Cata de libros

Los mejores momentos de la lectura de un libro suceden con el hallazgo de fragmentos especialmente hermosos, lúcidos y vibrantes. En Trabalibros nos gusta capturarlos subrayándolos para poder volver a ellos fácilmente con tan solo explorar entre sus páginas.

Esto nos permite además ofrecerte una pequeña selección de los tesoros que ocultan algunos de nuestros libros preferidos, con la esperanza de que sirva para estimular su lectura. Esperamos que disfrutes de nuestra "Cata de libros", frases que al lanzarlas en redes sociales nos gusta llamar #Literatweets.

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"Memorias de Adriano", Marguerite Yourcenar
"La ficción oficial quiere que un emperador romano nazca en Roma, pero nací en Itálica; más tarde habría de superponer muchas otras regiones del mundo a aquel pequeño país pedregoso. La ficción tiene su lado bueno, prueba que las decisiones del espíritu y la voluntad priman sobre las circunstancias. El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente; mis primeras patrias fueron los libros. Y, en menor grado, las escuelas".
"Lo mejor de Rosa Montero", Rosa Montero
"La vida es así. La convivencia es así. Una larga travesía llena de accidentes. Tal vez sea precisamente esa travesía lo que termine uniendo a las personas. Es la construcción de un pasado común, de una vida a dos. Es el recuerdo de los instantes dulces, pero también, y quizá sobre todo, la superación de los malos momentos. Cuando, tras la muerte de Cissy, Chandler describe su matrimonio como algo perfecto, quizá esté dando una de las claves del éxito sentimental: uno sigue amando si insiste en amar, si decide seguir queriendo al otro, si persevera en ello pese a todo. Es algo muy obvio, pero con frecuencia lo olvidamos".
"La oveja negra y demás fábulas", Augusto Monterroso
"La Cucaracha soñadora. Érase una vez una Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una cucaracha".
"El viajero más lento", Enrique Vila-Matas
"Muchas veces me pregunto qué habría sido de mí sin esa farola y aquella caída. Porque, por ejemplo, entrar en Fotogramas y abandonar mis estudios periodísticos fue todo una misma cosa. Y es que, a partir de aquel día en Playa de Aro, comencé a tomar todo tipo de decisiones radicales, a veces tan bruscas como extravagantes. La decisión, por ejemplo, de ser un fingidor escribiendo".
"Homo Lubitz", Ricardo Menéndez Salmón
"Contar, pensó O´Hara. El arte más antiguo que existía. El único imperecedero. Hombres contando asuntos de hombres a otros hombres que escuchan hasta el final de los tiempos. Hombres ante hogueras; hombres en la oscuridad de los bares; hombres en palacios de cristal ante los que la vida pasa en forma de fantasma. Zhao contaba a Cao y, al hacerlo, se contaba a sí mismo. Presintió que estaba al borde de algo importante".
"El tedio", Alberto Moravia
"Todo se puede prever menos el sentimiento que podrá inspirarnos lo que hemos previsto. Sin duda puede preverse, por ejemplo, que debajo de una roca se deslice una serpiente, pero será difícil prever la calidad e intensidad del miedo que nos inspirará la vista del reptil. Yo había imaginado mil veces la salida de Cecilia de casa del actor, en compañía de éste o sola, pero no había previsto los sentimientos que experimentaría al ver a Cecilia salir cogida de la mano de Luciani. Así pues, casi me asombró experimentar, a la vista de Cecilia y del actor inmovilizados, una sensación espantosa, comparable a un desmayo. Sufría horriblemente y al mismo tiempo me asombraba sufrir hasta tal punto y de un modo tan nuevo, después de la preparación de tantas previsiones exactas".
"La caverna", José Saramago
"Cautelosamente, rozando la pared con la mano izquierda, Cipriano Algor comenzó a bajar. A cierta altura le pareció que a su derecha había algo que podría ser una plataforma y un muro. Se dijo a sí mismo que cuando volviera averiguaría de qué se trataba. Probablemente es una obra para retener las tierras, y siguió bajando. Tenía la impresión de que había andado mucho, tal vez unos treinta o cuarenta metros. Miró atrás hacia la boca de la gruta. Recortada contra la luz de los focos, parecía realmente distante, No anduve tanto, pensó, lo que pasa es que estoy desorientándome. Percibía que el pánico comenzaba, insidiosamente, a rasparle los nervios, tan valiente que se imaginara, tan superior a Marcial, y ahora estaba casi a punto de volverse de espaldas y correr a trompicones pendiente arriba. Se apoyó en la roca, respiró hondo, Aunque tenga que morir aquí, dijo, y recomenzó a andar".
