo XXI, el siglo de las mujeres? ¿Puede ser ella la proyección de una renovada ilusión por la Corona?

- J.A.Z.: La heredera es el único “carisma emocional” de la monarquía española porque está desconectada vitalmente de cualquier episodio histórico anterior que haya sido controvertido y conflictivo. Le favorece que su padre absorba la crisis provocada por su abuelo; le favorece que es mujer en el siglo de las mujeres (coincidirá con otras reinas en Europa como la sueca o la belga), le favorece una educación diferente a la de su padre, le favorece un ambiente familiar también diferente al de sus padres y le favorece, en fin, que ella llegará al desempeño de la Jefatura del Estado con una monarquía ya renovada y alejada de la fase última del reinado de Juan Carlos I. Ella es, como escribo en libro, “una reina a la espera” en expresión de un periódico británico que otros muchos de distintos países observan en Leonor de Borbón el temple adolescente pero solvente de una persona que asume precozmente su destino y las responsabilidades que conlleva.

Desde Trabalibros agradecemos a José Antonio Zarzalejos el tiempo que nos han dedicado y su amabilidad al contestar nuestras preguntas. Agradecemos también a la editorial Planeta el haber hecho posible este encuentro.
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