"Robin Hood", Walter Scott
"Aquel joven sonreía teniendo respetuosamente en la mano su sombrero verde, adornado con una pluma de garza. Una masa de cabellos negros ligeramente ondulados coronaban una frente ancha más blanca que el marfil. Los párpados, replegados sobre sí mismos, dejaban brotar los fulgores de dos pupilas de un azul oscuro, cuya luz se velaba bajo la franja de las largas pestañas que proyectaban su sombra hasta sus mejillas rosadas [...] Un sombrero con una pluma de garza por penacho, un jubón de paño verde de Lincoln atado a la cintura, botas altas de piel de gamo, un par de unhege sceo (borceguíes sajones) amarrados con fuertes correas por encima de los tobillos, un tahalí claveteado de brillante acero soportando un carcaj lleno de flechas, el pequeño cuerno y el cuchillo de caza en la cintura, y el arco en la mano, constituían el atuendo y equipo de Robin Hood, y su conjunto lleno de originalidad estaba lejos de ocultar la belleza adolescente".
"Donde el corazón te lleve", Susanna Tamaro
"A fin de librarse del destino que nos impone el ambiente de origen, aquello que los antepasados nos transmiten por la vía de la sangre, ¿existe alguna fisura? ¡Quién sabe! Tal vez, en la claustrofóbica sucesión de generaciones, alguien consigue en un determinado momento atisbar un peldaño un poco más elevado e intenta con todas sus fuerzas alcanzarlo. Romper un eslabón, renovar el aire de la habitación: éste es, me parece, el minúsculo secreto del ciclo de las vidas. Minúsculo, pero fortísimo; terrorífico por su incertidumbre".
"Dama de Porto Pim", Antonio Tabucchi
"El dios de la Añoranza y de la Nostalgia es un niño con cara de viejo. Su templo se levanta en la isla más lejana, en un valle defendido por montes inaccesibles, cerca de un lago, en una zona desolada y salvaje. El valle está siempre cubierto por una bruma tenue como un velo, hay altas hayas que el viento hace susurrar y es un lugar de una gran melancolía [...] Ya que este dios no concierne únicamente a la Añoranza y a la Nostalgia, sino que su deidad se extiende a una zona del espíritu que alberga el remordimiento, la pena por lo que fue y que ya no causa más pena sino tan sólo la memoria de la pena, y la pena por lo que fue y habría podido ser, que es la pena más lacerante".
"Manual del distraído", Alejandro Rossi
"Nos han engañado y nos seguirán engañando. Sin embargo es imposible vivir creyendo que en cada ocasión se requiere un examen cuidadoso o una contraprueba [...] Creer en el mundo externo, en la existencia del prójimo, en ciertas irregularidades, creer que de algún modo somos únicos, confiar en determinadas informaciones, corresponde no tanto a una sabiduría adquirida o a un conjunto de conocimientos, sino más bien a lo que Santayana llamaba la fe animal, aquella que nos orienta sin demostraciones o razonamientos, aquella que, sin garantizarnos nada, nos separa de la demencia y nos restituye a la vida".
"Los apuntes de Malte Laurids Brigge", Rainer Maria Rilke
"Al destino le gusta inventar dibujos y figuras. Su dificultad está en lo complicado. Pero la vida es difícil por su simplicidad. No tiene más que algunos elementos de una grandeza que nos sobrepasa [...] Siempre la amante supera al amado, porque la vida es más grande que el destino. El don de sí misma puede ser infinito; ésa es su felicidad. Pero la miseria sin nombre de su amor ha sido siempre ésta: que se le ha pedido limitar este don".
"Casa tomada", cuento de Julio Cortázar
"Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia. Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella [...] A veces llegamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes de que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por los bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde".
"El cuaderno rojo", Paul Auster
"Tengo pocas esperanzas de resolver algún día este pequeño misterio. El bromista ha borrado hábilmente sus huellas, y no ha vuelto a dar señales de vida. Lo que no acabo de entender de mi propia actitud es que nunca he tirado la carta, aunque sigue dándome escalofríos cada vez que la miro. Un hombre sensato la habría tirado a la basura. En vez de eso, por razones que no comprendo, la conservo en mi mesa de trabajo desde hace tres años, y he dejado que se convirtiera en un objeto más, permanente, entre mis plumas, cuadernos y gomas de borrar. Quizá la conservo como un monumento a mi propia locura. Quizá sea el medio de recordarme que no sé nada, que el mundo en el que vivo no dejará nunca de escapárseme".
"Locus Solus", Raymond Roussel
"Aquel jueves de comienzos de abril, mi sabio amigo el maestro Martial Canterel me había invitado a visitar, con otros de sus íntimos, el inmenso parque que rodeaba su hermosa villa de Montmorency. Locus Solus -tal es el nombre de la propiedad- es un sereno retiro donde a Canterel le gusta proseguir con toda calma espiritual sus múltiples y fecundos trabajos. En ese lugar solitario se encuentra suficientemente al amparo de los ajetreos de París, y puede no obstante trasladarse a la capital en un cuarto de hora cuando sus investigaciones le exigen demorarse en cierta biblioteca especializada o llega el momento de comunicar al mundo científico, en una conferencia extraordinariamente concurrida, algún descubrimiento sensacional".
"Libertad bajo palabra", Octavio Paz
ESCRITURA / "Cuando sobre el papel la pluma escribe, / a cualquier hora solitaria, / ¿quién la guía? / ¿A quién escribe el que escribe por mí, / orilla hecha de labios y de sueño, / quieta colina, golfo, / hombro para olvidar al mundo para siempre? / Alguien escribe en mí, mueve mi mano, / escoge una palabra, se detiene, / duda entre el mar azul y el monte verde. / Con un ardor helado / contempla lo que escribo. / Todo lo quema, fuego justiciero. / Pero este juez también es víctima / y al condenarme, se condena: / no escribe a nadie, a nadie llama, / a sí mismo se escribe, en sí se olvida, / y se rescata, y vuelve a ser yo mismo.
"Pedro Páramo", Juan Rulfo
"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerle todo. ‘No dejes de ir a visitarlo -me recomendó-. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte'. Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas. Todavía antes me había dicho: No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro."
"Campo de retamas", Rafael Sánchez Ferlosio
"(Erosión). Aumenta cada vez más la tendencia a decir ‘el planeta', en sustitución de la expresión ‘el mundo'. Es que notan, o adivinan sin pensarlo, que el mundo está tan tremendamente desgastado sin duda por el acelerado e inconmensurable aumento de los viajes, las comunicaciones, las construcciones que siempre comportan cimientos y, por lo tanto, erosión, corrosión del suelo, que casi no queda ya más que su soporte astronómico, su desnudo, que es propiamente el planeta".
"Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes", Thomas de Quincey
"Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo ya no sabe dónde podrá detenerse. La ruina de muchos comenzó con un pequeño asesinato al que no dieron importancia en su momento. Principiis obsta: tal es mi norma. Esto fue lo que dije, ésta fue siempre mi manera de actuar y si esto no es ser virtuoso me gustaría saber lo que es".
"El lector común", Virginia Woolf
"Debemos seguir siendo lectores; no nos investiremos con la gloria que pertenece a esos raros seres que son también críticos. Pero aun así tenemos nuestras responsabilidades como lectores e incluso nuestra importancia [...] Si detrás del errático fuego de la prensa el autor sintiera que hay otra clase de crítica, la opinión de la gente que lee por amor a la lectura, lenta y no profesionalmente, y juzgando con una gran comprensión, y sin embargo con gran severidad, ¿no podría esto mejorar la calidad de su obra? Y si gracias a nosotros los libros pudieran llegar a ser más robustos, más ricos y más variados, ese sería un fin digno de alcanzar".
"Cuentos clásicos para conocerte mejor", Jorge Bucay
"Los cuentos son mensajeros que llegan a nuestra vida para ayudarnos a mirar los hechos con sencillez y ánimo abierto desde otras ópticas [...] La mayor parte de estas historias han surgido desde hace siglos intentando, desde el principio, ser señales que descubran el lugar del extravío, maestros que nos enfrenten al desafío de crecer a partir de lo que somos, y no de lo que desearíamos ser. Debemos evocar a Bruno Bettelheim cuando nos apuntaba que los cuentos no deberían usarse solamente para ayudar a dormir a los niños, sino también para ayudar a despertar a los grandes".
"Hace cuarenta años", Maria Van Rysselberghe
"El corazón sobre el que tan hondo marcaste tus pasos, amplia sombra, consiguió reverdecer de nuevo; sin duda, tanto o más que antes. Pero nadie logró ocupar el espacio del que tú te adueñaste. Nadie estuvo a la altura; nadie tenía la exigencia ni la generosidad necesarias. Puesto que sólo yo sobrevivo; puesto que, después de tantos años, mis recuerdos pueden ver la luz sin herir ya a nadie a mi alrededor, te los regalo, querida sombra. Es lo más hermoso que he cosechado para regalarte, y la sed que me dejaste sigue siendo tuya".
"Demonios íntimos", Xavier Rubert de Ventós
"Dicen que la verdadera reflexión filosófica empieza con el asombro y la admiración ante el mundo. Yo creo que empieza con una sacudida más vital que mental, con un desconcierto no sólo teórico sino también, y sobre todo, personal [...] Pero en cualquier caso se trata de una sacudida emocional, de un choque que nos lleva a hacernos preguntas de mayor envergadura o más retorcidas de la cuenta. Al fin y al cabo, eso es lo que nos hace dar el paso decisivo que rompe la telaraña de itinerarios preestablecidos de ‘hojas de ruta' y de sinapsis ya programadas con las que habíamos afrontado el mundo y ordenado hasta entonces nuestro cerebro".
"Al faro", Virginia Woolf
"Era su sino, su peculiaridad, queriéndolo o no, el desembocar siempre en una lengua de tierra, lentamente socavada por el mar, y estarse ahí como un pájaro marino desolado: solo. Tenía la facultad, el don, de poder despojarse repentinamente de todo lo superfluo, encogerse y disminuir de modo que parecía más desnudo y se sentía más enjuto, incluso físicamente, sin perder por eso la intensidad de su espíritu, quedándose ahí de pie, en aquella lengua de tierra, cara a cara con las tinieblas de la ignorancia humana; pues que nada sabemos, y el mar sigue socavando el suelo que pisamos. Era su sino, su peculiaridad".
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